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Rafael Álvarez, 'El Brujo': «La palabra está deteriorada, se habla mal y de malas formas»

El Brujo.
El Brujo. / Efe
  • El actor desvela hoy y mañana en el Cervantes los ‘Misterios del Qujiote’. «Y el mayor de ellos es que la obra habla de la inmortalidad»

Dice que él no tiene demasiado de Quijote. «Algo», responde entre risas al otro lado del teléfono. Pero sí comparte mucho con su autor. Miguel de Cervantes era un guardián de la palabra y del buen uso del lenguaje. Y esa es precisamente la marca de la casa de El Brujo: la fuerza del verbo. Sobre él, sin más aderezo que la música, asienta todos y cada uno de sus espectáculos. Lo que importa es lo que dice y cómo lo dice. Rafael Álvarez ‘El Brujo’ vuelve un año más al Teatro Cervantes, esta vez con la excusa de rendir homenaje al padre de la novela moderna –en el IV centenario de su muerte– y a su hijo más universal. Hoy y mañana desvelará los ‘Misterios del Quijote’. Palabra de El Brujo.

–¿Cuál es el mayor misterio de ‘El Quijote’?

–Que es una obra que habla de la inmortalidad. Es una obra teológica y filosófica que habla de lo esencial, de vivir de una forma heroica, ignorando la muerte. Hay una frase que dice Don Quijote: «Hay que vivir sabiendo que vas a morir pero con la conciencia de la inmortalidad». Y esto es muy potente. Es heroico y tiene una dimensión de alta literatura trágica. Se trata de enfrentarse a un límite, como es la limitación física de esta vida humana que tiene caducidad, con un espíritu que ignora esos límites. Es como los antiguos que se rebelaban contra el designio de los dioses. Es un «conmigo no puedes». Este espíritu es el núcleo de todos los misterios de ‘El Quijote’.

Saltar los límites

–¿Pero es inteligente vivir ignorando los límites?

–Es inteligente siempre que se sepa que los límites están en la mente, no en el mundo físico. Es una forma de vivir que le da predominio a la mente y al espíritu sobre la materia. Es una inversión total de los valores. Los atletas viven un poco en ese camino. Cualquiera que salta límites y bate su propio récord no se pliega ante lo que parece imposible. Los límites están donde tú quieres que estén.

–¿Usted lo aplica a su vida? ¿Vive sin la conciencia de los límites?

–Eso ya es muy personal (ríe). Si digo que sí y un día estoy debajo del frío y arrugado… me dirán «¿y tú no eras el que decía que saltaba los límites?». Si hablas de estas cosas en plan personal siempre te lo acaban echando en cara. Yo hablo de ‘El Quijote’. Pero bueno, poquito a poco. Hay que saltar los límites pero no de golpe (ríe).

–¿Debería ser ‘El Quijote’ una lectura obligatoria en las escuelas?

–Sí, pero para que fuera obligatorio en las escuelas también tendrían los profesores que conocer mucho, mucho, ‘El Quijote’. Y eso ya… En Italia, por ejemplo, la ‘Divina comedia’ de Dante es obligatoria y se estudia durante tres años como una asignatura.

–Muchos habrán leído ‘El Quijote’ sin entenderlo. Ese misterio de la inmortalidad del que habla puede que les haya pasado inadvertido.

–Leer una obra de esta envergadura tiene una cantidad de dimensiones, profundidades y recovecos para lo cual no hace falta solo leer, sino estudiarla y entretenerte en ella. Es como si vas a ver ‘Las Meninas’ un rato. Si vas todos los días y te detienes en los detalles, te enriqueces mucho más. Eso es el conocimiento.

–Cervantes era un guardián de la palabra. ¿Hoy se hace un uso perverso de la misma?

–Claro, la palabra está deteriorada porque se habla mucho públicamente de malas maneras. Se habla mal, pero no en la calle o en una taberna, sino en la televisión y también en política. Hay una corriente de hablar mal y de malas formas. Es un problema del deterioro del ambiente en general.

–Con la victoria de Trump, por ejemplo, se demuestra que a la gente al final le gusta quien no tiene mucho cuidado con lo que dice.

–Esto tiene mucho que ver con los ‘reality shows’ y la imposición del mal gusto, la vulgaridad, la mala educación y la agresividad. Y con creer que el que tiene la razón es el que grita más que el otro o dice una palabra más grosera. También hay mucha gente maravillosa que habla bien, pero lo cierto es que hay una inmensa mayoría pegada a estos programas de televisión que envilecen la palabra y el lenguaje.

–También hacen más ruido.

–Sí. Y luego los políticos también usan mucho las malas palabras en las campañas. Entran mucho al trapo en ese juego. Ellos saben que un escándalo tiene su impacto, así que ridiculizan al contrario o le atacan personalmente. Es la bajeza, la mala ‘puñalá’.

–El Quijote tenía un alto sentido del honor. Hoy, sin embargo, se vulnera constantemente en las redes sociales, por ejemplo.

–Sí, esas vulneraciones vienen del anonimato porque tú no respondes ni ante la otra persona, ni ante los tribunales, ni ante nada. Anónimamente sueltas un insulto, una injuria, un bulo y eso es impune. La convivencia se deteriora así, se hace incómoda e inhóspita.

–¿Tiene usted algo de Quijote?

–Algo, pero quizás no mucho (ríe).