Diario Sur

Se ha escrito un crimen en el CAC Málaga

Marcel van Eeden posa en el CAC Málaga junto a uno de sus dibujos de gran formato con una vista de la capital.
Marcel van Eeden posa en el CAC Málaga junto a uno de sus dibujos de gran formato con una vista de la capital. / Ñito Salas
  • El autor holandés toma como referencia la construcción de la Catedral malagueña para urdir la trama de su propuesta

  • Marcel van Eeden mezcla dibujo y literatura en una exposición planteada como una novela negra

El mundo del arte da para muchas intrigas. Esta semana, sin ir más lejos, el que fuera tesorero del partido político en el poder en España defendía ante el tribunal que lo juzga por diversos y supuestos casos de corrupción que su fortuna procede de su pericia en el terreno de la compraventa de piezas artísticas. La escritora Patricia Highsmith reservó para su desalmado personaje Tom Ripley ocupaciones como la de marchante de arte. Y en 'F for fake' (1973), Orson Welles narraba la historia del falsificador Elmyr de Hory. Ahora, se ha escrito un crimen en el Centro de Arte Contemporáneo de Málaga (CAC Málaga).

O más que escrito, se ha dibujado. En realidad, las dos cosas. Porque trazo y palabra se combinan en la propuesta del holandés Marcel van Eeden, que ayer estrenaba en el espacio municipal su proyecto '1525'. La fecha viene a cuento de los años previos a la construcción de la Catedral de Málaga, un acontecimiento que el autor emplea como telón de fondo para elaborar una trama que transcurre a lo largo de tres siglos y que ofrece conspiraciones políticas, traiciones afectivas, viajes a diferentes países y algún que otro intento de asesinato.

A grades rasgos, Marcel van Eeden (La Haya, 1965) traza el siguiente argumento. Oswald Sollmann es un coleccionista apasionado por los dibujos de Matthias Grünewald, el artista alemán del siglo XVI que tuvo que huir de su país por sus enfrentamientos con la Iglesia católica. Tanto es así, que aunque su principal 'cliente' era el arzobispo de Maguncia, el artista decidió participar en un complot para asesinar al religioso con un veneno cuya fórmula secreta estaba oculta en la obra 'Christus am Kreuz' del pintor.

El prelado se dio cuenta de los planes, recortó la receta del dibujo, guardó la pócima en un relicario y lo mandó todo -a modo de presente- a los promotores de la Catedral de Málaga, que por entonces empezaba a construirse. En ese punto la historia da un salto temporal hasta el siglo XIX y presenta a Sollmann urdiendo «negocios oscuros» con Manuel Agustín Heredia en el Cortijo Jurado de la capital malagueña... Y hasta aquí para no desvelar toda la historia en la que Van Eede combina acontecimientos históricos con pura ficción.

«Me gusta crear una historia vinculada a cada lugar donde presento mi trabajo. Esas historias se van combinando en una gran historia que sería el conjunto de mi obra», explicaba ayer Van Eeden durante la presentación de la muestra que podrá visitarse en el CAC Málaga hasta el 26 de marzo.

Postales de la ciudad

En el caso del proyecto malagueño, el artista holandés toma la construcción de la Catedral como escenario ficticio pero también real. Ahí están los dos dibujos de gran formato que presiden el espacio central del CAC Málaga, con 'La Manquita' como principal protagonista en la silueta urbana de la ciudad.

Esas dos piezas conviven con otras planteadas casi a modo de viñetas de cómic, con ilustraciones y textos que van narrando una historia como en este tipo de publicaciones. Vasos comunicantes entre la literatura y la plástica reiterados ayer por el director del CAC Málaga, Fernando Francés, quien mostró sus dudas sobre si Van Eeden es «un artista que escribe o un literato que pinta».

«Su trabajo está basado en la memoria, en los engaños de la memoria, un asunto que representa uno de los hitos que nos han inspirado en este tiempo», añadió el director del CAC Málaga sobre la obra de un autor que, por propuesta y procedencia, recuerda a Rinus van de Velde, el joven artista belga que pasó por el CAC en 2013 con sus grandes dibujos de corte autobiográfico.

Entonces, como ahora, las escenas aparecían en riguroso blanco y negro. Como en las buenas películas de cine negro.