Diario Sur

Picasso, “el primer apache de París”

Picasso, ataviado con un tocado de plumas de jefe indio, regalo de Gary Cooper. n
Picasso, ataviado con un tocado de plumas de jefe indio, regalo de Gary Cooper. n / David Douglas Duncan
  • Joaquín Torres-García protagoniza una rotunda retrospectiva en el Museo Picasso. Y eso que el uruguayo no fue demasiado complaciente con el malagueño

Cuando se cruzaron en Barcelona, uno era gran figura de la pintura y el otro, un chaval que quería comerse el mundo del arte y que, de hecho, lo acabaría devorando. Luego volvieron a encontrarse en París, con aquel joven convertido en icono mundial y el viejo maestro cada vez más abstraído en sus reflexiones. Joaquín Torres-García y Pablo Ruiz Picasso vuelven a encontrarse ahora en el Museo Picasso Málaga, que esta semana ha inaugurado una potente retrospectiva sobre el inclasificable artista uruguayo. Y eso que su visión del malagueño no fue a menudo demasiado complaciente...

Torres-García reunió su imponente legado teórico en 'Universalismo constructivo'. Así bautizó a su manera de entender el arte más allá de la dicotomía entre figuración y abstracción y así se titulan los dos volúmenes editados en España por Alianza en 1984 que ofrecen las conferencias que ofreció durante toda su vida. La 'Lección 72' tiene fecha de agosto de 1936, se encabeza 'Pablo Picasso (semblanza)' y empieza fuerte: “Decía un amigo mío en París que todo se podía discutir, hasta Dios mismo; pero no a Picasso. Tal es la sugestión que ese nombre ejerce merced a una crítica que incesantemente lo está repitiendo con el fin de imponerlo... comercialmente”.

Incluso quienes critican al malagueño “no hacen, por otra parte, más que aumentar la gloria de este magnate de la pintura”, sigue Torres-García. Eso sí, el uruguayo admite: “... hay que reconocer y ser justos (y ahora no creo caer en sugestión), hay que reconocer, digo, que es todo un pintor y que ha contribuido enormemente a sacar a la pintura del mal camino para ponerla en la buena vía...”.

Joaquín Torres-García, en una imagen realizada en Montevideo en 1939.

Joaquín Torres-García, en una imagen realizada en Montevideo en 1939. / D. James Dee

En su discurso, Torres-García confiesa que su cercanía a Picasso quizá le nuble un poco el juicio: “¿Un grande hombre? Lo he visto demasiado cerca para poder decirlo, pero, en todo caso, siempre un gran pintor, y no un pintor que se hizo, sino un pintor que vino hecho”. Y dedica varias líneas al escurridizo genio malagueño: “Un día le pregunté si realmente él había iniciado el Cubismo. Me respondió que Juan Gris, que sabía más de estas cosas, hubiera podido decírmelo. (…) Un día le pregunté qué edad tenía. Dirigiéndose a Kahnweiler [uno de sus grandes marchantes] le preguntó: '¿se acuerda usted qué edad tengo yo?' No es de extrañar que desde hace años España sea gobernada por andaluces. Otro día una señorita le preguntaba cuál de sus obras apreciaba más. Él respondió: 'No distraer al conductor'. Y así siempre”.

Y después de las pullas, casi a modo de media verónica para cerrar la faena, abrocha Torres-García: “Por eso, un amigo decía de Picasso: 'Ha podido triunfar de los 'marchands' porque él es más comerciante que todos ellos. Además es el primer apache de París'. Y es cierto”.