Diario Sur

Actores: una vocación trabajosa

    Una vocación trabajosa
    / Salvador Salas
    • Ocho de cada diez intérpretes andaluces no alcanzan con su sueldo ni el umbral de pobreza, por lo que la única salida es el pluriempleo

    • Cinco actores nos cuentan su vida de castings y ensayos, mientras atienden tiendas, pedidos, enfermos y hasta espectadores

    A Héctor Medina le acaba de tocar la lotería. Bueno, en realidad de eso iba el último casting que ha hecho, aunque todavía no lo han llamado. «También he echado la Primitiva y el Euromillón por si acaso», bromea. Isabel Ávila ha ido a la iglesia y resulta que el templo ha salido ardiendo por exigencias del guión. Pablo Fortes anda empeñado en ayudar a su amigo Romeo que ha perdido el sentido por Julieta. María Ruiz viene de resistir al insistente Don Juan... pero cuando escucha eso de «ángel de amor» le cuesta mantener la posición. Y Pola Capellán es la novia de blanco en un bodorrio en la que nada sale como debería. Esa es la vida del actor. Jugar a ser otros en pruebas, platós y escenarios. Pero la realidad es bien distinta al estereotipo de las estrellas que encabezan los repartos de películas, series y obras de teatro con exitosas giras. Tras ellos hay una legión de profesionales que, con el sueldo de los bolos o las sesiones sueltas ante una cámara, no alcanzan ni el umbral de pobreza –500 euros al mes–. Concretamente ocho de cada diez intérpretes andaluces. Entre ellos estos cinco malagueños que, cuando se bajan de las tablas o apagan las luces, tienen otro papel. Eso que Capellán llama «el trabajo normal». Y que les permite pagar las facturas al final de mes.

    La buena noticia es que el tópico del camarero u oficinista como el oficio alternativo del actor ya no es tan cierto. Aunque sí ha formado parte del currículum de Héctor Medina, que de la noche a la mañana pasó de servir copas a que lo fichara una empresa de informática para ‘gamers’, o de Pola Capellán, que también pasó por bares, aunque ahora interpreta el papel de cajera en Primark. «Cuando llegó la crisis, me cortaron en la empresa en la que trabajaba y eso me llevó a retomar el contacto con mis antiguos compañeros de interpretación y volver a las tablas», confiesa la actriz que ha sido una de las integrantes del microteatro en los hoteles y anda de bolos con la comedia ‘El Desenlace’. «Muchas veces te hinchas a trabajar por dos duros, pero cuando subo al escenario soy feliz... se olvida todo», explica la intérprete malagueña, que lleva la interpretación en las venas y se siente una «afortunada» ya que su ‘otro’ curro es mañanero. «Lo pedí en la entrevista de trabajo y me lo concedieron, por lo que puedo compaginarlo», señala Capellán, que añade que no siempre ha encontrado la misma comprensión y flexibilidad en sus jefes. «Algunos creen que vas a jugar al teatrito», se queja.

    La compatibilidad de horarios es una de las batallas continuas de estos actores con doble vida. Pablo Fortes entró de taquillero –«bueno, también soy portero, atiendo el bar con las palomitas... lo que toque»– para cuatro meses y ya lleva cinco años. Es un trabajo de 15 horas semanales y está fijo en Yelmo Vialia, lo que le permite dedicarle el resto del tiempo a la compañía teatral La Imprudente. Pese a ello tiene que hacer «malabares» para encajar los horarios, aunque en la plantilla del cine abunda la gente joven y «nos cubrimos los turnos si es necesario». «El pluriempleo tiene sus pros y sus contras, pero te da un sueldo base que te ayuda a tirar esos meses que no hay bolos», señala Fortes, que le pone historia a lo que nos dicen los datos. Algo más de la mitad (53%) de los actores andaluces recurren a empleos no artísticos para llegar a fin de mes, según el Informe Sociolaboral Sobre el Colectivo de Actores y Bailarines de España 2016 de la Fundación Aisge. Una búsqueda de empleo alternativo que no solo funciona como complemento, sino como única entrada de ingresos ya que el 58% de los artistas andaluces carece de trabajo en su profesión, lo que sitúa esta tasa de paro entre las más alta de España y diez puntos por encima de la media nacional.

