Diario Sur

El regalo

El regalo
/ Sr. García .
  • Últimamente apenas hablamos, como si las caretas hubieran absorbido nuestra personalidad

El otro día María del Mar y Antonio nos regalaron a Blanca y a mí dos caretas de Messi. «Para que cada vez que os miréis os queráis más», dijo María del Mar con tono irónico. Al llegar a casa nos las pusimos y comenzamos a jugar al fútbol y hacer malabarismos sin balón por todas las habitaciones. Luego nos fotografiamos con las máscaras y la camiseta de Messi que nos ponemos en las grandes ocasiones. Les envié una foto de los dos juntos con un mensaje que decía: «Vuestro regalo nos ha transformado». Y era cierto, nunca antes imaginé que nos influyera tanto algo tan simple. También envié un guasap a los amigos con otra foto en la que posaba yo solo tomando una cerveza delante de la biblioteca del salón con la careta de Messi y el siguiente mensaje: «Mirad quién está en casa». Sólo nos quitamos las caretas cuando salimos a la calle porque no queremos tener que parar constantemente para hacernos selfis con desconocidos y firmarles autógrafos. Al llegar la noche, cenamos y después de ver una peli nos acostamos. Entonces me invade una sensación extraña, como si hubiera alguien más en la cama. No sé si a Blanca le ocurre lo mismo, no me atrevo a preguntárselo porque temo que confirme lo que sospecho desde el instante en que cambiamos de cara. A veces, ni yo mismo tengo claro quién soy. Todavía ignoro si formamos una pareja, un trío, incluso una doble pareja o un póker de ases. Messi nos mira con expresión de asombro sin decir nada. Me pregunto qué piensa, cómo se encuentra en casa, qué sensación le produce estar presente en nuestras vidas de forma continua como si no existiera nadie más en el mundo.

Al principio manteníamos una relación divertida. Sin embargo últimamente apenas hablamos, como si las caretas hubieran absorbido nuestra personalidad hasta convertirla en una máscara. «Quién eres, dónde estás, qué piensas», pregunto. Ella no responde, él tampoco. Nos quedamos mudos delante del televisor. Messi está jugando en la pantalla. Lo observo marcar goles, levantar las manos y señalar el cielo con los dedos índice. Vuelvo la cabeza y lo veo a mi lado, impasible, triste, como si estuviera mirando imágenes antiguas. Después nos acostamos igual que todas las noches hasta quedarnos dormidos con los ojos abiertos. No tengo ni la más remota idea de los pensamientos que se ocultan tras ese rostro impenetrable.

Ayer me encontré por la calle con Antonio y María del Mar. Lo primero que hicieron fue preguntar por Messi. Les dije que estaba en casa con Blanca y se echaron a reír. Añadí que la pareja era cosa de tres. No quise desvelar más detalles.