Diario Sur

«Nos faltan héroes que nos impulsen a pegar un puñetazo en la mesa»

Andrés Pascual rinde homenaje con esta novela a quienes trabajaron en la construcción del monumental Taj Mahal.
Andrés Pascual rinde homenaje con esta novela a quienes trabajaron en la construcción del monumental Taj Mahal. / Fernando González
  • Andrés Pascual, escritor. Dejó una vida acomodada para dedicarse al viaje y la literatura. De la fusión de ambas pasiones nace ‘Taj’, Premio de Novela Alfonso X El Sabio

Fue abogado durante 20 años hasta que dijo basta. «Si seguía como estaba, me hundía en un pozo», reconoce Andrés Pascual. Cortó de raíz con esa vida acomodada que le ahogaba e hizo del viaje y de la escritura su camino. De la fusión de ambas pasiones nace ‘Taj’ (Espasa), su particular homenaje a los miles de constructores que levantaron el palacio más bello del mundo y que le ha valido el premio de Novela Histórica Alfonso X El Sabio. Porque si la mayoría de los libros sobre este monumento se han escrito «desde la pulcritud del balcón real», él lo hace ahora desde «el barro de los cimientos». El protagonista, tal y como hizo él, dejó su zona de confort para perseguir un sueño.

–Con lo viajero que es, esta novela tuvo que nacer de un viaje...

–En realidad nace de dos viajes. Visité el Taj Majal por primera vez hace 13 años y cuando regresé a la India para hacer un circuito por la línea de control de la ONU en Cachemira, que estaba en tregua, me volví a escapar un par de días a Agra. Aquel día juré que escribiría esta novela porque tengo la prueba en la cartera, que es el ticket de entrada al Taj Mahal.

–¿Por qué lo tuvo tan claro?

–Me pareció el edificio más maravilloso del planeta y pensé que se merecía un homenaje. No el edificio en sí mismo, sino los trabajadores. Lo más importante de ‘Taj’ es que es un homenaje a los 20.000 héroes que lo levantaron. Cuando empecé a investigar me sorprendió que hubiese tan pocas novelas escritas sobre el Taj Mahal y que, además, lo hicieran de forma tangencial. Y me sorprendió mucho más que no hubiese ninguna que hablase de los trabajadores, creía que se merecían sus propios ‘Pilares de la Tierra’. Todas estaban escritas desde la perspectiva de los emperadores, desde la pulcritud del balcón real. Y yo quería escribirla desde el barro de los cimientos.

–Es una historia pasada que le sirve para hablar de temas actuales: desde el fanatismo al choque de creencias o el abuso de mujeres.

–He pensado muchas veces en Andalucía al escribirla, porque sois el foco de la convivencia de civilizaciones y de lo bueno que resulta de eso. Convivir no es fácil, pero es el único camino. Lo hemos ido comprobando a lo largo de la historia. El Taj Mahal es el símbolo de esta tolerancia y esta convivencia. Nace en un momento en el que el islam y el hinduismo se funden sin ningún tipo de segundas intenciones, más allá que crear la belleza absoluta. Al poco de terminarse el edificio llega el integrista de la familia y lo destruye, hecha por tierra todo lo construido por sus padres, abuelos y tatarabuelos en los últimos 200 años. Es algo que ya sabemos pero que tampoco viene mal recordar.

–La historia se repite...

–Por eso es precioso el Taj Mahal, porque es un símbolo de cómo tienen que ser las cosas: el amor incondicional, desde el punto de vista de la fusión sin intereses ocultos. Hasta entonces se habían fusionado elementos de distintas tradiciones buscando lanzar un mensaje subliminal a la población. El Taj Mahal mezcla elementos buscando la belleza, por eso es único en el mundo.

–El amor, al final, es el motor de todo.

–De esta novela, de esta entrevista, de todo. En esta novela se funden dos tipos de amor. El Amor con mayúsculas del emperador hacia su esposa fallecida, y el amor en minúsculas de un don nadie del desierto que se lanza a combatir todos los convencionalismos para buscar a su amada que está recluida en el harén. Y ambos amores son igual de grandiosos.

–Y el héroe resulta que es un tipo de la calle, Balu.

–Porque casi todos somos tipos de la calle, y nos hacen falta héroes, reales o de ficción, que nos muestren que es posible revelarse ante las cosas que no funcionan y nos empujen a pegar un puñetazo en la mesa. Y Balu lo hace desde el momento en el que se enfrenta a todos los convencionalismos, no solo a los que hoy persisten sino incluso a las castas tan duras que encorsetaban a la población en aquel momento. Tiene un punto de épica muy saludable en nuestro mundo actual.

Cualquier tipo de la calle se puede revelar ante lo que sucede, un mensaje muy propio para estos días.

–No es que se pueda, es que debe. Como me dijo un sabio por los montes del Himalaya, vivir no es un derecho, es una obligación y una responsabilidad. Tenemos que estar a la altura de tanta fortuna, por lo tanto, basta ya de esconder la cabeza o darle vueltas a la noria como un hámster.

–Imparte charlas de motivación. ¿Hay algo de eso en este libro?

–Inconscientemente, sí. Presentando el libro me he dado cuenta de que la gente salía más encendida que con las charlas de motivación. Porque estás respirando una historia de verdad, que al final son las que nos mueven. Balu podía haberse quedado en su espacio de confort, en lo conocido, porque nos anclamos a rutinas nocivas aun a sabiendas de que nos están destruyendo por dentro. Pero se enfrenta a un mundo complejo sin importarle lo que le va a costar conseguir su destino.

–Usted, como Balu, dejó su espacio de confort. Dejó la vida acomodada de un despacho por la inestabilidad de la literatura y los viajes. ¿Es un valiente o un inconsciente?

–Creo que habrá 50 y 50. Pero es muy divertido.El día que decidí dar el paso definitivo sabía que la literatura estaba en sus horas más bajas, pero ¿qué iba a hacer? ¿quedarme aquí lamentándome hasta el último día de mi vida y darme cuenta de que he desperdiciado el viaje de mi vida? Yo miraba para atrás y no veía ningún pasado, miro para adelante y no veo más futuro que el pueda construir ahora. El único momento cierto era el ahora. Tenía clarísimo que si seguía como estaba, me hundía en un pozo.

–Pero, aunque suene maravilloso romper con todo y buscar tu propio futuro, no debe ser nada fácil.

–No, no, es muy difícil, pero lo más importante es darte cuenta de que el mundo es así, es una montaña rusa llena de cimas y de valles. Pero no es una tragedia, es algo natural, y en el momento en el que lo asumes así, deja de preocuparte. El problema es estar constantemente lamentándonos o intentar evitar las dificultades.

–Este premio le hará la vida un poco más fácil...

–Por eso doy gracias cada mañana en el espejo, porque me permite seguir escribiendo con más tranquilidad.

–¿Qué ha descubierto con esta forma de vivir que antes no sabía?

–(Se lo piensa) Sobre todo, distintas formas de mirarte a ti mismo. De un viaje a la India traes fotografías maravillosas, pero sobre todo un espejo que permite contemplarte a ti mismo de diferente forma. Eso implica aprendizaje y crecimiento, que es para lo que estamos aquí. Yo no soy buena persona, quizás, pero soy mucho mejor persona que cuando me miraba al espejo y no me reconocía porque estaba viviendo una vida de otro.

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