El mal sueño americano del CAC Málaga

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Travis Somerville, junto a su instalación 'War paint' (2016). / Salvador Salas

  • El estadoudinense Travis Somerville aborda en el centro de arte la crisis humanitaria de los refugiados

Aquello apenas era un puñado de maderas mal trabado, hecho deprisa y corriendo, que zozobró a las primeras de cambio cuando debía acompañar al buque ‘Medusa’ en su travesía entre Francia y Senegal. A bordo de la barcaza viajaban apiñadas casi 150 personas, abandonadas a su suerte con unas pocas viandas. Hubo suicidios, asesinatos, canibalismo y apenas 15 supervivientes. Hubo un joven pintor, Théodore Géricault, que con apenas 28 años firmó un lienzo enorme como aquel drama silenciado por los poderes de la época: ‘La balsa de la Medusa’ (1819) se expuso de mala manera en el Salón de París de aquel mismo año y fue un escándalo. También quedó para la posteridad como la imagen de aquella tragedia fruto de la negligencia.

El eco de Géricault y su balsa, de los muertos en el mar y las fronteras, llega nítido frente a ‘The Raft’ (2016), la pieza que da la bienvenida a ‘Homeland no security’, la exposición que el norteamericano Travis Somerville estrenó ayer en el Centro de Arte Contemporáneo de Málaga (CAC Málaga). Porque ‘The Raft’ destila algunas de las claves esenciales del trabajo del artista estadounidense: la combinación de referencias de la cultura popular con clásicos de la Historia del Arte, la reflexión sobre la crisis humanitaria de los migrantes y el poder del miedo y la ignorancia como detonantes del odio y la intolerancia.

‘Homeland no security’ brinda hasta el 7 de mayo una decena de piezas que viajan entre la potencia y la delicadeza, entre el grito y la lágrima. Ahí la vigorosa llamada de ‘Great expeditions’ (2009) con un miembro del Ku Klux Klan (la banda racista que sigue campando, sobre todo, en el sur de Estados Unidos) con su túnica y capirote blancos a punto de ser arrojado a un mar cubierto de petróleo desde una barca bautizada con la palabra ‘avaricia’ escrita en árabe.

Frente al lienzo, una serie de dibujos a lápiz sobre ruda tela de saco. Rostros de niños asustados con chalecos salvavidas en ‘Exiled’ (2016); otra con un abrigo tres tallas grande y la mirada de piedra en ‘Invasion’; y otra en ‘Let’s make a deal’ que sostiene un cartel donde puede leerse ‘Post truth’ (Posverdad), el término que ha ganado fortuna a raíz de acontecimientos como la llegada a la presidencia de Estados Unidos de Donald Trump, cuya campaña se ha basado en la reiteración de datos y hechos falsos y que, pese a todo, se ha hecho con el mando del país más poderoso del mundo.

El mismo país del que procede Somerville (Atlanta, 1963), el mismo que por mandato de su nuevo presidente ha anunciado la construcción de un muro en su frontera sur con México. A este lado del océano no hay muros, sino vallas coronadas con cuchillas. Analogías, puentes tendidos por Somerville en la instalación ‘War paint’ (2016) que tras la exposición pasará a la colección permanente del CAC Málaga. Somerville recordó ayer que la pieza, la exposición completa de hecho, hunde sus raíces en la visita que realizó hace un año a Madrid. Allí se topó con el cartel ‘Refugees Welcome’ (Bienvenidos refugiados) que el ayuntamiento de la capital colgó de la fachada del Palacio de Cibeles. «Me sorprendió mucho que se lanzara ese mensaje desde una institución pública y me hizo pensar en la distinta manera en la que se apreciaba este asunto en España y en Estados Unidos. Mucha gente no quiere hablar de este problema, sobre todo en Estados Unidos, y me hizo pensar en concreto en el problema que se vive en California con la frontera con México», ofreció ayer el artista estadounidense.

Así, ‘War paint’ presenta una suerte de balsa a partir de listones de madera (de nuevo Géricault) con la bandera de España pintada junto a dos retratos: uno de un indio americano y otro de Juníspero Serra, el franciscano español que en el siglo XVIII fue misionero en la actual California. «Quería vincular los acontecimientos que están sucediendo en mi país con los que también se viven aquí», deslizaba Somerville, quien emplea en sus creaciones «símbolos del odio que son muy comunes no sólo en Estados Unidos, sino que llegan a ser universales».

La idea de frontera

Imágenes globales para un problema global. «No vale pararse a debatir, lo que sirve es que los intelectuales y los artistas denuncien estos asuntos», enarboló el director del CAC Málaga y comisario de la muestra, Fernando Francés, quien defendió que ‘Homeland no security’ se asoma a uno de los asuntos centrales en la programación del centro de arte desde sus orígenes: la idea de frontera.

Un tema en el que se pueden inscribir las propuestas presentadas en el CAC Málaga por autores tan diferentes entre sí como William Kentridge, Jason Rhoades, Lawrence Weiner, Kara Walker y Subodh Gupta, por seguir la relación ofrecida ayer por el director del centro de arte de titularidad municipal. «Vivimos un momento en que las personas están siendo perseguidas y encerradas sin otra razón que la de huir de la miseria y de la muerte», recordó Francés, que aludió a Siria, a Melilla y a México. A fronteras como heridas. A un mal sueño no sólo americano del que estamos tardando demasiado en despertar. Y actuar.

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