Diario Sur

¿La crítica de arte ha muerto?

Antonio Javier López, Fernando Francés, Guillermo Solana y Sema D’Acosta.
Antonio Javier López, Fernando Francés, Guillermo Solana y Sema D’Acosta. / Fernando González
  • Gestores y expertos cuestionan los esquemas tradicionales del análisis de la actualidad cultural en un ciclo de la Fundación Alcántara

Si algo demanda una crítica de arte es pausa, reflexión. Tiempo. Justo lo que ahora no tiene. Ni en el ejercicio profesional, marcado por la inmediatez y el ‘todo ya’; y puede que tampoco como género periodístico ante la dispersión de voces y plataformas. Gestores culturales que fueron «cocineros antes que frailes» y críticos debatieron ayer sobre el futuro de la relación entre periodismo y arte en una mesa redonda organizada por la Fundación Manuel Alcántara como cierre de su ciclo ‘Sala de columnas: Especialización periodística y divulgación’, en la Sociedad Económica Amigos del País. Se sentaban a ella Guillermo Solana, director artístico del Museo Thyssen-Bornemisza; Fernando Francés, director del CAC Málaga y del MAD, y Sema D’Acosta, comisar io y crítico de arte; moderados por el periodista de SUR Antonio Javier López.

«La crítica ha perdido poder y presencia, y ha aumentado el tipo de comentario inmediato y menos profesionalizado», decía Francés. Y hubo unanimidad. La influencia de los blogueros y de los generadores de opinión en las redes sociales ganan peso a la misma velocidad que se reducen las páginas dedicadas al análisis del arte en los periódicos convencionales. Museos como el CAC y el Thyssen-Bornemisza lo saben y se han sumergido de lleno en el mundo 3.0. tendiendo la mano a esas nuevas voces e implicando en la comunicación virtual a todos los miembros de sus equipos. De esta forma, aventuró Solana, también se combate «la miopía de los medios nacionales» que tienden a dar más cobertura a los contenidos de Madrid que de la periferia, tal y como lamentaron Francés y D’Acosta.

«O te subes al carro o te quedas atrás. El formato de crítico está cambiando», sentenciaba D’Acosta, que planteaba la opción de buscar nuevas fórmulas de difusión del arte a través de canales como Youtube y un lenguaje más cercano. Pero entonces, ¿se le llamaría crítica de arte? Para Solana, no. «La crítica de arte como género discursivo está asociado a un soporte y lo que va a venir es la transformación del discurso bajo unas formas que no sé si son compatibles con lo que entendemos como crítica de arte, una reflexión más pausada. Los géneros también nacen y mueren», sentenció. Pero no todo está perdido para Francés: «¡He oído tantas veces que la pintura ha muerto porque simplemente estaba cambiando!».

No es la única amenaza que acecha a la crítica. D’Acosta hizo hincapié en la «absoluta precarización» que vive un oficio «duro que requiere gran capacidad de trabajo» y de conocimientos. 30 euros le pagaron en una ocasión por cruzarse medio país para hacer la crítica de una exposición. Y Solana alertó de los peligros de fundir o «confundir» crítica y crónica: «La crónica interesa más que la crítica, pero en la crónica de contrabando se cuela crítica de arte, información subjetiva a veces propagandística, a veces de animadversión».

Le quede larga vida o no a la crítica de arte, quien sí tiene (o debe) tener fecha de caducidad es el propio crítico. «Es una profesión que no debe ejercerse mucho tiempo», dijo Solana. Justo hasta el momento en el que, como apuntó Francés, todos «te ponen cara». Galeristas, artistas y críticos entablan con el tiempo una relación que «condiciona» la imparcialidad. «En la crítica de arte se vive muy bien en el anonimato», apuntó Francés. Quizás en eso ayuden las redes. «En Facebook hay quien hace comentarios my certeros y con muchas menos presiones que cuando se escribe en otros medios», señaló D’Acosta.