Diario Sur

Esther Cruces: «Los archivos están llenos de guiones para películas»

Esther Cruces, ayer, durante su discurso de ingreso en la Academia Malagueña de Ciencias.
Esther Cruces, ayer, durante su discurso de ingreso en la Academia Malagueña de Ciencias. / Paula Hérvele
  • La directora del Archivo Provincial repasa la presencia de los documentos en el cine en su discurso de ingreso en la Academia de Ciencias

Además de los legajos y los documentos, le encantan los fotogramas. Y aunque a la mayoría se nos escapa, Esther Cruces (Málaga, 1958) no pierde detalle cada vez que sale un papel o un viejo archivo en la gran pantalla. De hecho, después suele apuntar la escena y la película. Sin duda, deformación profesional de esta mujer que dirige el Archivo Histórico Provincial de Málaga y habla con pasión de su trabajo. «Todos nos fijamos cuando aparece nuestra profesión en la pantalla, pero a mi me dio por anotarlo», explica Cruces a SUR, que ayer reunió todas esas notas cinéfilas en un mismo guión, que tituló ‘Historias inquietantes: archivos y archiveros en el cine’, y que le sirvió para pronunciar anoche su discurso de ingreso como académica de número en la Academia Malagueña de Ciencias. Un viaje por las películas, los actores y los escenarios que han utilizado la documentación para esas tramas misteriosas de la que habla la autora, que apunta que los archivos también pueden ser utilizados a la inversa: «Están llenos de ideas e historias para guiones de películas».

Esther Cruces, cuyo ingreso en la Academia fue recibido por el censor de la corporación, Ángel Sánchez Blanco, señala que el uso que el cine hace de los archivos suele estar relacionado con los estereotipos. Sitios oscuros, silenciosos y enigmáticos, lo que subraya esa visión «inquietante» de la que hablaba en el título de su discurso. Lo mismo se puede decir del archivero que habitualmente es un hombre representado por su soledad y aislamiento. «Nunca falla», remacha la archivista, que también forma parte de la Academia Andaluza de la Historia y la Real Academia de Antequera.

Y aunque el papel reservado a archivos y archiveros suele ser secundaria en la gran pantalla, Esther Cruces también señala algunas presencias protagonistas, como en la cinta ‘En el nombre del padre’ (1993), en la que cobra una importancia capital cuando un dossier que debía permanecer oculto se convierten en la prueba definitiva de la inocencia de unos presuntos terroristas. «Es una película paradigmática», explica la directora del Archivo Provincial que añade que los documentos en el cine suelen provocar el «misterio». Y echa mano de otra cinta prototipo, ‘El Informe Pelícano’, un ‘thriller’ con muertes incluidas originadas por el documento que da título a la película.

Como la vida misma

No obstante, el enigma no es el único uso en la filmografía. «La información es poder y, en muchas ocasiones, cuando se representa a alguna autoridad se le suele mostrar rodeado de documentos y archivos», señala la nueva académica y doctora en Historia, que tampoco oculta que la visión de su profesión en la gran pantalla es un poco falsa. No solo por los estereotipos, sino también por el funcionamiento. «Lo encuentran todo enseguida y dan con la fuente en un segundo y sin problema. ¡Eso donde se ha visto!», afirma con algo de ironía Esther Cruces que, por contra, sí comparte otra de las escenas comunes que se dan en el cine: «Eso de desaparecer el archivo que justo necesitas también se da en la vida real». La diferencia es que en las películas esta desaparición provoca más misterio y cuando ocurre en una investigación lo que aumenta es la frustración.

Cruces señala que, paradójicamente, el cine español recurre poco al recurso de los archivos y los archiveros. Haciendo memoria recuerda el registro judicial que aparece en varias escenas de ‘La isla mínima’, aunque asegura que no es un problema exclusivo de los guionistas. «En nuestro país, la cultura y la formación de la ciudadanía está alejada de los archivos, pese a que se facilita el acceso», asegura la directora del Archivo Provincial de Málaga, que pone este espacio como espacio para ser descubierto. Entre sus estanterías se guardan miles de historias. Algunas, incluso, de película.

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