Diario Sur

La Casa Invisible cumple diez años sin resolver su situación legal

Una manifestación en apoyo de La Casa Invisible celebrada el 10 de enero de 2015 congregó a unas dos mil personas.
Una manifestación en apoyo de La Casa Invisible celebrada el 10 de enero de 2015 congregó a unas dos mil personas. / Ñito Salas
  • El colectivo sigue reclamando la cesión del uso del inmueble ocupado mientras el Ayuntamiento supedita la medida a la reforma del edificio

La patata caliente se ha ido enfriando poco a poco, hasta el punto de quedarse templada, incluso algo fría, lo suficiente para germinar y echar raíces. Y así, lo que representó un acto de desobediencia civil inédito en la historia reciente de la ciudad –la ocupación ilegal de un edificio municipal para la creación de una iniciativa sociocultural– se ha transformado en una entidad asentada con un programa estable que, no obstante, se mantiene diez años después en una suerte de limbo administrativo.

La noche del 10 de marzo de 2007, durante la celebración de una de las galas del Festival de Málaga Cine Español, un grupo de personas entraba sin permiso en un inmueble de la calle Nosquera de titularidad municipal. Nacía La Casa Invisible, que mañana cumplirá diez años sin que se haya resuelto la legalidad de su acto fundacional: la ocupación del edificio que le sirve de sede desde entonces.

El nivel de conflictividad entre el Ayuntamiento de Málaga y el colectivo se ha ido atenuando con el paso del tiempo y ha pasado de los amagos de desalojo forzoso a los acercamientos que, diez años después, no han cuajado en una resolución de un conflicto primero declarado, después solapado y en los últimos tiempos adormecido.

Tanto es así, que sobre el edificio todavía pesa la orden municipal de cierre cautelar de todas sus dependencias, dictada el 23 de diciembre de 2014, que tuvo como primera respuesta una manifestación de apoyo al colectivo que congregó a dos mil personas. Pese a esa orden municipal, la agenda de actividades que se celebran en el patio es más de lustrosa y los colectivos más vinculados a La Invisible organizan actos en el interior del inmueble, cuya expropiación ha costado al Ayuntamiento 3,16 millones de euros.

Es uno de los frentes abiertos: el arquitectónico. En este sentido, desde La Casa Invisible reivindicaron ayer que el informe de rehabilitación que presentaron en abril tiene el visto bueno municipal, a falta de la corrección de varias «cuestiones técnicas». Del otro lado, el concejal de Ordenación del Territorio, Francisco Pomares, sostuvo ayer: «En noviembre respondimos. El proyecto estaba bastante bien, pero deben subsanarse algunas carencias. En ese sentido, la pelota está en su tejado. Hasta ahora no se han puesto en contacto con nosotros».

Negociación en suspenso

«El edificio –argumentó ayer el concejal– no está en ruinas, pero tampoco cumple con los requisitos para tener actividad, porque necesita una rehabilitación. Y no puede haber cesión sin proyecto de rehabilitación debidamente visado».

Y es ahí donde reside el auténtico nudo gordiano del asunto: la cesión directa del uso del edificio que reclaman desde La Invisible y que en el Ayuntamiento no terminan de ver. Para explorar esa y otras posibilidades se crearon varias mesas de negociación entre el colectivo y el gobierno local. La última se celebró en julio y desde entonces no hay avances ni nuevas fechas, tal y como ayer lamentaban Amanda Romero, Eduardo Serrano y Kike España, representantes de La Casa Invisible.

El colectivo defiende que hasta que no se formalice la cesión del uso del edificio no pueden emprender la rehabilitación, el Ayuntamiento dice que no puede hacer cesión hasta que no se reforme el espacio. Y así va pasando el tiempo. «Sospechamos que el Ayuntamiento quiere que el proyecto muera por inanición», denunciaba ayer Romero desde el patio de La Casa Invisible.

«Detrás de este proyecto hay mucho trabajo voluntario, pero también económico. Se han realizado dos campañas de micromecenazgo para realizar actuaciones de mejora en el inmueble, pero si no hay un acuerdo que regule la cesión del uso del edificio no podemos pedir la licencia de obras para la rehabilitación», aporta Serrano. Él mismo destaca el carácter «abierto» de La Invisible y el nutrido programa de actividades del colectivo, que según sus responsables ya ha sido declarado «entidad de interés público municipal», uno de los requisitos previos a la posible cesión.

Y cierra Kike España, también desde el patio de La Invisible: «El edificio es municipal y va a seguir siéndolo, pero es muy frustrante que ante tanto esfuerzo colectivo, la respuesta siga siendo el silencio».

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