Diario Sur

Los fondos del Museo de la Aduana de Málaga: El puzle más valioso

1850. Con el matrimonio entre Jorge Loring y Oyarzábal y Amalia Heredia Livermore se inicia la colección que sería el germen del Museo de Málaga: el legado loringiano.
1850. Con el matrimonio entre Jorge Loring y Oyarzábal y Amalia Heredia Livermore se inicia la colección que sería el germen del Museo de Málaga: el legado loringiano.
  • Los fondos del Museo de Málaga han ido nutriéndose desde sus orígenes de depósitos, adquisiciones y donaciones que han aportado un valor incalculable a las colecciones

La colección del Museo de Málaga se forma como un enorme puzle de valor incalculable desde hace más de 150 años. Cada pieza posee su propia historia, y todas juntas darían para completar una enciclopedia de la arqueología y el arte malagueño y nacional. Y solo reunidas, como están ahora en el Palacio de la Aduana, el puzle cobra sentido. Es también un iceberg del que solo se muestra la punta, a pesar de que el edificio dispone, tras la rehabilitación, de 4.787 metros cuadrados de superficie expositiva y un almacén visitable en la planta baja. Aun así, solo se exhibe el 15,8% de los fondos.

El catálogo de las dos colecciones que se unieron para dar origen al Museo de Málaga, las del Museo Arqueológico Provincial y el Museo de Bellas Artes, suma unas 17.000 referencias. La historia del Museo Arqueológico Provincial comienza con un matrimonio: el de Jorge Loring y Oyarzábal y Amalia Heredia Livermore. Él, tercer hijo de un comerciante estadounidense establecido en Málaga, y ella, décima hija del empresario Manuel Agustín Heredia. Ambos, de ricas familias burguesas que protagonizarían la época de esplendor de la industria en la ciudad. Seis años después de su boda, en 1856, la reina Isabel II nombraría a Jorge Loring primer Marqués de Casa Loring.

La pareja compartía el gusto por la arqueología, la literatura y la botánica, y de su unión nació además una de las más importantes colecciones privadas de España. Las piezas que adquirían de los descubrimientos arqueológicos que se efectuaban en la provincia se exponían en su finca de recreo: La Concepción. Este es precisamente el punto de partida de la visita en el nuevo Museo de Málaga. El pasillo que da acceso a la sala Loringiana recrea en sus paredes los jardines y edificios de la finca a mediados del siglo XIX.

Resulta irónico que el punto de partida de la colección Loringiana no se exhiba en el museo. La Lex Flavia Malacitana, aquella tabla metálica de más de un metro de altura con inscripciones en latín que apareció hace 165 años enterrada en la zona de El Ejido -entonces el barranco de Los Tejares-, se puede ver en la sala 19 del Museo Arqueológico Nacional, en Madrid. En 1897 el marqués vendió sus grabados jurídicos al Estado español, lo que seguramente impidió que acabasen en el extranjero. Los intentos del Ayuntamiento en los últimos años por conseguir la cesión o el préstamo de la pieza no han fructificado. A la Lex Flavia se suman otras dos ausencias notables del legado de Casa Loring: la musa 'Urania', que se encontró en Churriana a comienzos de la década de los 70 del siglo XIX y adquirida en 2005 por el Museo Arqueológico Nacional, y el mosaico de 'Los doce trabajos de Hércules', que se encuentra en el panteón de la Galea de Algorta (Vizcaya) de la familia Echevarría-Echevarrieta, propietarios de La Concepción a partir de 1911. La que sí está presente en la planta baja del museo, dando la bienvenida a los visitantes, es la Dama de la Aduana, que pertenecía a los Loring y fue encontrada en la cimentación del palacio en 1789.

El Museo Arqueológico Nacional, quizá en compensación por estas obras, ofreció en depósito las tres piezas que forman la tríada de diosas que reciben al visitante en la sala Loringiana. El impresionante grupo de las 'matronas sedentes' del siglo II procede de excavaciones realizadas en Cártama a mediados del siglo XVIII y comparte habitación con otras piezas, en su mayoría procedentes de las provincias de Córdoba y Almería. Los marqueses no se limitaron a recopilar hallazgos malagueños y, aconsejados por el erudito Manuel Rodríguez de Berlanga, compraron la colección arqueológica del anticuario cordobés Pedro Leonardo de Villacevallos. Junto con la del Marqués de Villaflores, la de Villacevallos es la adquisición más importante de las que realizó el matrimonio Loring-Heredia. Tras la muerte de los marqueses y la venta de la hacienda, la colección se dispersó y durante la Guerra Civil, para evitar el expolio, la Junta del Tesoro Artístico incautó parte de las piezas que seguían en La Concepción. Años más tarde, fueron parte de los fondos fundacionales del Museo Arqueológico de Málaga, que tuvo su sede en la Alcazaba desde 1949 hasta 1997. Precisamente de las excavaciones que en los años 30 y 40 se realizaron en la Alcazaba procede otra parte importante de la colección de Arqueología del Museo de Málaga, formada sobre todo por cerámicas y elementos decorativos en yeso, piedra y madera de la época musulmana.

