Diario Sur

La hora de la sociedad civil en Málaga

Representantes de entidades y asociaciones culturales, en la Sociedad Económica Amigos del País.
Representantes de entidades y asociaciones culturales, en la Sociedad Económica Amigos del País. / Ñito Salas
  • Entidades y asociaciones nutren la cultura de Málaga, en algunos casos desde hace más de un siglo. El pensamiento crítico y la reflexión son sus bases. Abrirse a la ciudad, rejuvenecerse y atraer a mecenas, sus retos

Les citamos en la Sociedad Económica Amigos del País, la institución cultural decana de Málaga, una entidad que ha sobrevivido a 227 años de cambios políticos, evoluciones tecnológicas y modas de todo tipo. Hasta allí, en su patio del siglo XVIII en plena plaza de la Constitución, se acercan representantes de entidades culturales y asociaciones creadas y sostenidas por la sociedad civil, desde la Academia de San Telmo a la Sociedad Erasmiana, pasando por la de Amigos del Museo de Málaga. Tienen diferente funcionamiento, se centran en distintas disciplinas, algunas son centenarias (la Sociedad Filarmónica, la Academia de Ciencias) y otras apenas tienen tres años (Asociación Amiga de la Ópera). Pero todas comparten una misma razón de ser: el pensamiento crítico y la reflexión como pilares para agitar la vida cultural de la ciudad. Y en una época de consumo cultural rápido y fácil, esta labor sigue siendo «tan necesaria o más» que en los años de la Ilustración. Resultar atractivos a la juventud, convencer de su utilidad a los mecenas y abrirse a la ciudad son ahora los desafíos de esta especie de «voluntariado cultural» donde nadie cobra, en todo caso paga.

Son instituciones lideradas por veteranos vinculados al mundo de la cultura, la ciencia y las humanidades; empresarios, abogados y profesores universitarios, historiadores... Intelectuales. Pero hay que empezar por romper prejucios. «No somos una institución que mira al pasado, este no es un lugar donde practicar la taxidermia intelectual o artística, se trata de fomentar la creatividad en todos los campos», mantiene José Manuel Cabra de Luna, presidente de la Academia de Bellas Artes de San Telmo, que va camino de los 170 años. «Hay que acabar con muchas barreras absurdas. En el Ateneo nadie se las da de sabio, y quien lo haga está de sobra. Somos gente inquieta que entendemos que la cultura es parte de la vida», sentencia Diego Rodríguez Vargas, presidente del Ateneo.

La nueva junta de gobierno de la Academia de San Telmo, nombrada hace año y medio, trabaja de hecho por sacar la Academia a la calle «sin vulgarizar el trabajo». Lo ejemplifica una de sus últimas propuestas «potente y arriesgada» con motivo del Año Cervantes, en el que han repasado la vida del autor desde puntos de vista diversos: 34 cocineros, que suman diez estrellas Michelin, han recreado a su manera una receta de los tiempos del autor de 'El Quijote'. «Y eso es acercar la mirada cultural a la vida cotidiana», mantiene.

Si se le pregunta si hoy sigue siendo necesario una institución de estas características, Cabra de Luna contesta tajante: «La respuesta es ¿y por qué no?». Sus colegas lo corroboran. «Hacen falta espacios para el libre pensamiento, para el debate, para el conocimiento y para la participación», añade José María Ruiz Povedano, de la Sociedad Económica. «Siempre conviene tener una opinión independiente y rigurosa. Y es lo que nosotros podemos aportar», apunta Fernando Orellana, de la Academia Malagueña de Ciencias, heredera de la Sociedad Malagueña de Ciencias Físicas y Naturales de 1872. «Defendemos una cultura crítica de libertad de pensamiento, buscando fomentar la autonomía intelectual y moral de las personas», reafirma Rodríguez Vargas.

Todas estas nacieron en un periodo histórico totalmente diferente al actual, algunas motivadas por el espíritu de la Ilustración, otras en unos años difíciles para la cultura crítica como fueron los 60. Han tenido que evolucionar, reformularse y adaptarse a la realidad actual. No siempre ha sido fácil: del centenar de sociedades de amigos del país creadas en tiempos de Carlos III, hoy sobreviven una veintena. La de Málaga entre ellas.

Después de tener que cerrar sus puertas temporalmente en 2013 por la falta de recursos económicos, la Sociedad Económica ha conseguido reactivarse. Selló un acuerdo para instalar en su entrada una Oficina de Turismo y se alió con colaboradores privados para mantener el edificio declarado Bien de Interés Cultural -en la plaza de la Constitución- y sacar adelante su programación. Ahora inauguran alrededor de diez exposiciones al año; su biblioteca de 8.000 volúmenes, con obras desde 1529, está siendo estudiada, ordenada y digitalizada; y su solemne salón de actos está ocupado tres veces a la semana por diferentes colectivos y asociaciones. Porque la Sociedad se ha convertido en la casa de entidades «trashumantes», como San Telmo, que espera ya su sede en el Museo de Málaga.