    Por dinero, lo que se dice por dinero, no es la motivación principal para convertirse en actor. De hecho, apenas uno de cada diez puede presumir de ser mileurista, una condición peyorativa que, con la crisis económica, ha cambiado de papel y ahora suena a sueldo privilegiado. «La realidad no es el ‘glamour’ Hollywood o el que gana un Goya», dice tajante María Isabel Ruiz, que no tarda en ejercer de presidenta de la Unión de Actores de Málaga para denunciar la desprotección del sector. «Carecemos de convenio colectivo; los ensayos, los desplazamientos y el montaje no se pagan la mayor parte de las veces, solo la representación, y con la crisis cada vez se va más a taquilla en lugar de a caché, por lo que además el IVA nos quita un 21% de nuestro sueldo porque cobramos de las entradas», denuncia esta gaditana que pide cambios legislativos como la figura del «eventual discontinuo» para reconocer el empleo de muchos actores que trabajan un día sí y muchos no.

    Ruiz es una de ellas, aunque confiesa que tiene el corazón dividido entre sus compañeros de reparto y sus alumnos. «Trabajaba con personas de exclusión social y cuando monté una obra con ellos me di cuenta que dar vida a otros personajes les liberaba», explica la actriz y profesora que se vino de La Línea a Málaga a estudiar en la Escuela Superior de Arte Dramático (ESAD). Llevó lo aprendido a una escuela y hoy día da clases para discapacitados y personas de movilidad reducida en el Colegio La Colina. «Es una enseñanza con un gran sentido terapeútico y con resultados sorprendentes», asegura María Isabel Ruiz, a la que se le ilumina la cara con la historia de una niña que era incapaz de vocalizar y acabó superando sus trabalenguas gracias a su deseo de encarnar a otros personajes.

    Hablando de lenguas, el caso de esta chica, daría para una buena conversación de la chismosa Isabel Ávila, una actriz con vis cómica para la comedia y profundidad en la mirada para el drama, aunque en los casting la busquen para encarnar a «madres y cotillas... no sé que me ven». Ahora tiene pendiente «subir» a Madrid para unas sesiones de la serie ‘Cuéntame’. Ávila toca precisamente un tema candente para los actores. No el de la producción de ficción y las nuevas perspectivas laborales que ha abierto a muchos intérpretes de toda España, sino el dilema de emigrar a la capital en busca del papelón de sus vidas. Casi todos lo han intentado.

    Pola Capellán lo intentó la aventura de los madriles sin mucha insistencia. Pablo Fortes se instaló allí sin terminar la carrera. Fue a «probar» y estuvo dos años «viviendo exclusivamente del teatro, pero llegó la crisis y las compañías empezaron a caer». Héctor Medina «gastó» dos años y medio. Estuvo a un aleteo de murciélago de encarnar al mismísimo Batman en el espectáculo del Parque Warner, pero le faltaron unos centímetros. El otro finalista a superhéroe era más alto que él. «Me metí en la partida, vi de que iba el juego y me di cuenta que podía hacer lo mismo o más desde Málaga», asegura el actor, que añade que, de su promoción varias decenas se marcharon a Madrid, pero el único que continúa –y con éxito– es Fran Perea.

    Pola Capellán es actriz y cajera en Primark

    Pola Capellán es actriz y cajera en Primark / Salvador Salas

    Isabel Ávila no es de las que optó por la mudanza. Entre otras cosas porque fue antes enfermera que intérprete. Al menos de profesión, ya que lo de actuar lo tenía dentro. A los 21 se diplomó y comenzó a trabajar de sanitaria. Pero cada vez que iba a un teatro, pensaba que lo suyo no era la butaca. «Yo quería estar en el escenario», explica Ávila que no tardó en matricularse en la ESAD y en cambiar el guión de su currículum. «Soy un caso raro porque no es que no me gustará mi trabajo. Es que me siento enfermera y actriz a partes iguales», manifiesta la intérprete, que tiene todas las mañanas ocupadas en quirófano, por lo que es la única del reparto de este reportaje que cuenta con representante. «Él conoce mi disponibilidad y me busca trabajos que se ajustan al horario, aunque también cuento con mis compañeros del hospital Marítimo que me ayudan a cuadrar turnos», afirma la Isabel, que añade que la cancelación de la factoría de ficción de Canal Sur –con su sede central en la Ciudad del Cine de Coín, con ‘Plaza Alta’ y la milenaria ‘Arrayán’ y sus 2.400 capítulos– fue un duro revés para los actores malagueños. Por fortuna, aquello coincidió con el ‘boom’ de series estatales y la búsqueda de caras que no fueran los habituales del circuito madrileño. «Y tenemos la suerte de que con un AVE puedes hacer tus sesiones y volver a Málaga en el mismo día», señala Ávila.

