Diario Sur

Francisco Gutiérrez, un artista medieval en el siglo XXI

Francisco Gutiérrez trabaja en el ‘scriptorium’ que ha instalado en su casa-estudio.
Francisco Gutiérrez trabaja en el ‘scriptorium’ que ha instalado en su casa-estudio. / FRANCIS SILVA
  • El joven malagueño es el único iluminador español titulado en Francia. Reproduce manuscritos y diseña nuevas miniaturas con las mismas técnicas y materiales que usaban los maestros antiguos

Solían ser lugares oscuros y fríos, grandes salas de piedra con mesas de madera maciza en los que se apoyaban los enormes libros. Aquí sin embargo entra mucha luz natural y el material de trabajo se despliega ordenadamente sobre dos mesas de líneas rectas. Pero las herramientas son las mismas: pergaminos, pigmentos naturales, plumas, pan de oro... Dedicación y concentración. Francisco Gutiérrez ha instalado en Málaga su particular ‘scriptorium’, un rincón donde recrear a modo de escriba moderno las técnicas del medievo en el arte de la caligrafía y la miniatura. Bajo la firma Scriptorium Yayyan, el joven jiennense afincado en Málaga reproduce antiguas ilustraciones de manuscritos y diseña nuevos dibujos respetando la forma de hacer de los amanuenses y los maestros iluminadores.

Él va camino de ser uno de ellos. Se decía que, tras completar la fase de aprendiz, el profesional debía acumular varios años de ejercicio para ser considerado ‘maestro’. Francisco Gutiérrez terminó hace solo un año su formación, pero ya ha creado una marca propia para desarrollar sus proyectos artísticos y, al mismo tiempo, impartir formación (como ya ha hecho en la Térmica y el CAC Málaga).

Dos disciplinas

Está capacitado para ello. El joven es, de momento, el único español con el título de Iluminador de Francia por el ISEEM de Angers (Instituto Superior Europeo de Iluminación y Manuscritos), el único centro dedicado a esta materia en Europa. Previamente se licenció en Historia del Arte y se inició como calígrafo en una escuela de Lisboa. Si en la Edad Media el escribano copiaba los textos y el iluminador los completaba con las ilustraciones, él concentra ambas disciplinas.

Gutiérrez trabaja con técnicas y herramientas medievales.

Gutiérrez trabaja con técnicas y herramientas medievales. / FRANCIS SILVA

Para eso tenía que irse fuera. «En España no hay formación precisa ni tan desarrollada. En Francia es un módulo superior, regulado como una formación profesional de dos años», explica. En el primero se enseñan todas las técnicas y los diferentes estilos de la Edad Media. «Son muchos, hablamos de mil años de historia del arte», añade. El segundo curso se consagra a la realización de una ‘obra maestra’, un libro manuscrito de principio a fin donde hasta la carátula se elabora de forma artesanal.

Su faceta didáctica sale a relucir durante la charla. Explica que la palabra ‘miniatura’, con la que se designa a los elaborados dibujos que acompañan al texto, no se refiere a su tamaño como se podría pensar. «Deriva de ‘minium’, un pigmento natural de color anaranjado que se usa con frecuencia» en los códices medievales, detalla mientras enseña un bote con el óxido de plomo que da lugar a esa tinta. Es uno de los muchos pigmentos naturales que se disponen en hilera sobre una estantería de la habitación. Porque todas las tintas que emplea las fabrica él a partir de colorantes de origen animal, orgánico o mineral, usando como elemento aglutinante clara de huevo. Ala antigua usanza. Con los colores y el pan de oro se componían artísticas imágenes que explicaban el contenido de los textos, «los iluminaban, les daban luz con las ilustraciones. De ahí que se le llamen técnicas de iluminación», argumenta.

Es un trabajo laborioso. Hacer una miniatura puede llevarle alrededor de una semana; si se tratara de la reproducción de un libro manuscrito, «un año o más». No tiene la inmediatez ni la mutiplicidad de lo digital, la mano humana se nota en ciertos trazos... «pero lo artesanal da personalidad, calidez y expresividad. Hay saturación de lo digital», señala Francisco Gutiérrez.

Su hermana, sentada a su lado en la casa-estudio de Francisco, lo confirma. «En Inglaterra se siguen transcribiendo las leyes en pergamino porque se estima que duran 5.000 años, mientras que el papel tiene una vida de máximo 500 y los soportes digitales cambian cada pocos años. Es una forma de conservar los documentos», mantiene Elena Gutiérrez, que se trasladó de Jaén a Málaga junto a Francisco para ampliar las opciones de negocio de Scriptorium y llevar la gestión de la empresa.

De momento, además de impartir talleres, reciben encargos para regalos especiales, escudos familiares o diseño de invitaciones. Pero quieren ir a más y centrarse en la reproducción de documentos antiguos de instituciones públicas y privadas. «Son piezas muy delicadas y hacer una copia del original con las técnicas de entonces permitiría exponerlas y mostrarlas», indica Francisco. También han conseguido entrar en un mercado que no esperaban, el de la imagen publicitaria. En Scriptorium han diseñado la caligrafía que aparece en el catálogo otoño-invierno de la marca Desigual.

La escritura manual vive un ‘boom’, y confían en que ese gusto por lo artesanal se extienda también a la iluminación. Porque es un arte, pero también una terapia, una «especie de meditación, porque requiere de tanta concentración que te relajas creando», dice Francisco. Su hermana lo confirma: «Se pone a trabajar y se le pasan las horas sin darse cuenta».