Diario Sur

Los juguetes: empresa ruinosa y laboratorio artístico

Joaquín Torres-García tenía 46 años cuando decidió poner un océano de por medio entre la tensión política española y su familia. En 1920, junto a su mujer y sus dos hijos, puso rumbo a Nueva York desde Barcelona, pero en la Gran Manzana apenas permanecieron dos años. Allí, Torres-García se convirtió en empresario juguetero. Creó la firma Aladdin Toys y realizó los juguetes de madera que había empezado a imaginar en Barcelona.

Como aventura empresarial fue ruinosa, pero aquellos juguetes sirvieron al artista uruguayo para desarrollar conceptos que luego aplicaría a su labor artística. La idea de estructura, esencial en su producción, encuentra en esta faceta una de sus claves, tal y como adelantaba ayer el comisario de 'Torres-García: un moderno en la Arcadia', Luis Pérez-Oramas.

Los juguetes de Torres-García, su concepción como estructuras transformables, ocupan una vitrina de la exposición que podrá verse en el Museo Picasso Málaga hasta el próximo 5 de febrero. Sin embargo, el espectador atento encontrará allí algunas piezas que ya pudieron verse en la pinacoteca malagueña en 'Los juguetes de las vanguardias', la muestra ofrecida por el MPM hace ahora seis años.

Vidas cruzadas entre Picasso y Torres-García, no sólo en el museo, también en sus propias biografías, con el joven Picasso arribando en Barcelona cuando el uruguayo era ya una figura reconocida y los encuentros de ambos en París. Sin embargo, Pérez-Oramas miraba por debajo de la superficie anecdótica: «Más allá del hecho biográfico, más allá de haber celebrado la presencia de los Ballets Rusos en Barcelona, más allá de los encuentros en los años 20 en París, lo importante es que ambas figuras alimentaron la modernidad y generaron dos formas de modernidad complementarias». Picasso, como inventor de lenguajes y Torres-García, como el moderno que entendió que el arte, en realidad, no termina nunca.