Diario Sur

 La escritor Hanya Yanagihara. :: Emilio Naranajo /  Efe
La escritor Hanya Yanagihara. :: Emilio Naranajo / Efe

Autopsia de una amistad

  • Hanya Yanagihara asegura que «sentí que escribir era mas importante que vivir»

Hanya Yanagihara (Los Ángeles, 1976) tenía diez años cuando su padre, forense, le hizo presenciar una autopsia. Lejos de aterrorizarla, fue un experiencia iluminadora para esta escritora que con su segunda novela ha escalado a la cima del reconocimiento literario. 'Un poco de vida' (Lumen) es un autopsia de la amistad entre hombres. Recorre la vida de cuatro amigos de la universidad a la madurez: J. B. artista negro y homosexual, Malcolm arquitecto de buena cuna, Willem actor, y Jude, abogado con un pasado terrible de abusos y prostitución.

Una novela de más de 1.000 páginas que no tiene piedad con el lector. Quien se estremeciera con 'Instrumental' de Jame Rhodes y su minuciosa descripción de los abusos sexuales que padeció en su infancia, que se prepare para páginas aún mas crudas y descarnadas. Yanagihara describe con lacerante y a veces insoportable detalle las automutilaciones a las que se somete Jude, verdadero protagonista de este vasto mapa de abusos, amor, amistad y abandono, un fenómeno en Estados Unidos. «Cabe decir que el libro es una autopsia de una amistad poderosa, pero no necesariamente más fuerte que el amor sexual», dice la autora. «Es posible una amistad tan intensa como un romance, libre de erotismo y de la trampas del deseo», acota.

Aquella autopsia «fue una gran experiencia, una lección extraordinaria de anatomía moral que me enseñó que los cuerpos son trasparentes, lo contrario que las emociones, y que hay que mirarlos siempre con sorpresa», dice la autora de libro del año para 'The New York Times' y que ha vendido más de medio millón de copias. Uno de sus empeños es demostrar que «nadie puede huir de su cuerpo y que jamás te puede dar asco».

Tan horribles como las laceraciones que se inflige el protagonista y que ponen a prueba al lector. «No recurrí a la violencia para impresionar a nadie. Lo hago porque es parte de Jude. Su forma de responder a la ira que ha acumulado en su vida», explica Yanagihara. «Lo único que tiene es su atodegradación, la autodestrucción continua de su cuerpo, un comportamiento propio de muchas adicciones», dice. «Destrozar su cuerpo es afirmarlo como propio. Maltratarse es la única forma que Jude tiene de curarse», plantea.

El fajado crítico de 'Los Ángeles Times' lloró al leer estas escenas terribles. «No lloro fácilmente y no lloré al escribirlas, pero sí lo hizo mi lector de confianza», dice Yanagihara. «Pero tengo muy claro -agrega- que si intentas escribir algo lacrimógeno no tendrá peso. Que si busca las lágrimas, nadie llorará».

No sabe si las terribles heridas de los abusos tienen cura. «Los sentimientos tienen memoria y para algunas personas no hay manera de superar traumas tan terribles como el abuso sexual en la infancia. Llega el momento en que una persona se rompe y no se puede calibrar hasta qué punto. Para muchos no hay forma de superar esos momentos, pero creo que son capaces de compensarlo de forma maravillosa y se liberan de esa tortura. Los personajes de este libro no han podido» explica la autora.

Estado febril

No cree que sea paradójico un título como 'Tan poca vida' para un libro que encierra tantas vidas. «Tanto si eres 'brooker' en Wall Street, como un campesino en la india, todas las vidas son igual de valiosas, igual de grades o igual de pequeñas. Una vida es un compendio de amor y de amistad, y eso las iguala a todas», dice.

Escribió la novela durante año y medio de estado febril. «Sintiendo que la literatura era más importante que la vida» ¿Eso no es muy es peligroso? «Sí, desde luego, pero es un subidón. Llega un momento que escribir es más importante que vivir. Es fugaz y no es sano. Lo sé. Has de recordar que la gente que te rodea es más importante que el arte. Que el arte no debe ser jamás una excusa para que seas un gilipollas. Debes saber crear y vivir, sabiendo que crear es un don aunque el tema que trates sea oscuro», aventura.

Hija de japonés y coreana, periodista de viajes en la revista de 'The New York Times' durante dos décadas, aun no se explica la repercusión de un libro que su editor quiso mutilar. «No salgo de mi asombro. Los editores lo compraron por nada, después de que mi primera novela pasara sin pena ni gloria. Sabía que encontraría el aprecio de acaso decenas de lectores, pero ya son cientos de miles», se ufana.