Diario Sur

La Axarquía se ve desde Madrid con Evaristo Guerra

Evaristo Guerra, frente al cuadro ‘Campo soñado’
Evaristo Guerra, frente al cuadro ‘Campo soñado’ / SUR
  • El pintor lleva sus «paisajes soñados» de Vélez y su entorno al Ateneo de la capital

El maestro Manuel Alcántara dijo en una ocasión que Evaristo Guerra es un hombre que salió de Vélez Málaga para pintar, «pero lleva la Axarquía dentro de sí». Vaya a donde vaya, le acompañan los pueblos blancos, los almendros, el mar, el campo... Él es parte de la Axarquía. Y estos días lo ha demostrado, una vez más, en Madrid. Las salas de exposiciones del Ateneo de la capital clausuran hoy una amplia muestra consagrada a los «paisajes soñados» de la tierra del pintor.

Un total de 27 obras, algunas de gran formato, se distribuyen a lo largo de tres salas del centro cultural madrileño bajo el título ‘Sueños de hoy’. Porque él no captura lo que ve con precisión milimétrica. «Para eso ya existen las cámaras de fotos que son más rápidas que uno», asegura. Lo suyo son ensoñaciones del campo, imágenes que contempla y esboza en los montes de la Axarquía, y que después cobran una forma totalmente diferente frente a su caballete. «Es lo que hago, mirar el campo para después soñar ese paisaje en el estudio», explica. Por eso, las palmeras y el mar del paseo marítimo de Torre del Mar y los almendros y las casas blancas del interior pueden convivir sin ningún conflicto en un mismo plano, como sucede en el díptico ‘Sueño de la Axarquía’.

En Madrid, donde vuelve cinco años después de su última exposición, el pintor veleño enseña su creación más reciente. Lo último, ‘Campo soñado’, un cuadro de 81x100 centímetros que muestra una pequeña ermita de pueblo rodeada de almendros en flor con las montañas al fondo. Hay vistas de las villas blancas de Frigiliana y Canillas de Aceituno, y un ‘Pueblo soñado de Andalucía’ inspirado en la localidad granadina de Montefrío.

Evaristo Guerra atiende al teléfono desde una de las salas del Ateneo donde solo se exponen seis cuadros de 150 x 150 centímetros. «Parece que estás en un bosque», explica. De gran tamaño y repartidas por la estancia, se exhiben seis pinturas que comparten el mismo fondo y un único protagonista: el árbol. La diferencia aquí está en los colores que imprime a las obras, como si fueran tomas hechas a distintas horas del día, con una especie diferente en cada una de ellas. Evaristo Guerra recrea con su pincel un membrillo, un olivo, un mango, un algarrobo, un granado y una higuera con una degradación de tonalidades específica para cada árbol.

Madrid es la segunda casa del pintor veleño, aunque durante mucho tiempo fue la primera (se trasladó con 18 años a la capital). Pero de un tiempo a esta parte, necesita más que nunca el sur. No es solo la base de su inspiración, es su fuente de energía. «Tengo un cliente en Madrid que cuando estoy aquí mucho tiempo me dice ‘Vete para Málaga y carga las pilas’», reconoce. Y justo eso es lo que hará en unas semanas.