«Siempre he tenido asumido que mi función no era salir en la foto»

Javier Becerra ha estado al frente del Área de Cultura de la Diputación durante más de tres décadas.
Javier Becerra ha estado al frente del Área de Cultura de la Diputación durante más de tres décadas. / Salvador Salas
  • Javier Becerra, exdirector del Área de Cultura de la Diputación

  • El gran artífice de la delegación de Cultura de la Diputación durante 36 años se jubila con una defensa del papel de la entidad provincial

El espejo del alma no es la cara, es el despacho. El de Javier Becerra es discreto y funcional, ordenado y cálido. Un radiocasete comprado en los 80 sigue ofreciendo la programación de Radio Clásica mientras habla quien ha sido durante 36 años el gran artífice del Área de Cultura de la Diputación Provincial. Becerra se jubila y elige para la fotografía el Centro Cultural Provincial de la calle Ollerías. Allí se detiene una furgoneta de la institución porque los tres operarios que van a bordo quieren despedirse de él. Los bedeles le salen al paso para darle abrazos. Becerra se detiene con cada uno sin prisa. Sabe que, si algo funciona, es gracias a ellos.

–¿Cómo llegó a la Diputación Provincial?

–Llego a finales de 1977 como profesor para uno de los colegios que entonces gestionaba la Diputación, el Hogar de Fátima, para chavales con necesidades especiales. Después de pasar allí tres o cuatro cursos, pido el traslado a la Biblioteca Provincial Cánovas del Castillo, pero se crea una nueva estructura administrativa dentro de lo que se va a denominar Área de Cultura y me piden que me incorpore allí. A partir de ahí comienzo a trabajar en Cultura... y hasta hoy.

–¿Cómo ha cambiado la escena cultural en Málaga en este tiempo?

–En aquel momento histórico, a principios de los años 80, se produce una especie de eclosión de expectativas a las que en la medida de lo posible las instituciones intentamos dar respuesta. Fueron años apasionantes, desde la perspectiva de que estaba todo por hacer, no había experiencia en el campo de la gestión cultural a nivel estatal. Acabábamos de salir de la dictadura y eso entrañaba ciertos riesgos, pero toda esa escasez de recursos, incluso de conocimientos, se superaba por la ilusión que teníamos todos. En este sentido, quiero decir que la Diputación se convirtió en una institución a la vanguardia del desarrollo cultural, tanto en Málaga como en la provincia. Fuimos pioneros en muchas iniciativas culturales que hoy todavía perduran.

–¿Qué le parece la propuesta para la desaparición de las diputaciones?

–Es un tema político. Desde mi experiencia, creo que las diputaciones han sido muy necesarias y han hecho un trabajo extraordinario. Visto desde la perspectiva de una persona como yo, metida en los 60 años, ver cómo estaba la provincia a principios de los años 80 y ver cómo está ahora, pues no puedo estar de acuerdo con la desaparición de las diputaciones. Sí entiendo que debe haber un marco que regule de manera muy clara las competencias de las administraciones, pero, insisto, estoy convencido de la necesidad de las diputaciones. Creo que llegan de una manera más clara y más ágil a los municipios pequeños.

–Habla de los pequeños municipios; sin embargo, la oferta cultural de la Diputación tiene en la capital un protagonismo notable. Algunos partidos políticos incluso consideran que excesivo para sus funciones.

–No pienso lo mismo. Creo que los pequeños municipios han estado y están atendidos. Si miramos el panorama a nivel nacional y vemos cómo funcionan otras diputaciones entiendo que pasa algo muy similar. Málaga es un municipio más, es cierto que es la capital, pero no deja de ser otro municipio.

La capital y la provincia

–El PSOE e Izquierda Unida han criticado con insistencia la puesta en marcha de un proyecto como La Térmica. ¿Qué opina?

–Me va permitir que no entre en la cuestión política. No es mi campo, nunca lo ha sido. Desde el punto de vista técnico sí pienso que La Térmica es un proyecto muy interesante que hace posible que se oferte desde una institución pública una cultura más fresca, que está cumpliendo un papel no sólo en Málaga capital sino también en la provincia muy, muy importante.

