Diario Sur

Un Diamante contra la censura

El cineasta Julio Diamante, ayer, durante el homenaje que le tributó el Ateneo de Málaga.
El cineasta Julio Diamante, ayer, durante el homenaje que le tributó el Ateneo de Málaga. / Francis Silva
  • El Ateneo homenajea al director de la mítica Semana de Cine de Autor de Benalmádena, el certamen que exhibía el cine prohibido en el resto de España

  • Julio Diamante fue el artífice de que el festival de la Costa del Sol se convirtiera en una referencia internacional al desafiar incluso la muerte de Franco

Todavía recuerda la primera pregunta que le hizo un periodista cuando en 1972 lo presentaron ante los medios como nuevo director de la Semana de Cine de Autor de Benalmádena. «¿Por qué se hace usted cargo de este muerto?». Ayer, el cineasta Julio Diamante (Cádiz, 1930), se reía al recordar aquellos tiempos duros y aquel festival incómodo y contestatario al que muchos le querían poner la palabra ‘Fin’. Y es que desde su nacimiento en 1969, el certamen benalmadense tuvo imán para la polémica y las películas conflictivas, lo que provocó una auténtica persecución de la censura franquista. Una vigilancia que aumentó incluso con la llegada de Diamante que pilotó la muestra durante 18 años hasta su desaparición en 1990. «Pásabamos la censura porque éramos unos osados», confesó ayer a SUR el cineasta poco antes del homenaje que le tributó el Ateneo de Málaga como artífice y responsable de uno de los certámes que, desde la cultura, fomentó la libertad en el franquismo.

«Me decían comunista y embajador plenipotenciario de los países del Este, pero lo cierto es que en Benalmádena programábamos todo tipo de cine, a todo cristo», se defendía ayer Julio Diamante, que recuerda que en aquel pueblo de Málaga en los setenta se descubrió cine iraní, japonés, africano, árabe, latinoamericano... «Directores y cinematográficas inéditas en España y, a veces, en Europa que después de pasar por aquí llegaban y triunfaban en festivales como Cannes», aseguró el también director de los filmes ‘Los que no fuimos a la guerra’ (1962) y ‘Sex o no sex’ (1974), que estuvo arropado ayer en el homenaje por el director del Festival de Málaga, Juan Antonio Vigar; el periodista Luciano González y el presidente del Ateneo de Málaga, Diego Rodríguez Vargas.

Cuando el entonces alcalde Enrique Bolín se cruzó en su camino para pedirle que se hiciera cargo de la Semana de Cine de Autor, Diamante lo tuvo claro. Y eso que el fundador, Luis Mamerto López-Tapia, y el critico de cine catalán José Luis Guarner habían dejado la dirección tras muchos problemas en las tres primeras ediciones. «Incluso sé que se lo ofrecieron a otras personas antes que a mí y Guarner me dijo que la experiencia había sido ‘terrible’, pero me hice cargo porque amo el cine y me había propuesto que fuera un espacio para la libertad», señalo ayer Julio Diamante que, con aquella decisión, asumía que su relación con la censura no iba a ser fácil.

Para ello creó toda una estrategia de engaño, disimulo y valentía para sortear las prohibiciones. La primera era que, cuantas más películas conflictivas, mejor, ya que no se atrevían a censurarlas todas. La segunda, volver a programar al año siguiente las películas que no le habían dejado poner la edición anterior. Yasí hasta que colaban por «aburrimiento». Yla tercera era comunicar a la prensa que habían prohibido una película. «Otros festivales decían que la copia estaba en mal estado cuando se la censuraban, pero yo se lo decía a la prensa y la montaban», recuerda Diamante. Particularmente indignados se mostraban los críticos extranjeros que daban una mala imagen de la dictadura franquista, por lo que los censores se lo pensaban mucho a la hora de meter la tijera.

«Terminaba afónico cada año de pelearme con la censura... tanto que incluso le llamaban al festival ‘la batalla de Benalmádena», recordó el director que ofrece un dato revelador: «Al final solo siete películas fueron prohibidas, por lo que en el año 1977, ya con la democracia, organicé un ciclo en la que se exhibieron aquellas cintas vetadas», explica Julio Diamante, que rie al recordar algunos de esos títulos. Es el caso de ‘Emperor Tomato Ketchup’ (1971), una sátira japonesa sobre un dictador-niño que sentó muy mal a los ojos franquistas, o la polémica ‘El imperio de los sentidos’, la cinta franconipona de Nagisha Oshima que alteró el pulso por su «irreverencia».

Por si era poco, la batalla de Benalmádena se enfrentó en 1975 a un hecho inesperadado. «Cuando llegué por la mañana al palacio de Congresos me encontré con un cartel que decía que se suspendía el festival por la muerte de Franco, pero me fui a buscar al alcalde y me negué», recuerda el batallador Julio Diamante, que no tuvo más remedio que aceptar los tres días de luto oficial por la muerte del dictador. «Pero retomamos las proyecciones y añadimos tres días más como si nada hubiera pasado», certifica el cineasta que añade que la Semana de Cine de Autor siempre fue un reto para las autoridades «ya que nunca pudieron controlarla». Su desaparición a finales de los noventa fue «amarga» por la «racanería» de las administraciones, pero Diamante se queda con la época de libertad y cinefilia. «No hubo otro festival igual en toda España».

Temas