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El artista ante su espejo en el Prado

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La pintura 'Huyendo de la critica' (1874), de Pere Borell del Caso, en la exposición 'Metapintura'. / J.R. Ladra

  • 'Metapintura' es un viaje de tres siglos al corazón de la pintura, de la modernidad a la contemporaneidad

  • Velázquez y Cervantes son los puntales de un muestra que reflexiona sobre la esencia y la percepción del arte mediante un centenar de obras maestras

"Esta exposición es un espejo ante el que se mira el Prado, sus artistas y el arte". Así resume Javier Portús 'Metapintura', la ambiciosa muestra que con el explícito subtítulo de 'Un viaje a la idea del arte' acoge el Museo del Prado. Portús, jefe del Departamento de Pintura Española y toda un autoridad en el barroco y el Siglo de Oro, es el comisario de esta potente exposición que indaga en la esencia del arte, en cómo cambió su concepción y su percepción entre creadores, coleccionistas y espectadores a través de un recorrido de tres siglos, de principios del XVI a finales del XIX. Esto es, de la modernidad la contemporaneidad.

Velázquez y Cervantes son dos de su puntales, dos genios que se cuestionaron la función de la creación a través de sus obras maestras, del 'Quijote' y 'Las meninas', dos poderosas reflexiones sobre la esencia de la literatura y de la pintura, sobre el arte en sí mismo y la posición del artista. "Pero que nadie se equivoque; no estamos en un mano a mano entre Velázquez y Cervantes" advierte Miguel Zugaza, director del Prado. "Estamos ante un reto intelectual, un itinerario por la idea del arte, cuando esta se vuelve sobre sí misma, a través de la flor y nata del museo", precisa.

Y en efecto 'Metapintura' es una larga e intensa reflexión sobre el tema de la autorrepresentación del propio arte, y en especial sobre la pintura, que permite "releer" la colección del Prado y contemplar las obras articuladas en un contexto inédito a través de piezas maestras de Tiziano, El Greco, Rubens, Velázquez, Zurbarán, Murillo o Goya, entre muchos otros. Se inicia con un 'Cristo crucificado contemplado por un pintor' de Zurbarán y concluye con un conmovedor 'Cristo yacente' esculpido por Agapito Vallmitjana con el rostro del pintor Eduardo Rosales, y que evidencia el cambio de paradigma.

Este viaje al centro del arte, a su alma, se inicia con los relatos mitológicos y religiosos sobre los orígenes de la actividad artística en los albores de la Edad Moderna y finaliza en 1819, el año de la creación del Museo del Prado. Una institución concebida como templo de las artes, y que supuso, a comienzos del siglo XIX, la entronización de éstas como material útil a la sociedad.