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Cristóbal Gabarrón. :: sur
Cristóbal Gabarrón. :: sur

«El color nunca se equivoca»

  • «No creo en el arte para unos pocos», dice el artista murciano, que ha plantado en Ginebra una pieza de 24 toneladas

  • Cristóbal Gabarrón Escultor

Ciudadano del mundo, artista global con estudios en Nueva York, Shanghái, Valladolid y la localidad pontevedresa de Bueu, Cristóbal Gabarrón (Mula, Murcia, 1945) ha plantado en Ginebra 24 toneladas de esperanzado arte solidario. Una instalación luminosa y colorista que celebra la diversidad del ser humano y su capacidad para mejorar y conservar el planeta. Naciones Unidas le encargó 'Universo de luz' para celebrar su 70 aniversario y sus valores primordiales. La obra estuvo en Nueva York y llegó a Europa el mismo día en que la ONU cumplía 71 años para invitarnos a construir un futuro posible.

¿Celebra lo mejor del ser humano?

Sí. Y la lógica absoluta de los Derechos Humanos. Expresa el respeto a las diferentes visiones en un mundo tan convulso como el que vivimos. La diferencia de ideas y de creencias individuales. Los sueños y los fantasmas de cada uno. Por eso su esfera se divide en casi 2.000 triángulos de acero, espejos que mezclan el reflejo del espectador con el de una espiral de seres humanos diversos y unidos. Eres tú mismo, pero hay muchas formas de verte.

¿Te obliga a verte en el otro?

Eso es. Y por eso es una celebración de la diferencia. Te invita a escuchar y respetar.

La esfera y la espiral, primordiales en la naturaleza y el cosmos, lo son en esta obra.

La génesis de todo. La esfera es símbolo de perfección para casi todas las culturas. A la vez, es cósmica. Pero esa esfera, natural o humana, es perfectible. Es ahí donde aparece la espiral, como secuencia de compromiso, para simbolizar lo que Naciones Unidas quiso transmitir en su 70 aniversario. Los derechos y el respeto máximo al ser humano. Son 70 figuras, una por cada año, y representan a todas las etnias, a las mujeres, niños, discapacitados, viejos... Todas te dicen que si le das la mano de al lado empezamos a pensar y a tener otra perspectiva del futuro.

Sencillo concepto, pero de enorme complejidad técnica.

La complejidad aparece también cuando tratas de abordar conceptos muy sutiles. Hay que preguntarse, mirar, e insistir hasta formularlo. Eso supone una gran complejidad. Mi gran ventaja es tener un buen equipo y un hijo ingeniero que resuelve la parte técnica. Es una pena que el interior de la esfera no se vea. Su belleza técnica es extraordinaria.

Gabarrón es color. ¿Tan primordial en esta pieza como en toda su carrera?

Sí. En mi viaje del realismo y el hiperrealismo a las abstracción absoluta el color lo ha sido todo. En él hallé el lenguaje con el que me siento profundamente realizado. El color nunca se equivoca. Siempre es el autor quien yerra, ya sea en el manejo del color o en el uso de las escalas. En estos últimos 20 años mi definición es el color. Otra cuestión es incorporarlo a la escultura.

La vocación pública de sus obras ¿es también determinante?

Claro. Es una invitación a integrarse plenamente en la obra, a tocarla, sentirla y vivirla. No creo en el arte para unos pocos. Por eso me interesan las obras públicas. Cualquier creador debe aspirar a comunicarse con el mayor número posible de semejantes. La interacción facilita la experiencia y la comprensión. Cuando trabajas en obras para un museo o una sala se impone el carácter intimista. El diálogo es de paso corto y prima el silencio. En la obra pública ese control es más difícil. Necesitas colaboradores, ingenieros... Dependiendo del material pierdes ese dominio. Has de pensar dónde estará y cómo quieres que participe la gente. Ser consciente del entorno. La luz en una sala está controlada. En un espacio público cambia, hay lluvia, frío, calor, nubes, ruido... Debes lograr que la obra se imponga. Todo cambia, como las personas que la contemplan. Su percepción será distinta a cada instante. El ánimo, el clima, todo genera lecturas diferentes en cada persona que se encuentra con ella.

¿Domina los materiales o le dominan?

Con las obras de gran dimensión hago una serie de bocetos, creo la idea y veo si funciona o no. Las que cuajan pasan a las maquetas de cartón. A partir de la tercera maqueta vislumbro la escala y el material. Puedo decir si será de hierro, acero o cualquier otro material. Es fácil entenderse con el material, excepto con la piedra.

¿La piedra le exige más?

Sí. Yo no hago como los clásicos: quitar la piedra que sobra y dejar lo que es importante. La piedra tiene una personalidad y tengo que discutir con ella. No vale defender que quiero arrancarle una obra. El diálogo con las piedras es diferente. La única que lucha, que se resiste y que te va dominando es la piedra. Los demás materiales son moldeables y no hay ningún problema.

¿El azar es un aliado o un enemigo?

Siempre un aliado. Es lo que te da opciones, te abre caminos realmente creativos. El azar aporta la frescura de la obra. Sin esa frescura estás perdido. Y sin frescura no hay emoción.