    «Ni el Goya sirve»

    En uno de esos trenes hizo un viaje exprés Héctor Medina para el casting de uno de los tres papeles principales de la serie ‘Apaches’ (Atresmedia, todavía por estrenar), junto a Alberto Ammann y Verónica Echegui. «Estuve a esto –la frase va acompañada de un gesto con dos dedos que ilustran lo poquito que le faltó– de que me tocara, pero el personaje era cabeza de cartel y se quedaron con el más conocido, Eloy Azorín», relata Héctor Medina, que se ganó el derecho a hacer el casting para esta serie después de que lo vieran en el largometraje ‘321 días en Michigan’. Con esa cinta se llevó la Biznaga de Plata al mejor actor de reparto del Festival de Málaga, aunque las estatuillas no dan trabajo. «Ni el Goya creo que sirva. El productor no mira el premio, sino cuanta gente te sigue», reconoce Medina que, durante los rodajes, hace virguerías para compatibilizar horarios con su puesto de gestor de compras de Ozone, un fabricante de accesorios –auriculares, ratones, teclados...– para ‘gamers’ y juegos de pc.

    Hace un año por estas fechas dormía apenas tres horas cada noche para estar por las mañanas ante el ordenador y por las tardes-noches martirizando a Virginia DeMorata y Rafa Castillo-Romero en el ‘thriller’ de terror ‘Resort Paraiso’, el nuevo trabajo de Enrique García. «Fue duro, porque además era un rodaje con muchas escenas de acción... pero con una sonrisa y encantado. ¡Qué esto no se acabe nunca!», dice a la par que se le abren unos ojos que transmiten más ilusión que sueño. Ahora, lo que Héctor Medina quiere es que su última película llegue pronto a la cartelera. Y cuando se estrene, allí estará probablemente Pablo Fortes para cortarle la entrada a los espectadores que acudan a verla a los cines de la estación de Renfe. De hecho, no sería la primera vez que el actor con doble vida de taquillero despacha la película de un amigo o compañero de reparto. Incluso, Fortes confiesa que ha fantaseado con la posibilidad de que algún día protagonice una película que se exhiba en la cartelera de ‘su’ Vialia. «Aunque creo que yo mismo me cortaré la entrada ya que seguiré trabajando en el cine», sentencia con ironía.

    Compatibilizar rodajes, ‘castings’ y ensayos no es fácil cuando se tiene otro trabajo. Por eso, Héctor Medina (Málaga 1978) confiesa que lleva «un par de años sin vacaciones porque las pido para los rodajes». A sus espaldas, ‘321 días en Michigan’ y ‘Resort Paraiso’.

    Los huéspedes del Málaga Palacio la conocen por ser una de las que se colaba en las habitaciones con el microteatro en los hoteles. Hoy mismo estará en Benagalbón con ‘El desenlace’, mientras que durante la semana también la podemos ver como cajera en Primark. A Pola Capellán (Málaga, 1984) no siempre se lo han puesto fácil para compatibilizar su pasión por el teatro con el «trabajo normal», por lo que, en la actualidad, se siente una «afortunada».

    Pablo Fortes (Málaga, 1983) ha conseguido una estabilidad poco habitual en el oficio. Es fijo en los cines Yelmo Vialia y forma parte de la compañía teatral La Imprudente. Probó fortuna en Madrid y no le faltó trabajo, pero se alegra de haber «apostado» por Málaga.

    Es la presidenta la Unión de Actores de Málaga y está empeñada en conseguir un convenio «necesario» para el sector que ponga coto a la precariedad. Como tantos compañeros, María Isabel Ruiz (La Línea, 196X) tiene otra profesión, profesora de teatro para personas discapacitadas. En su caso, ambos trabajos son vocacionales. Ha participado en las series ‘De buena ley’ (Telecinco) y ‘Arrayán (Canal Sur).

    Ya la pudimos ver en ‘El joven Picasso’ de Juan Antonio Bardem, uno de sus primeros trabajos tras estudiar interpretación. Aunque antes, Isabel Ávila (Málaga, 1963) ya era enfermera, un trabajo que mantiene en el hospital Marítimo. «Me siento actriz y enfermera a partes iguales». Ha participado en las series ‘Mediterráneo’, ‘Plaza Alta’, ‘Arrayán’ y ‘Aída’.