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Rocío Molina: «No puedo vivir con límites»

Rocío Molina estará acompañada en Málaga por Rosario ‘La Tremendita’.
Rocío Molina estará acompañada en Málaga por Rosario ‘La Tremendita’. / Pablo Guidali
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  • La ‘danzaora’ malagueña, Premio Nacional de Danza, presenta por primera vez un espectáculo en casa: ‘Afectos’, el 23 de octubre en el Cervantes

En la foto que acompaña a esta entrevista, Rocío Molina (1984, Vélez-Málaga) aparece tras unos barrotes, enjaulada. Una metáfora de lo que ella evita a toda costa. «No puedo vivir con límites», admite la ‘danzaora’, como a ella le gusta definirse. La malagueña, Premio Nacional de Danza, necesita sorprenderse, ponerse a prueba y fijarse retos. Él último, cuatro horas de improvisación en la pasada Bienal de Sevilla –su lugar de residencia– donde los espectadores podían enviarle mensajes al móvil. Por delante tiene otra meta, quizás menos arriesgada pero sí más emotiva: por primera vez presentará uno de sus espectáculos en casa, el domingo 23 de octubre en el Teatro Cervantes. Se reencontrará así con un escenario que pisó siendo una niña en un certamen de baile en el que, recuerda, se arrancó por tarantos. Ahora en ‘Afectos’ se contorsiona, zapatea y mueve los brazos con un profundo fondo flamenco y una valiente forma contemporánea. Siempre llevando el cuerpo al extremo al ritmo de la voz de Rosario ‘La Tremendita’ y el contrabajo de Pablo Martín.

Ha bailado en los escenarios más importantes del mundo. Pero, ¿qué significa el Teatro Cervantes?

Es muchísimo más especial. Aparte de lo que significa para mí ese teatro, de los recuerdos que tengo de haber ido de pequeñita, es que va a estar toda mi gente, la gente de mi pueblo y de Málaga que me ha visto crecer. Y eso para mí es muy emotivo.

¿Por qué cree que ha tardado tanto en llegar este momento?

No lo sé. Tampoco sé si el Cervantes tiene una programación muy activa y muy actual de danza y flamenco. Simplemente no se ha dado...

‘Afectos’ habla, según la nota del espectáculo, de la capacidad de hallar la sencillez, la naturalidad y la confianza a través de la existencia. ¿Cómo se traduce en baile?

En resumen, es un trabajo sobre cosas muy pequeñas, sobre cómo engrandecer cosas sencillas que resultan ser las más difíciles. Como por ejemplo bailar por bulerías simplemente poniéndonos las manos en el corazón y sintiendo el pulso. No hay ni siete palmeros ni tres guitarras, solo dos corazones, una voz y un cuerpo que se mueve. Parece sencillo, pero cuando lo haces realmente te das cuenta de que eso es lo más difícil.

Reivindica además que la imperfección puede ser perfecta.

Es la magia de esta obra. Al ser tres en escena, resulta muy bonito cuando alguno de los tres se viene abajo, se bloquea o tiene un tropiezo. Esos defectos, que no lo son, hacen que la obra esté viva porque cada vez estamos con un ánimo distinto.

Muchos han premiado y alabado su danza tan extrema, ¿cree que en otros foros se ha castigado que se salga tanto de la norma?

No sé si es que yo no echo cuentas de esas cosas, pero no. Siempre extrañan algunas cosas o no se entienden, pero por alguna razón la gente se queda ahí aunque sea pensando que no les gusta. Hay algo que atrapa. Si no te gusta mi baile, seguramente te guste la música. Seguro que hay mucha gente que no me entiende, pero esto forma parte de la evolución de mi arte.

«No paro quieta»

Si quisiera podría hacer un espectáculo de flamenco puro, al uso. Pero entiendo que eso no le interesa...

Cuando llevas hechas siete seguiriyas, cinco soleás, seis alegrías y no sé cuántos tarantos te puedes dedicar a seguir haciendo lo mismo, que es totalmente respetable; pero yo, que no paro quieta, al final termino dando cada vez una nueva visión. Como voy evolucionando en mi vida, que es lo que quiero hacer siempre hasta que me muera, tendré que seguir adelante sea como sea.