–¿Cree necesaria la anunciada ampliación del centro cultural de la calle Ollerías?

–También lo veo interesante, por varios motivos. La Diputación de Málaga en su día tuvo la Sala Alameda y ese espacio expositivo, que funcionó magníficamente, vino a cubrir una necesidad. Por eso ahora, que la Diputación quiera ampliar el Centro Cultural Provincial para poner a disposición de los artistas un espacio expositivo que cubra las necesidades que en esa materia demandan los propios artistas me parece una idea acertada.

–¿No cree que hay ya suficientes museos y espacios expositivos en la capital?

–La cultura es un eje transversal que abarca todas las instancias de la vida humana. Todo lo que sea favorecer el acceso a la cultura, crea vertebración y cohesión social. La existencia de museos no me parece en absoluto desfavorable, porque creo que contribuyen a esa vertebración. Es verdad que la existencia de estos museos no debe hacernos olvidar el compromiso de las instituciones públicas, locales en este caso, con los artistas; posibilitar que tengan sus espacios para que puedan mostrar sus trabajos. No creo que haya demasiados museos, siempre que estén bien llevados.

–¿No hay, entonces, burbuja cultural en Málaga?

–No lo creo. Lo que se ha generado es una competencia sana y eso provoca un dinamismo cultural en la capital y en la provincia muy interesante.

–¿Y el futuro?

–Me parece interesante lo que se está haciendo en La Térmica, pero la Diputación no debe olvidar en modo alguno que la cultura es el soporte simbólico y espiritual de una sociedad y que sin eso es muy difícil que haya desarrollo, por eso me parece que la Diputación está obligada a seguir permanentemente conectada con nuestras tradiciones, como los verdiales y el flamenco, por poner dos ejemplos.

–En casi cuatro décadas habrá lidiado con políticos de todo tipo.

–Tengo que decir, y lo digo de corazón, que nunca he tenido el más mínimo problema con los diputados y diputadas que han pasado por Cultura. He contado con el apoyo y el reconocimiento de todos ellos. Y de todos los presidentes.

–¿Y eso cómo se hace?

–(Ríe) Creo que fundamentalmente porque he tenido muy claro que mi papel aquí ha sido puramente técnico. Lo digo con toda la modestia, pero en mi voluntad siempre ha estado ser leal a la institución, por encima de cualquier otra consideración.

En segundo plano

–¿Nunca ha sentido la tentación de dar un paso hacia la primera línea?

–No, la verdad. Siempre he tenido muy asumido cuál era mi papel, que soy un gestor y que a quien le corresponde salir en la foto, lógicamente, es al representante legítimamente elegido por los ciudadanos. Me he sentido siempre muy bien estando en segundo plano y no he echado de menos ningún tipo de protagonismo.

–Vamos, que si no se jubila, no le hacemos la entrevista.

–(Ríe) Verá, creo que estamos viviendo en una sociedad algo banalizada. En la que se habla, se habla, se habla y se dice poco. Y desde ese punto de vista, por el respeto que tengo a quien me pueda escuchar, la verdad es que me cuesta trabajo este tipo de cosas.

–¿Con qué proyecto se va más satisfecho?

–Me quedo con ver el desarrollo que han tenido los municipios en materia de infraestructuras y contenidos. Aquí, en Málaga, soy un defensor acérrimo del proyecto de la Generación del 27.

–¿Sería la joya de la corona?

-Para mí lo ha sido y lo sigue siendo, aunque eso de joya de la corona no es término que me guste demasiado.

–¿Y alguna espina clavada?

–No, ninguna. Sinceramente. No he sido persona, digamos, polémica. He procurado no molestar a nadie y a mí me han molestado, la verdad, muy poco, por no decir nada. Me voy con la conciencia tranquila, de haber hecho todo lo que he podido, con mis aciertos y con mis errores, pero siempre con la mejor de las intenciones. No tengo enemigos, ni en el mundo de la cultura, ni en la Diputación, por supuesto. Al revés, si hay he sacado de todos estos años han sido mucho amigos, mucha gente interesante de la que he aprendido mucho. Para mí, esto ha sido un regalo.

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