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Sevilla propicia el reencuentro de Velázquez y Murillo

Gabriele Finaldi, Josep Borrell, Antonio Pulido, y la consejera andaluza de Cultura, Rosa Aguilar.
Gabriele Finaldi, Josep Borrell, Antonio Pulido, y la consejera andaluza de Cultura, Rosa Aguilar. / Efe
  • Una exposición en la capital andaluza muestra confrontadas 19 obras de los maestros del Barroco como antesala de la conmemoración en 2017 del cuarto centenario del nacimiento del segundo

Diego de Velázquez nació en 1599 en Sevilla y se trasladó a Madrid en 1623. Bartolomé Esteban Murillo nació en 1617 en la misma ciudad. Aún coetáneos, no hay documentación que confirme que ambos pintores se conocieran, entablaran amistad y tuvieran alguna relación, aunque la lógica hace pensar que sabían el uno del otro y alguna vez pudieron coincidir. Lo que no cabe duda es que, al menos Murillo, conoció la obra de Velázquez, sobre todo de su etapa joven en Sevilla. Así lo cree Gabriele Finaldi, comisario de la exposición 'Velázquez. Murillo. Sevilla' que exhibe confrontadas por primera vez obras de los dos maestros del Barroco con similitudes de temáticas y ambientes bajo la influencia de la ciudad andaluza.

Con esta muestra la Sevilla que les vio nacer a la vida y al arte universal propicia un reencuentro insólito de los dos artistas a través de 19 de sus pinturas, nueve de Velázquez fechadas entre 1617 y 1656 y diez de Murillo de los años 1645 y 1680 . Una confrontación buscada para mostrar una relación “ideal más que directa” de los dos artistas, apunta Gabriele Finaldi, director a su vez de la National Gallery de Londres, quien recuerda que sirve, además, de “preludio” o “antesala” de las grandes celebraciones que se preparan para conmemorar a lo largo de 2017 el cuarto centenario del nacimiento de Murillo.

Hasta ahora los expertos han rehuido la comparación entre los dos genios y, sobre todo, hablar de influencias. “Velázquez es más intelectual, más pensador”, apunta Finaldi. “Murillo es un pintor que aporta prestigio del oficio, pero no tiene las preocupaciones teóricas” de Velázquez, añade. Para el comisario, la idea de la muestra puede resultar “atrevida”, pero se expresa convencido de “merecer la pena” por la importancia internacional del Año Murillo y de los dos artistas.

La exposición ha sido organizada por la Fundación Focus Abengoa y el Ayuntamiento de Sevilla y cuenta con la colaboración del Museo del Prado y la Consejería de Cultura de la Junta. Para hacer posible la selección innovadora de Finaldi y mostrar cruzados lienzos de uno y otro maestro con inconografías paralelas se han recabado préstamos de grandes museos internacionales y colecciones privadas: Además del Prado, hay cuadros del Louvre, National Gallery, Meadows, Kunsthistoriches, The Frick Collection, Wellington Collection, Dulwich Picture, Nelson Atkins, Museo de Orleans y el Fondo Cultural Villar Mir.

Por primera vez pueden admirarse juntas las “maravillosas pinceladas” de las dos Inmaculadas de Velázquez, la de la National Gallery y la de la Fundación Focus, junto a las de la Inmaculada Concepción de Murillo perteneciente al Nelson Atkins Museum de Kansas City, nunca antes expuesta en España. La elección de esta entre las más de 40 Inmaculadas de Murillo se debe, sobre todo, a la proporciones similares de los tres cuadros. Otro trío de interesante contraste es el formado por las patronas de Sevilla: la Santa Rufina de la Fundación Focus que pintó Velázquez en 1635 y la Santa Justa y Santa Rufina pintadas por Murillo hacia 1660 del Museo Meadows de Dallas.

A Velázquez y Murillo les preocupó dejar testimonio de su aspecto físico y de su prestigio social. La exposición confronta el 'Autorretrato juvenil' de Velázquez, propiedad del Prado, y un autorretrato de Murillo con 40 años pintado sobre una losa fingida de piedra indestructible, como ansía que será su fama. Los dos cuadros conforman uno de los varios dúos de la muestra.

Esta se cierra con otro trío, el formado por el lienzo de Velázquez 'Dos mozos comiendo', prestada por Apsley House, y las composiciones de Murillo: 'Niño espulgándose', cedida por el Louvre, y 'Tres muchachos', procedente de la Dulwich Picture Gallery. La obra de Velázquez, retratando en tonos terrosos y tristes una escena de gente humilde, está fechada un año antes de su marcha a Madrid. Finaldi observa que el pintor experimentó con una temática de índole social o proletaria, dibujando objetos modestos como cántaros, pero que luego abandonó tras su traslado a la Corte. Murillo retomó acercarse a la realidad cotidiana de las calles de Sevilla como queda patente en la muestra. Su 'Niño espulgándose' es a ojos del comisario la pintura “más velazqueña' de Murillo en la exposición. “No son cuadros dulces, recogen algo más”, sugiere. Para el director de la National Gallery y comisario de la muestra ese “algo más” es la influencia de la vida de Sevilla en los dos pintores.

La exposición podrá visitarse en el Hospital de los Venerables de la capital andaluza desde mañana hasta el 28 de febrero. En su inauguración ayer acudieron la consejera de Cultura, Rosa Aguilar, el vicepresidente de la Fundación Abengoa, Josep Borrel, autoridades de Sevilla y representantes de los museos colaboradores.