Diario Sur

El visitante

El visitante
/ Sr. García .
  • No lo he acariciado ni una sola vez, tampoco le he ofrecido nada de comer. Me pregunto qué le puede atraer de mí, qué intenciones oculta

Desde hace un mes y medio viene a visitarme casi todos los días. Aparece por la mañana cuando salgo a la terraza, me saluda, se tiende a mis pies, ronronea y acaba sentándose al lado. Cuando me dispongo a entrar en casa, él se incorpora y hace ademán de seguir mis pasos. Le digo que no, que fuera. Actúo sin ninguna convicción, pero él obedece. Ni yo mismo comprendo esta conducta tan distante con alguien que sólo me transmite cariño. Al cerrar la puerta de la terraza, me mira desconcertado desde el otro lado del cristal. Vuelve al anochecer para dar las buenas noches y se aleja despacio hacia un lugar desconocido. Ignoro por qué mantiene tan buena relación conmigo. No lo he acariciado ni una sola vez, tampoco le he ofrecido nada de comer. Me pregunto qué le puede atraer de mí, qué busca, qué intenciones oculta.

El miércoles pasado no apareció en toda la mañana. Era el primer día que faltaba desde el primer encuentro. Entonces dejé la puerta de la terraza abierta y de vez en cuando me asomaba con la esperanza de encontrarlo tumbado al sol. Me inquietó que no apareciese tampoco por la noche. No pude dormir bien. Durante el duermevela, creí escucharlo. Me levanté inmediatamente y salí a la terraza. No estaba. Me acosté de nuevo sin conseguir conciliar el sueño. Echaba de menos su mirada cómplice, sus ojos verdes, su silencio. De pronto, me invadió un sentimiento de temor y culpabilidad, como si tuviera un hijo que tardaba demasiado en regresar a casa. Por un instante llegué a plantearme que su desaparición era consecuencia del frío comportamiento que yo había mantenido desde el principio. Esa actitud insensible y dominante que transmiten ciertas personas con los seres más débiles. No quería ni pensar que hubiera sufrido un accidente.

El jueves pasé el día esperando que volviera. Una actitud que ni yo mismo alcanzaba a comprender. Me ponía a hacer cualquier cosa e inmediatamente lo dejaba para salir a la terraza. Luego me puse a registrar la casa como si tratara de encontrar la inspiración paseando por los cuartos vacíos. Tampoco hubo suerte. Al llegar la noche, me puse a beber hasta quedar dormido. Ayer viernes celebré una cena en casa y apareció él como si no hubiera pasado nada. Anduvo entre los invitados igual que si fuera el dueño de la casa. Durante la sobremesa, mientras los demás tomábamos copas, permaneció atento a los diálogos sin hacer notar su presencia en ningún momento. Sólo se ausentó un par de veces porque un sonido en la terraza y el interior de la casa llamaron su atención. Enseguida volvió a sentarse a mi lado. Fue el primero en marcharse, lo hizo con la prudencia del que está cansado y se retira sin interrumpir la conversación, como un fantasma.