PATIO DE BUTACAS

A la hoguera

Me llegó mientras veía una película, aunque no lo leí hasta salir del cine. Un mensaje me invitaba a sumarme a un boicot contra una cinta española. Otro más, pensé. Precisamente, era el filme que acababa de ver, 'El guardián invisible', una esforzada y cuidada adaptación de la novela homónima de Dolores Redondo sobre la persecución de un asesino en serie que mata a niñas en el valle de Baztán. El referente a 'El silencio de los corderos' es evidente. Aquí andamos haciendo ese tipo de películas de género con más de dos décadas de retraso, pero que bien las hacemos. Desde luego, el cineasta Fernando González Molina ('Palmeras en la nieve') se ha especializado en estas cintas de gran presupuesto y, además de brillantez en pantalla, sabe entretener. En el caso de 'El guardián invisible' se ha apoyado en esa mezcla de trama policíaca con mitología vasco-navarra. Y en un elenco de actores encabezados por Marta Etura, Elvira Mínguez y Francesc Orella. De ninguno de estos actores hablaba el 'whatsapp' boicotero. Lo hacía de la «protagonista» Miren Gaztañaga y de sus desafortunadas declaraciones que pueden herir a cualquiera que se sienta español, aunque las pronunciara en un programa de humor.

En los días siguientes me ha entrado ese mensaje por toda clase de grupos de chats. Y en redes sociales, mejor ni mirarlo. Una venganza programada con temporizador que hace unos meses tuvo como víctimas a Fernando Trueba y su divertida película 'La reina de España' y que ahora se lanza contra una película, 'El guardián invisible', cuyos productores y autores han asistido atónitos a un juicio público sin defensa, pese a que nada tienen que ver. La versión moderna de la Inquisición. Si entonces te acusaban de brujo, estabas condenado. Si ahora te acusan de antiespañol en las redes, estás condenado. Da igual que Gaztañaga no sea la protagonista -tuve que buscarla en Internet para saber quién es-. Que no sea ni autora ni productora. Que los verdaderos responsables de la película hayan «deplorado» las declaraciones de la intérprete. Y que la propia Gaztañaga haya pedido «disculpas». La hoguera de la nueva Inquisición del 'me gusta' ya no hay quien la pare. Y menos aún la verdad.

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