Diario Sur

El comercio cultural se resiste a bajar el telón

El comercio cultural se resiste a bajar el telón
  • Librerías, tiendas de discos y videoclubs llevan años sufriendo la revolución digital, la piratería y la competencia «desleal» de Internet. El cierre de Candilejas o Rayuela Idiomas ha encendido las alarmas de un sector que lucha por adaptarse y sobrevivir

  • Los comerciantes no consideran a Amazon el enemigo, sino las leyes que le permiten no pagar los impuestos en España por sus ventas en nuestro país

Un libro está a sólo un golpe de ratón y te lo llevan a casa en apenas un telediario. Las películas a la carta están ya disponibles en el mando a distancia de las televisores inteligentes y el ‘spoty’ ha cambiado la afición por los discos por las listas de canciones a gusto del consumidor. En todas las casas hay cámaras digitales con excelentes ópticas y cualquier usuario de ‘smartphone’ lleva ya un equipo de filmación HD en el bolsillo. ¿Quién necesita un fotógrafo profesional? La alianza de la tecnología e Internet ha tenido una efecto devastador sobre el comercio tradicional y, particularmente, las pequeñas tiendas ligadas a productos culturales que, además de la crisis económica y el infatigable pirateo, han tenido que sortear una auténtica revolución en los hábitos de consumo. El cierre hace unos días de la emblemática librería Rayuela Idiomas en la plaza de la Merced se unía a la de otra firma de referencia en la literatura infantil, Li-bri-tos, unos meses antes o la voz de alarma lanzada por Luces por su difícil situación financiera. El próximo día 15 de noviembre bajará la persiana la tienda de discos más (re)conocida de Málaga, Candilejas, que lleva año y medio en concurso de acreedores. El popular videoclub El Torcal de la Carretera de Cádiz ponía el ‘the end’ a su vida de película a comienzos de este año. La reconversión digital ha obligado a cerrar muchos comercios que formaban parte de nuestro imaginario colectivo, aunque los propios empresarios están demostrando que bajar el telón no es la única respuesta. Rayuela se ha hecho fuerte en su otra librería de calle Cárcer, los empleados de Candilejas buscan un local para hacer realidad eso de que los viejos rockeros nunca mueren y el videoclub Harmony sigue llenándose los viernes y sábados con los sueños de cine de sus clientes. Esta semana el estreno es la nueva versión de ‘Independence Day’. No está mal como metáfora de la lucha de estos pequeños comercios contra el coloso extraterrestre de Internet.

Desde Candilejas apuntan una de las causas que ha provocado la situación actual: Amazon y sus discípulos. Pero lejos de demonizar el comercio electrónico, el empresario José Antonio Castañeda sitúa la aguja en la pista exacta. «Venden los discos incluso más baratos de lo que a mí me cuesta porque no pagan impuestos en España, sino en países con una baja fiscalidad», afirma el propietario de Candilejas, cuyas estanterías ya aparecen vacías por la liquidación de cedés y vinilos. «Eso es desleal», le secunda Juan Manuel Cruz, de Rayuela, que, por si hay dudas, aclara que no tiene nada en contra de Internet. «Esta nueva forma de comprar de la gente no tiene vuelta atrás; nosotros también estamos ahí y atendemos pedidos ‘on line’. El que considere que Amazon es el enemigo se equivoca, son las leyes que le permiten que no tribute en nuestro país por sus ventas aquí», aclara el librero que añade que no pide «subvenciones o ayudas, sino que los pequeños podamos competir en igualdad con los gigantes».

Desde que empezó la crisis, las ventas en Rayuela han bajado un 50% y de once personas en plantilla quedan ahora cinco. La caja tampoco es la misma en Olimpia, la meca a la que debe peregrinar todo aficionado a la pintura y las bellas artes. Sitúan su descenso de facturación en un 10% y el negocio sólo alcanza para vivir a sus dos propietarios «dedicándole las 24 horas del día», dice Pilar Peña desde el otro lado del mostrador de su veterana tienda de calle Méndez Núñez.

Su caso es uno de los pocos que resiste en el centro, donde cualquier bar o cadena de moda nacional cotizan sus alquileres al alza y expulsan al resto de actividades a los barrios. Esa fue la opción del estudio fotográfico de la familia Durán, cuya tercera generación, David Durán, ha encontrado espacio y amplitud en el Camino de los Almendrales desde el céntrico local que regentaba su padre Antonio en calle Santa María décadas atrás. «La fotografía digital ha cambiado el negocio, pero los reportajes de bodas vuelven a vivir una nueva época dorada», señala David que explica que el profesional no sólo tiene que saber ‘tirar’ fotos, sino también ser un mago del ‘photoshop’. «Puedes mejorarla, pero si la imagen no es buena no hay nada que hacer», aclara para los que piensan que con el ratón y unos filtros todo se puede arreglar.

Un precio imbatible

En un barrio, Cruz de Humilladero, también levanta la persiana el videoclub Harmony, el más veterano de los pocos que quedan vivos. Décadas atrás, la tienda de alquiler de vídeos de Juan Mayorga era una más, ya que en su zona llegó a censar él mismo 26 videoclubs. Hoy no es solo el único, sino un caso singular en la propia capital. A principios de este año se calculaba de que en España quedaban unos 600 locales de alquiler de películas, pero en sólo unos meses la Asociación de Empresarios Mayoristas del Sector Videográfico (Anemsevi) reduce ya la cifra por debajo de 500. En Málaga no hay datos específicos, pero el sector calcula que en la provincia siguen funcionando una veintena.

Entre ellos, el infatigable Harmony, cuyo secreto es el precio y la renovación diaria de su cartelera. «Cada semana recibo cinco estrenos como mínimo», sostiene Mayorga, que convence a cientos de clientes diarios con una tarifa plana de 1,5 euros por película. Las últimas que le han llegado son la terrorífica ‘Expediente Warren 2’ o la comedia descerebrada ‘Un espía y medio’. Verlas en la tele a la carta o en Internet en descarga legal cuesta cuatro euros. «Aquí la tienen más barata y, además, la gente me dice que por un euro y medio no vale la pena perder el tiempo que se gasta en piratearla», afirma con una sonrisa triunfante.

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