En la Bienal de Sevilla se atrevió con una propuesta arriesgada: cuatro horas de performance, retransmitida en ‘streaming’, donde los espectadores le podían enviar mensajes al móvil. Busca constantemente romper fronteras entre disciplinas, experimentar sin límites.

Sí, no me gustan los límites. No puedo vivir con límites la vida, sabiendo que algo se acaba y ya no hay nada más. Lo de Sevilla ha sido lo más extremista que he hecho, y la experiencia fue preciosa, me encantó.

Pero, ¿se trata de innovar por innovar o detrás hay un porqué?

Innovar no es mi objetivo, solo es que soy curiosa por naturaleza y necesito sorprenderme y ponerme retos que sean difíciles. Es lo que yo persigo. Lo hago buscando mi verdad y en los tiempos que corren.

Usando hasta el móvil como parte del espectáculo...

Fue muy interesante. Al día siguiente estuve revisando todo lo que pusieron y fue genial. Había de todo. Gente que te decía cosas muy bonitas y otras personas que no entendían y decían «pues yo me voy», «yo no he venido a esto», «que me devuelvan el dinero»; y se creaba un diálogo entre los distintos puntos de vista. Fue interesante y me gustó, porque habitualmente solo me llega lo bueno y yo quiero saber la reacción de todo el mundo.

Pero esos comentarios tampoco le resultarían agradables.

Para nada me molestan, lo hago aposta. Me mosquea que solo me llegue lo bueno, a mí me gusta y me divierte ver las diferencias de la gente. Buscaba eso, saber que también hay una parte que no lo ve como yo. Siempre se aprende de todo.

Las redes sociales son hoy una herramienta para saber qué opina la gente, pero usted no es muy activa.

Es que realmente yo y los móviles no nos llevamos muy bien. Mi móvil está más en ‘modo avión’ que otra cosa, porque estoy volando o estoy en el estudio trabajando. Así que tengo un móvil como el que tiene un tío en Alcalá (ríe). Y siempre me cojo los peores, mientras puedan llamar y tengan ‘whatsapp’ para hablar con mi familia me basta.

El 3 de noviembre estrena un nuevo espectáculo en París, ¿nace de esos ‘Impulsos’ que lleva años haciendo por el mundo?

No, pero hay muchas imágenes. Los ‘Impulsos’ han sido como escribir un diario, y resulta que todo lo que llevas haciendo seis meses, un año, dos años... tiene algo que ver. Y al final todo eso aparece en tu siguiente obra, porque mi forma de crear es así, muy autobiográfica, voy contando mis estados, mis momentos, lo que descubro... Entonces, sí aparecen muchas imágenes de los ‘Impulsos’.

¿Y qué hay de usted en ‘Afectos’?

Empezamos con ella hace cinco años y en esa época le di muy poca importancia al montaje. Como estaba la cosa muy mala, La Tremendita y yo decidimos montar un espectáculo entre las dos. «Tú cántame y yo te bailo». Y así surgió, sin pensar nada, sin pretender nada.

Este verano ha habido paros en el Ballet Nacional de España; y las compañías privadas no pasan por mejor situación. ¿Cómo vive este momento al frente de su propia compañía?

En la crisis hubo que adaptarse y cada artista, cada técnico y cada persona de la oficina tenía que saber hacer cinco cosas a la vez. Es difícil pero sacas mucho ingenio, tiras de intuición y de mucho coraje.Como todos los españoles. Se sigue pasando muy mal, pero yo confío mucho en el arte en España. Hay mucha capacidad de sacrificio, y con alegría encima.

Al menos, en su caso tiene el ‘salvavidas’ del extranjero.

Sí, es lo que más se ha notado, el no trabajar en tu país. Y cuando lo haces resulta difícil, porque casi haces préstamos a los festivales. Te pagan hasta un año más tarde, pero yo tengo que cumplir con mis artistas. Diría que trabajo el 90% en el extranjero, y me encantaría que no tuviera que ser así.