Diario Sur

 Transgresor. David Delfín posee uno de los lenguajes más reconocibles de la moda española. :: efe
 Innovador. Bolo destaca por incorporar elementos escénicos a los números acrobáticos. :: eladio bellés
Transgresor. David Delfín posee uno de los lenguajes más reconocibles de la moda española. :: efe Innovador. Bolo destaca por incorporar elementos escénicos a los números acrobáticos. :: eladio bellés

La audacia malagueña tiene premio

  • Elogian la capacidad del diseñador de romper las barreras entre arte y moda y valoran la lucha del malabarista y acróbata por dinamizar el sector

  • El Nacional reconoce la valentía de David Delfín en la moda y la renovación del circo de Miguel Ángel Moreno

Dicen que la gloria es para los valientes. Y, a juzgar por los últimos reconocimientos del Gobierno, el dicho se cumple. El trabajo de David Delfín (Ronda, 1970) es sinónimo de riesgo, vanguardia y rebeldía; cualidades que ayer le valieron el prestigioso Premio Nacional de Diseño de Moda. Y la renovación es la seña de identidad de Miguel Ángel Moreno 'Bolo' (Málaga, 1977), un acróbata que hace malabares por dignificar las artes circenses y que desde ayer forma parte de la exclusiva nómina de artistas con el Premio Nacional de Circo. Ambos recibieron el viernes la llamada del Ministerio de Cultura que les anunciaba el galardón: 30.000 euros y el reconocimiento institucional a una labor de muchos años.

David Delfín recibió la noticia en su casa de Málaga «con emoción», como un soplo de aire fresco en el momento más delicado de su vida, en pleno combate cuerpo a cuerpo contra los tres tumores que le detectaron hace pocos meses en la cabeza. Luchador incansable y diseñador con uno de los lenguajes más reconocibles de la pasarela nacional, la osadía ha sido su marca desde el principio. Un atrevimiento que le hizo saltar a la fama en su debut en Cibeles en 2002 con la colección 'Cour des miracles'. Justo un año antes había creado su marca Davidelfin junto a la modelo Bimba Bosé y los tres hermanos Postigo, Deborah, Diego y Gorka.

Aquel desfile con mujeres encapuchadas y con sogas al cuello pasará a los anales de Cibeles como el más polémico de su historia. Fue entendido por algunos como una provocación, para otros era el inicio de una prometedora carrera. Y él se explicó: «Mi equivocación es que este era un concepto teatral y aquí, en Cibeles, no hay ensayo general». El tiempo dio la razón a quienes creyeron en él. Al año siguiente en ese mismo escenario logró el premio a la mejor colección de un joven diseñador. Y catorce años después, ese arrojo demostrado con rompedoras colecciones, temporada tras temporada, le hace merecedor del máximo galardón de la moda española.

El jurado destacó la «audacia, valentía y compromiso social de su obra, con una señalada identidad española que desarrolla un universo vanguardista propio». Valoran que haya sido capaz de traspasar «las barreras entre la moda y el arte, los géneros y las generaciones, lo comercial y lo artístico». Artista multidisciplinar, lo mismo diseña que pinta, actúa o se pone a los platos como dj. Por eso el jurado valora la «fuerza de su mensaje creativo» más allá de las pasarelas.

Convaleciente aún de la intervención quirúrgica y de los ciclos de quimioterapia, David Delfín ha declinado hacer declaraciones. Tan sólo manifestó a Efe sentirse «feliz» y dejó en el aire su asistencia a la recogida del galardón. «No sé si voy a poder acudir a recoger el premio, estoy recuperándome de la operación de los tumores en la cabeza», explicó.

«Es una pasada»

No muy lejos, en Granada, otro malagueño recibía por la mañana una llamada similar a la de David Delfín. Veinte, en realidad. «Estaba en el fisioterapeuta y cuando al salir he visto tantas llamadas perdidas he pensando: '¡ya la he liado!'», cuenta entre risas Miguel Ángel Moreno, Bolo para sus amigos y sus espectadores («porque de chico era muy grande fuerte y redondo»). Lo último que esperaba era que esa insistencia fuera para comunicarle la concesión del Premio Nacional de Circo. «Es una pasada», repite una y otra vez.

El jurado le considera merecedor del galardón por «la renovación de la acrobacia a partir de la incorporación de elementos escénicos». Un lenguaje propio que aplica a todos sus espectáculos, donde «la escenografía sirve para interactuar» con los artistas, explica Bolo. Y siempre con un acento cómico. Lo hace desde su propia compañía fundada en 2008, Vaivén, con dos Premios del Teatro Andaluz por la obra 'Do not disturb'.

Pero además del mérito de innovar sobre el escenario, el Premio Nacional le reconoce «su capacidad de dinamizar el circo actual, especialmente en el ámbito andaluz, y su gran proyección nacional e internacional». Artista comprometido, pelea desde hace años por «dignificar» el sector, «el patito feo» de las artes escénicas. «Es un arte como otro cualquiera del que queremos vivir», declara el también presidente de la Asociación de Circo de Andalucía y profesor de la Escuela de Circo de Granada. Por eso, al margen de la dotación económica, lo que más valora «es el reconocimiento que se le da a la lucha que hacemos por posicionar el circo».

Malagueño de Miraflores de los Ángeles (donde le conocen como «el nieto de Julia, la de la tienda de ultramarinos que abría todos los días», cuenta), se trasladó a Granada para licenciarse en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte. Y allí fijó su residencia hasta hoy. Pero sus primeros pinitos se remontan años atrás, cuando de adolescente «jugaba» con los malabares en el Puente de las Américas con Rolabola y compañía. Después, aplicaría sus estudios a la escena uniendo el mundo del deporte de alto nivel a su faceta artística. Se especializó entonces en equilibrios acrobáticos, en concreto en portor o fuerte, es decir, la persona que sirve de base para el resto de las pirámides. El 11 y 12 de marzo demostrará sus habilidades en el Teatro Cánovas con el espectáculo 'DES-Hábitat'.