Las investigaciones del Instituto Arqueológico Alemán en la provincia -que comenzaron en 1964- también han aportado a los fondos del museo numerosas piezas de la época fenicia, procedentes de yacimientos como Trayamar, Toscanos y la necrópolis de Jardín. A partir de los años 70 se unieron a la colección los hallazgos de las excavaciones promovidas por arqueólogos del propio museo o de la Universidad de Málaga de las ciudades romanas de Acinipo (Ronda) y Lacipo (Casares), entre otras.

El Museo de Bellas Artes fue la otra mitad del germen del Museo de Málaga. Su primera sede estuvo en la calle Pedro de Toledo entre 1916 y 1921, apenas a unos pasos de la Aduana, que ahora es la nueva casa de una colección artística fruto de la iniciativa de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo. Tampoco fue fácil la gestación de aquella pinacoteca, y prueba de ello es que el marqués de la Paniega, uno de sus principales impulsores, falleció en 1901 sin ver el proyecto hecho realidad.

En 1852 se unió a la academia la Escuela de Bellas Artes de San Telmo. Para formar a los jóvenes estudiantes locales, la institución consiguió reunir un buen grupo de obras de artistas de primer nivel. Durante los siguientes años, a la colección -en la que también había restos de las desamortizaciones- se unirían depósitos de otras instituciones y privados, que pudieron inventariarse en 1910 y exponer en 1916. Ese mismo año llegaron dos de las donaciones más importantes que nutren los fondos del Museo de Málaga: las de los artistas Antonio Muñoz Degrain y José Denis Belgrano. El valenciano Muñoz Degrain legó el 16 de agosto óleos como 'El puente de la sultana' y 'Vista de la Alhambra', que ahora lucen en la sala de paredes rojas dedicada a su figura. Por su parte, la donación de Denis Belgrano está representada en la sección dedicada a la escuela malagueña por la estampa costumbrista de 'Después de la corrida', que llegó a la colección el 3 de abril. En 1939, tras su muerte, hizo una valiosa donación el pintor local José Nogales Sevilla, que también cuenta con un espacio propio en cuyas paredes cuelgan joyas como 'El milagro de Santa Casilda'. Sin embargo, esta pieza no llegó al Museo de Málaga como parte del legado de Nogales, sino al ser comprada por la Junta de Andalucía en 1996.

El Prado dispero

Las adquisiciones del Estado desde 1933 y de la Junta desde 1984 -también de obras contemporáneas de Brinkmann, Barbadillo y Chicano- han contribuido a enriquecer y completar la colección que luce en el Palacio de la Aduana. La otra rama, y quizá la más importante, que conforma los fondos de Bellas Artes procede nada menos que del Museo del Prado. De hecho, el Museo de Málaga encierra la mayor colección de obras de la pinacoteca madrileña fuera de su sede, con 121 piezas. El Prado, que absorbió el catálogo del Museo de la Trinidad de Madrid tras su disolución en 1872, tiene depositados en el Palacio de la Aduana tesoros de Luca Giordano, Moreno Carbonero ('La meta sudante') y Bernardo Ferrándiz, entre otros. 'Esclava en venta', de José Jiménez Aranda, y '¡Y tenía corazón...!, de Enrique Simonet, también depósitos de esta institución, son posiblemente dos de las piezas más icónicas del Museo de Málaga.

Los tesoros del Museo Provincial de Bellas Artes, que entre 1922 y 1960 estuvieron en el edificio de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo en la calle Compañía, salieron de su siguiente casa, el Palacio de Buenavista, en 1997. Veinte años han estado a la sombra en el palacio de la Aduana, mientras las colecciones de Arqueología pasaban del convento de la Trinidad a almacenes en la avenida Europa y el PTA. Solo han visto la luz para exposiciones temporales. La más exitosa fue la que se pudo visitar de noviembre de 1998 a julio de 2000 en la propia Aduana. 'Obras maestras del Museo de Málaga' estaba compuesta por 52 piezas de la colección y cerró con 64.000 visitas. Eran otros tiempos, cuando La Trinidad aún parecía el destino más probable de un valioso puzle desperdigado por la ciudad. En 2010, ya iniciadas las obras de su actual casa, las mejores piezas del museo saldrían para protagonizar en el Palacio Episcopal 'Génesis de una colección'.

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