Diario Sur

PATIO DE BUTACAS

NUEVO VIEJO FESTIVAL

Faltan 48 horas para que Álex de la Iglesia abra la persiana del Festival de Málaga. O el paraguas si la lluvia insiste en asistir a la inauguración. Potente estreno el de 'El bar' para un certamen que se cerrará con la comedia del fuengiroleño Álvaro Díaz Lorenzo 'Señor, dame paciencia'. Cine español para empezar y terminar. Todo sigue aparentemente igual, pero no. Esta vigésima edición asistimos a la mayor revolución interna de la historia de la muestra. Comenzando por el cambio de sus apellidos, Cine en Español, lo que ha permitido internacionalizar el certamen y abrir la sección oficial a una producción que tenemos tan cerca y tan lejos: las películas latinoamericanas. Productores, distribuidores, cineastas y actores reconocen en público y en privado que es un acierto. Aunque los espectadores y buena parte de la prensa confiesan sus reservas e incluso su rechazo al nuevo rumbo.

Y se entiende. Todos los cambios producen vértigo y el Festival de Málaga ha conseguido situarse como uno de los grandes gracias a que supo darle cariño al cine español cuando ningún certamen se lo daba. Si funciona, ¿para qué cambiar? Pues porque no funcionaba del todo. Mediáticamente la respuesta ha sido siempre poderosa, pero discutible en lo cinéfilo. Durante la última década se ha acentuado el debate sobre la calidad de las películas de la sección oficial. De la media de quince estrenos, un máximo de cuatro -tres para los más críticos o cinco para los más optimistas- se salvaban, mientras el resto de títulos se perdían entre la mediocridad y la discreción. Nunca ha faltado alguna perla que diera coherencia y justificara el palmarés, pero algunas jornadas se hacían demasiado largas a la espera del tapado o de una alegría inesperada.

El festival ha mirado en su interior y ha sacado la sección Territorio Latinoamericano del ostracismo secundario para fundirla con la antigua sección oficial de cine español. Lo que pase a partir del viernes es una incógnita ya que, salvo la producción argentina, las películas mexicanas, uruguayas o brasileñas son unas grandes desconocidas. Desde luego, margen para la sorpresa tenemos. Y para el empacho. De las 15 cintas habituales hemos pasado este año a 23. Tres cada día. Esperemos que el buen cine nos haga olvidarnos del reloj.

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