Diario Sur

Radiografía emocional del 'Guernica'

Eugenio Chicano mira sur reloj antes de la charla en presencia de Eduardo Martín Toval.
Eugenio Chicano mira sur reloj antes de la charla en presencia de Eduardo Martín Toval. / Ñito Salas
  • Eugenio Chicano se asoma al icono picassiano en el 35 aniversario de la llegada del cuadro a España

Hay un par de bancos llenos de chicas, apenas adolescentes, tomando notas aplicadas como si estuvieran en clase. El salón de actos está lleno y aún así el calor humano no merma la potencia de la ventilación refrigerada, que desmiente el verano asomado casi a noviembre y deja un helor metido entre los huesos. La señora de al lado se sube el pañuelo hasta taparse la boca y Chicano mira el reloj. Porque Chicano es puntual y pasan algunos minutos de la hora establecida. El trance dura poco y el pintor, tras las presentaciones protocolarias, toma asiento y saca un puntero láser de luz roja.

Eugenio Chicano enfila los primeros compases de la conferencia. Título largo: ‘El Guernica en el 35 aniversario de su llegada a España. Evolución, aciertos y arrepentimientos en su proceso creativo’. Y durante una hora de reloj –Chicano y los tiempos–, el artista desmenuza el icono picassiano como quien desnuda a un viejo amante, delicado y decido, deteniéndose en los detalles, en los pliegues que para otros pasaron inadvertidos, en los surcos como tajos de navaja, en las heridas repasadas mucho tiempo antes y, con suerte, durante mucho tiempo todavía.

«Dentro de la prisa y el drama, no hay una duda. Picasso sabe muy bien lo que quiere», afirma Chicano justo el día que se cumplen 135 años del nacimiento del artista. Viaja Chicano a las semanas posteriores al bombardeo salvaje, a los días febriles de 1937, entre el 11 de mayo y el 4 de junio, en los que Pablo Ruiz Picasso hizo aquel incesante trayecto de ida y vuelta, de rodeos y decisiones, que le llevaron a su obra de mayor potencia icónica. «Es el cuadro del siglo XX y también de lo que llevamos de siglo XXI», zanjaría Chicano en las líneas finales de su ponencia, cerrada con una media verónica de emoción.

Las fotos de Dora Maar

En el jardín de senderos del ‘Guernica’, Chicano usa como bastón las fotografías de Dora Maar que documentaron el proceso creativo de la enorme tela. Desde el primer boceto del 1 de mayo, aquel cuadro en blanco, menudo, con el «toro amable y el caballo herido o parturiento de un Pegaso que desaparece»; hasta las tentativas sobre la posición de las figuras o el fondo mismo.

El 11 de mayo llega la primera tela. Hay un puño en alto con «trigo y amapolas». Pero aquel no será el camino. «Picasso se da cuenta de que el grito no puede dejarlo sólo a la izquierda, tiene que ser un grito universal, no suscrito a una ideología», defiende Chicano en la charla promovida por la Fundación Aduana-Museo de Málaga, que él mismo preside y ahora revitalizada en los estertores de las dos décadas de espera para ver de nuevo abierto el museo provincial.

Sigue Chicano buceando en el ‘Guernica’. «Un grito sin sangre (…) usado hasta el fetichismo». Una obra que es «una lección de pintura a los pintores». Y para el resto, si la explica Chicano.