Diario Sur

Sin rastro de Lorca

El equipo descartó ayer la presencia de restos humanos. :: ALFREDO AGUILAR
El equipo descartó ayer la presencia de restos humanos. :: ALFREDO AGUILAR
  • Los arqueólogos descartan la presencia de fosas de la Guerra Civil en el Peñón del Colorado

El equipo multidisciplinar que buscaba fosas de la Guerra Civil en el Peñón del Colorado, en Granada, concluyó ayer sin éxito la intervención tras un mes de trabajos. Los arqueólogos no han podido localizar restos humanos, por lo que la zona ha quedado prácticamente descartada como destino final de los cuerpos de Federico García Lorca, Dióscoro Galindo González, Joaquín Arcollas Cabezas y Francisco Galadí Melgar, víctimas de la represión franquista en agosto de 1936. «La fosa de Dióscoro Galindo y sus compañeros no está en el Peñón del Colorado», aseguró ayer con rotundidad el arqueólogo director del proyecto, Javier Navarro Chueca. El aragonés explicó que el equipo había logrado encontrar en los últimos días evidencias de dos de los pozos que los testimonios recogidos por los investigadores Miguel Caballero y Eduardo Molina Fajardo habían localizado previamente allí, pero que los sondeos habían dado resultados negativos.

Pese a todo, el equipo mantenía aún la esperanza en la denominada 'zona crítica'. En este área, situada a la izquierda del camino que subía al campo de instrucción y muy cerca de la carretera que une Víznar y Alfacar, los trabajos habían dejado al descubierto dos grandes manchas en el suelo que podían ser indicios de la presencia del tercero de los pozos. Es ahí donde se desarrollaron las últimas labores.

Durante dos días, los técnicos sondearon el terreno con una pequeña máquina excavadora. Controlada siempre por la mirada atenta de los arqueólogos, la pala abrió la tierra en sucesivas zanjas de un metro de ancho por casi dos de profundidad en el intento de localizar los restos de la víctimas. Todo resultó infructuoso.

No obstante, los resultados obtenidos sobre el terreno por los técnicos descartaron únicamente la presencia actual de restos humanos y nada más. «Esto no quiere decir que no hayan estado aquí antes». En este sentido, los técnicos encontraron días atrás huellas antrópicas -modificaciones no naturales- en el nivel original del suelo en la zona donde se localizaron los dos primeros pozos. Ahí aparecieron elementos cerámicos que «podrían ser indicios de una excavación anterior».

Según señaló el arqueólogo director del equipo, el terreno muestra que ha sido ampliamente modificado desde 1936 y no se puede determinar si corresponde a la construcción del campo de fútbol en 1998, al uso de la parcela como pista de motocross a comienzos de los 90 o a una posible excavación anterior para retirar restos. «Esas son conjeturas y preferimos no entrar ahí».

En cualquier caso, Navarro Chueca recordó que los trabajos no han podido concluir como se esperaba y que no todo el paraje ha podido ser investigado. «Hemos estudiado alrededor del 90% del terreno». Como señaló el arqueólogo, quedan al menos dos pequeñas áreas que no han sido tocadas. En concreto se tratan de la esquina más cercana a la carretera que une Víznar con Alfacar y de una zona colindante con el gran árbol que domina el Peñón del Colorado. Más allá de lo anterior, el equipo iniciará ahora la última fase del proyecto. Los arqueólogos comenzarán a analizar las pruebas obtenidas durante los trabajos de campo en busca de respuestas. Tal y como explicó Navarro Chueca, los técnicos profundizarán en los estudios estratigráficos y geológicos del terreno. «Estudiaremos bien todo lo que hemos obtenido antes de emitir conclusiones», concluyó el arqueólogo aragonés.

Un mes de esfuerzos

Con el descarte de la zona se pone fin a la tesis que apuntaba al Peñón del Colorado como lugar en el que se podían encontrar los restos de García Lorca y sus compañeros. En total han sido más de diez años de investigación y dos campañas de trabajo que han permitido conocer palmo a palmo la práctica totalidad de las características del terreno.

La última de las fases arrancó el pasado 19 de septiembre en la zona conocida como Llanos de Corbera, a las afueras de Alfacar. Allí localizaban los testimonios recabados por Miguel Caballero y Eduardo Molina Fajardo los pozos en los que los ejecutores escondieron los cadáveres de las víctimas la madrugada del 17 de agosto de 1936.

Con un presupuesto de origen privado que rondaba los 12.000 euros, Javier Navarro Chueca y Miguel Caballero reunieron un equipo conformado por arqueólogos, antropólogos, geólogos y biólogos, entre otras profesiones, llegados de diferentes partes del país y con amplia experiencia previa en la búsqueda de fosas comunes.

Inicialmente los trabajos se centraron en la comprobación sobre el terreno del origen de las anomalías detectadas en los estudios previos. Tras un avance rápido de la obra, el equipo descubrió el límite del campo de instrucción y el camino que se empleó durante la Guerra Civil para acceder a él desde la carretera.

Aunque estos hallazgos llenaron de esperanza al equipo, que veía la tesis de los investigadores confirmada por los trabajos de campo, problemas logísticos impidieron un avance más ágil. En concreto las quejas del Partido Popular provocaron la pérdida de las máquinas cedidas por la Junta de Andalucía, única aportación pública al proyecto, apenas cuatro días después del comienzo. Posteriormente, tras lograr la cesión de otras máquinas por parte de una empresa de construcción granadina, los arqueólogos vieron cómo estas eran retiradas nuevamente antes de concluir la excavación.