Diario Sur

Esperanza, solidaridad y europeísmo

El Rey desglosa las virtudes de los premiados en el auditorio del Teatro Campoamor. :: Ballesteros / efe
El Rey desglosa las virtudes de los premiados en el auditorio del Teatro Campoamor. :: Ballesteros / efe
  • El Rey apela a una «España alejada del pesimismo, orgullosa de lo que somos»

  • Richard Ford y Mary Beard realizan los discursos más políticos, con referencias a los refugiados y al 'brexit'

La esperanza en que el ser humano pueda mejorar el mundo que habita, un planeta que debe cuidar para evitar nuevos desastres naturales por culpa del calentamiento global, el anhelo de un futuro menos luctuoso y trágico, y la capacidad de superación fueron los ejes del discurso del Rey en el teatro Campoamor. Y la cultura que «enriquece siempre la convivencia, alimenta los más altos valores del espíritu, ennoblece los sentimientos de las personas y nos ayuda a vivir con la mayor dignidad», según el jefe del Estado. «Un pueblo que quiera, respete y ampare la cultura nunca le temerá a su futuro», señaló citando a Unamuno y su visión del país. «Una España alejada del pesimismo, del desencanto o el desaliento, fiel a su irrenunciable afán de vivir y orgullosa de lo que somos, de lo que juntos hemos conseguido, que ha sido mucho y admirable», dijo.

Una cultura que en esta edición de los Premios Princesa de Asturias representaron Núria Espert, Richard Ford y Mary Beard. De la actriz catalana, Felipe VI aseguró que «encarna la fuerza y la belleza del teatro», un mundo formado por grandes profesionales «siempre vigilantes para que la escena preserve y proteja su dignidad y su imprescindible libertad». Antes, Espert recordó cómo el teatro se apoderó de ella con 13 años y la hizo «apasionada y ambiciosa», solo capaz de ser ella misma «sobre un escenario».

Recurrió al genio de Lorca y de Shakespeare, para explicar sus sentimientos. «¿Es que no tiene derecho una pobre mujer a respirar con libertad? Y sin embargo la esperanza me persigue, me ronda, me muerde; como un lobo moribundo que apretase sus dientes por última vez», dijo apoyándose en 'Doña Rosita la Soltera'. Evocó luego en catalán la últimas palabras cuerdas de 'El Rey Lear' antes de elegir la locura como única posibilidad de soportar el dolor.

La lucha por la libertad y por los derechos de las mujeres son dos de las características de Mary Beard, que no ocultó su alegría cuando recibió el premio de manos del Monarca. «En la senda de los más grandes historiadores, ella reconstruye el pasado para entregárnoslo explicado y comprensible, y para, de este modo, enseñarnos a derribar para siempre prejuicios, tabúes y errores que han influido negativamente en la construcción de nuestras sociedades», elogió el Rey. 'Su' Roma y el 'brexit' estuvieron presentes en el discurso de Beard, que compartió el galardón con los profesores y con esa «antigua raza cuya literatura todavía nos desafía, cuyas leyes y política informan las nuestras, cuyos hábitos extraños aún nos intrigan y cuyos rastros se encuentran, literalmente, debajo de nuestros pies». «La historia no es simplemente sobre el pasado. Como conversación entre el presente y el pasado, tiene tanto que ver con nosotros» aseguró. Y aludió a las relaciones entre su país y la UE a través de un verso de John Donne, poeta inglés del XVI. «Ningún hombre es una isla / algo completo en sí mismo / cada hombre es un fragmento del continente». «Me temo que mis compatriotas olvidan su mensaje, pero ha estado rodando por mi cabeza esta semana: en los eventos que hemos disfrutado juntos, me he sentido parte de una historia compartida y de un continente compartido. Y por todo eso me siento muy afortunada» concluyó.

De la historia también bebe James Nachtwey, el fotoperiodista que posee una visión que nunca es «superficial, ni irónica, ni débil, ni falsa». «Es profunda, solidaria, comprometida y crudamente real», señaló Felipe VI. Esa fotografía de la vida, pero en negro sobre blanco, es la que hace Richard Ford.

«Logra transformar lo pequeño, lo cotidiano, incluso lo mediocre, en obra de arte; la de un ser humano que, como él dice con humildad, tan solo quiere escribir para otros seres humanos», indicó el Rey ante el narrador, agradecido por haber recibido un correo electrónico de Felipe VI. Ford glosó la vocación del escritor en un canto al optimismo y la alegría de vivir de un «novelista político». Tolerancia, empatía, y solidaridad fueron palabras clave de una alocución en la que citó a Ortega y Gasset y evocó la grave situación de Siria, Bimania o Sudán del Sur, «donde la tarea de la literatura es prácticamente imposible». Lamentó la «excesiva gravedad de un mundo que no predispone demasiado a la alegría». «Y los norteamericanos lo vivimos -dijo- cuando vemos que Donad Trump puede llegar a ser nuestro próximo presidente».

Hugh Herr representa el futuro. Perdió las piernas a los 17 años y ha sido capaz de convertirse en un referente mundial en la biónica y la biomecánica. Su trabajo quedó claro en el teatro Campoamor. Recogió el premio con un traje de perneras cortas. A la vista sus dos prótesis, mostrando la «esperanza» a la que se refirió el Rey. Esperanza existe, y mucha, en que el acuerdo para frenar el calentamiento del planeta sea una realidad. «La solución solo puede llegar si la afrontamos unidos, solidariamente implicados e incluso moralmente obligados; puesto que somos víctimas, sí, pero somos sobre todo responsables causantes de todo este daño», recordó don Felipe.

Y esa ilusión es la que tienen los millones de niños que atiende Aldeas Infantiles. Pequeños a los que la vida se les ha puesto cuesta arriba desde la cuna, y que son los «más vulnerables y los que más necesitan de nuestra protección y nuestra ayuda». De superación, algo sabe Javier Gómez Noya, que superó todas las trabas para convertirse en pentacampeón del mundo de triatlón.