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La Casa Natal de Picasso reescribe la historia del arte español del siglo XX

La Casa Natal de Picasso reescribe la historia del arte español del siglo XX
/ Fernando González
  • La entidad recupera la ambición de su programa expositivo junto a la Asociación Colección de Arte Contemporáneo

Escribió Jorge Luis Borges: «No nos une el amor, nos une el espanto». Y nuestro espanto más cercano y profundo sigue siendo la Guerra Civil. En torno a ese drama construimos un relato donde aquellos años de barro, sangre y plomo representaban una falla insalvable, un agujero negro capaz de engullir el horizonte de varias generaciones y nuestro salto a la modernidad. Y quizá no sea así. O, al menos, no del todo. «Hemos tendido a ver la Guerra Civil como una brecha que señalaba un antes y un después y que tenía que ordenar toda nuestra vida. Como suele pasar con los traumas, el trauma ordena nuestra vida y el trauma te dice cómo tienes que vivir hasta que uno decide superarlo». Lo resumía el catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Málaga Eugenio Carmona, comisario de un proyecto que, al cabo, supera ese trauma para ofrecer un nuevo relato de la historia del arte español de los siglos XX y XXI.

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Claro que para llevar hasta ahí, hasta aquí, primero ha hecho falta reunir durante tres décadas un conjunto de más de un millar de obras de autores españoles. Unos fondos atesorados por la Asociación Colección Arte Contemporáneo (ACAC) que representan, con permiso de las colecciones del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, el mayor y mejor catálogo de arte español de los dos últimos siglos escogido en virtud del criterio de varios especialistas –entre ellos, Carmona– y dirigido por María de Corral. Ahora, una selecta representación de ese extenso muestrario recala en la Fundación Picasso-Museo Casa Natal para ofrecer la muestra ‘Arte recuperado (1916-1957)’. Y el proyecto es capaz de superar otro trauma.

Porque de la mano de los fondos de ACAC, la institución municipal recupera la ambición de su programa expositivo con una propuesta de extraordinario calado intelectual y sostenida exquisitez formal. Porque hacía mucho, mucho tiempo que la Casa Natal de Picasso no albergaba una muestra del calibre de ‘Arte recuperado (1916-1957)’. Habría que remontarse a los lienzos de José Gutiérrez Solana traídos por la Fundación Mapfre (2010), a Óscar Domínguez (2009-2010), a las esculturas de Julio González (2009), al proyecto sobre Los Nabi (2007) y a la exhibición del cuaderno preparatorio de ‘Las Señoritas de Avignon’ adquirido por el Ayuntamiento de Málaga y exhibido en 2006.

De nuevo en primera línea

La Casa Natal de Picasso ha servido de hospicio administrativo para las filiales del Pompidou y del Museo de San Petersburgo y la operación ha terminado por arrinconar su gestión y su presupuesto, con una asignación inferior al 15% en las cuentas de la agencia que maneja los tres espacios. En los últimos tiempos, la institución ha articulado su discurso expositivo en torno a la idea ‘Picasso y alrededores’, alternando proyectos sobre aspectos específicos de la obra del artista con propuestas justificadas a partir de su biografía.

Ahora, la fundación municipal vuelve a la primera línea de la cartelera artística con una muestra de fuste. No en vano, una versión de lo que ahora ofrece la Casa Natal figuró entre las recomendaciones del ‘New York Times’ para la temporada pasada en Estados Unidos, cuando los fondos se exhibieron en el Museo Meadows de Dallas.

Pero, como ayer establecía Carmona, «la Casa Natal y la Asociación Colección Arte Contemporáneo tenían que cruzarse en algún momento». Y ese momento se prolongará hasta el 11 de junio con una muestra que reivindica la solución de continuidad del arte español en el siglo pasado, al tiempo que saca a la luz la obra de autores como Ángel Ferrant, Alfonso de Olivares y Alberto Sánchez, puestos a dialogar con ‘popes’ de la modernidad del arte español como Julio González, Eduardo Chillida, Francisco Bores y Joaquín Torres-García.

«Teníamos que tener claro que los sucesos históricos no tenían que borrar el trabajo de los artistas, que teníamos que hacer un recorrido que uniera ese antes y después de la Guerra Civil de una manera clara y precisa. (…) Pero el arte español, en su capacidad de querer captar la modernidad, quiso siempre ser libre y no someterse a determinados dictados de escuela», apostillaba Carmona.

El resultado es un juego de relaciones constante y gozoso entre autores y sensibilidades, entre «poéticas» vinculadas por la afinidad ética y estética. La deliciosa y enigmática ‘Construcción en planos superpuestos’ (1932) de Joaquín Torres-García, incluida en la muestra que el MoMA dedicó al autor uruguayo, da la bienvenida junto a la ‘Calle de Barcelona’ (1918) de Rafael Barradas, la primera pieza de un artista ahora crucial adquirida por una institución española.

Ese carácter pionero, casi visionario, de la ACAC surca todo el discurso de la muestra y, por ende, toda la colección. Sucede por ejemplo con Virgilio Vallmajó, un anarquista que acabó en un campo de concentración durante la guerra y que representa «el primer artista europeo que hace arte constructivo», aquí representado con su ‘Composición’ (c. 1940). O la escultura de Pablo Gargallo ‘Maternidad excavada’ (1922) como primera aproximación al cubismo a partir de siluetas cóncavas y conexas, vinculada al inaudito arte modular de Ángel Ferrant en su ‘Maternidad’ (1949) tallada en corcho.

El encuentro escultórico entre Julio González, Eduardo Chillida y Jorge Oteiza. El cruce de miradas entre Maruja Mallo y Josep de Togores resuelto con exquisita lucidez en la trabajosa estancia en rampa. El ‘dripping’ pionero de Hernando Viñes más de una década antes de que asomara Jackson Pollock. Y ante esta obra. ¿Eso es surrealismo, expresionismo? Eso. Y más. Y nada del todo. «El arte español necesita su propia narrativa», establecía Carmona en el paseo por la muestra que viaja de la figuración a la abstracción lírica de la mano de Francisco Bores y Esteban Vicente.

Las mismas poéticas

‘Arte recuperado’ ofrece también cómo el surrealismo se «expande» de la mano de autores españoles como Leandre Cristófol, José Caballero y Eugenio Fernández-Granell. Cómo un católico como Benjamín Palencia podía unirse con el comunista Albert Sánchez para alumbrar la Escuela de Vallecas y articular una misma poética en torno al paisaje.

Un paisaje, el del arte español antes y después de la guerra, ahora redescubierto con nuevos ojos, nuevas luces a partir de los fondos de la Asociación Colección Arte Contemporáneo, cuyo director, José Lladó, echaba ayer la vista atrás de tres décadas de coleccionismo privado en España para sentenciar: «Ha valido la pena». Sí, mucho.