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Del último Románov a Pedro II de Rusia y Christian Dior

El diseñador Christian Dior.
El diseñador Christian Dior. / SUR
  • Tal día como hoy nacía quien tendría el dudoso honor de ser el último zar de la línea masculina de los Románov, y moría el diseñador que revolucionó la moda de posguerra

Tal día como hoy nacía Pedro II de Rusia, quien tendría el dudoso honor de ser el último zar de la línea masculina de los Románov, y moría Christian Dior, que revolucionó la moda de posguerra con unos diseños inspirados en las corolas florales.

Pedro II de Rusia. 23/10/1715-29/1/1730

El 23 de octubre de 1715 nacía en San Petersburgo el nieto de Pedro el Grande, quien tendría el dudoso honor de ser el último zar de la línea masculina de los Románov. Antes de ser coronado en Moscú, Pedro había tenido como tutor al matemático prusiano Christian Goldbach, que enunció una conjetura homónima según la cual todos los números pares mayores que dos se pueden representar como la suma de dos números primos. A Pedrito sin embargo, convertido en zar a los doce años, más que los números primos le interesaba el sexo con un primo sin numerar y con una tía reiteradamente conjeturada por la Conjetura Débil de Goldbach, aunque su entorno decidió, alcanzada zarescamente la provecta edad de quince años, desposarlo con la princesa Catalina Dologorúknova con el propósito sucesorio de engendramiento de herederos en la matriz adecuada.

Pero hete aquí que Pedro contrajo la viruela y la familia de la prometida, ante la posibilidad de que el zar finara sin haber contraído nupcias y haber fecundado con uno de sus espermatozoides coronados algún óvulo descoronado de Catalina, intentaron, en el día previo al designado para la boda, que el enfermo preñara a la novia in extremis. Tras varios e infructuosos intentos destinados a que Catalina reprimiera las náuseas que le provocaban las pústulas y las llagas de Pedrito y se afanara en iniciar una carrera de seducción contra el reloj, resultó que el zar no tenía el viruélico cetro para homenajes ni el delirio febril para penetraciones, y que el único coito que iba a tener lugar en aquellas circunstancias era el del Variola Virus con el Románov que extinguiría la herencia masculina de una dinastía que continuó vía materna hasta que la revolución de 1917 los fusiló definitiva y bolchevicamente a todos, kalinka, kalinka, kalinka maya...

Christian Dior. 21/1/1905-23/10/1957

Doscientos cuarenta y dos años después del nacimiento peterburgués de Pedro II moría, en la ciudad italiana de Montecatini Terme, Christian Dior, cuya empresa representaba en aquel momento más de la mitad de las exportaciones francesas de alta costura. Nacido en el seno de una familia de industriales productores del detergente Saint-Marc y de la lejía Dior, Christian no tardó en desvincularse de sustancias tensioactivas y desinfectantes acuosos para abrir una galería de arte en la que expondrían sus obras pintores como Picasso, Dali, Magritte y Miró. La costura llegaría más tarde, o más bien llegaría él a la costura, alcanzando un éxito inmediato con su primer desfile, que revolucionó la moda de posguerra gracias a unos diseños inspirados en las corolas florales. Y de ahí a las estrellas, no a los cuerpos celestes sino a las actrices de Hollywood, sólo había un paso de baile de salón, y Dior lo culminó convirtiéndose en el costurero de Rita Hayworth, Ava Gadner, Marilyn Monroe y Lauren Bacall.

La propia Marlène Dietrich se negaba a vestir cualquier otra marca que no fuese Dior, llegando a amenazar a Hitchcock, que pretendía en “Pánico en escena” cubrir su piel germánica con ropas no-Dior, con abandonar endiosada y endiorada el rodaje: “No Dior, no Dietrich”, le espetó el Ángel Azul al rey del suspense, mientras a Jane Wyman, coprotagonista del film, estaba a punto de darle tal soponcio que dijo, pues ahora voy y me caso con Ronald Reagan, ese actorcillo que me ha invitado a cenar una langosta anticomunista, a ver si gracias a Dios o a Dior algún día es presidente de los Estados Unidos, God bless America, y bombardea Beirut mientras come dátiles con Sadam Hussein, quien a su vez podría genocidar con gas sarín a los kurdos para que dejen de tocar los coj...las palmeras. Una fiesta de la moda en toda regla, oiga.