Atraer a la juventud

También su vecino de calle, el Ateneo, sufrió en 2011 el «machaque» de la crisis que redujo al mínimo las ayudas. «Desde entonces no he parado de buscar patrocinadores. Los hemos encontrados y estamos saneados», cuenta Rodríguez Vargas. La Fundación Unicaja, empresas privadas, la cuota del socio y una aportación de Turismo Andaluz (5.000 euros para el edificio declarado BIC) contribuyen al sostenimiento de una entidad que sigue celebrando sus 50 años con un amplio programa de actividades. Acaban de inaugurar la exposición de Pepe Ponce '50 imágenes por la cultura en libertad'; por delante tienen la presentación de un libro de poemas inéditos de 25 autores consolidados y cerrarán el aniversario con la entrega del Premio Ateneo de Teatro en el Echegaray en diciembre. Atraer a la juventud es una prioridad para ellos, convencidos de que «hay que renovar por abajo para que haya relevo», y lo hacen acogiendo en su agenda eventos orientados a ese público, como el festival Moments.

Solo hay una condición al mecenazgo: «Que mantenga el respeto a nuestra independencia». Lo mismo que suscriben en la Academia Malagueña de Ciencias, donde idean lanzar 'microencuentros con la ciencia' financiados con la fórmula del crowdfunding. Con sede en la calle Duque de la Victoria y una biblioteca cedida a la UMA con más de 7.000 fondos (entre ellos una primera edición de Boissier, el padre de la botánica), su objetivo primordial es acercarse a la gente. «Tenemos que incardinarnos en la sociedad y darnos a conocer. Hay quien aún no sabe que existimos», admite Orellana. Por eso, la pasada Noche de los Investigadores abrieron su sede al público y para esta temporada preparan desde una exposición sobre el trasvase de plantas y animales entre América y España hasta charlas sobre el nuevo canal de Panamá. La meta es «ilusionar a la juventud con la ciencia» y fomentar «un espíritu crítico».

La Sociedad Filarmónica de Málaga comparte esa ambición de estrechar su relación con la calle a las puertas de su 150 aniversario. Durante décadas fue la única promotora de conciertos de música clásica, sentó las bases del Real Conservatorio de Música María Cristina y permanece como la entidad de estas características más antigua de la Península. «Y sin embargo algunos nos confunden hoy con la Orquesta Filarmónica», apunta su presidente Pablo Lamothe. En su sede de la Sala María Cristina de la Fundación Unicaja programan alrededor de 18 conciertos al año. Por allí han pasado desde Arthur Rubinstein a un joven Javier Perianes antes de convertiste en el pianista del momento. «Y queremos seguir siendo descubridores de talento», asegura.

Eso y renovar el público. Aunque el 70% de su programación es clásica, la Sociedad se abre ahora también a las fusiones vinculadas a la gran música. Además, cada socio puede ir a los conciertos acompañado por un familiar directo menor de edad. Y comenzarán el año con un importante cambio: trasladarán la mayoría de sus recitales del jueves al sábado. «Así ganaremos a muchos estudiantes que entre semana acaban tarde en los conservatorios», confía Lamothe. Recuerda que para ellos la entrada es de 5 euros, «más barato que ir al cine».

No solo las históricas se enfrentan al reto de adaptarse a los tiempos. La Fundación Málaga (con patronos y colaboradores como Mayoral, Myramar, Sando, Construcciones Vera, Financiera y Minera, Edipsa, Netobril y Famadesa) prepara un proyecto de «revitalización y reactualización» tomando como eje el quince aniversario que celebrarán en 2017. Pasado ya «lo peor de la crisis», plantean varios objetivos marco que pasan por promocionar a los nuevos creadores y a los emprendedores de la industria cultural, «universalizar» la cultura y hacerla participativa, «llegando a mucho más público que hasta ahora». Lo harán aliándose con representantes del sector, implicándose en los eventos de la ciudad y dando el salto definitivo a la digitalización para llegar a los más jóvenes. Tampoco renuncian a la recuperación patrimonial que en los últimos años han liderado. «Pero no tenemos fondos ilimitados», recuerda Juan Cobalea, su presidente.

Para la Sociedad Erasmiana de Málaga, no se trata tanto de recibir patrocinios directos como de encontrar «facilidades» para ejercer su labor. Sin sede propia, les encontrarán en el Ateneo, la Económica, el Rectorado, Unicaja, Cajamar... Donde puedan divulgar un pensamiento que no se adscribe a ninguna corriente y que tiene como pilar los valores humanísticos: la vida y el universo. Toman a Erasmo de Róterdam como referente de una época «paralela a la nuestra». Como entonces, mantiene su presidente Quintín Calle, hoy la libertad de conciencia se persigue con la «censura de lo políticamente correcto». Y, como Erasmo, defienden «la independencia de criterio». Integrado por doctores y personas que ostentan un alto rango en sus profesiones, organizan conferencias, conciertos, exposiciones y «todo aquello que permita reflexionar sobre lo que constituye lo valioso del ser humano». Y está al alcance de todos: «Tratamos de quitar el academicismo que hay en el aula».

Llevar la música clásica más allá de las cuatro paredes de un teatro es una de las misiones de la Asociación de Amigos de la OFM, creada cinco años después de la fundación de la Orquesta Filarmónica de Málaga. Tras 20 años en activo se ha convertido en un foro donde acercarse a las grandes partituras desde otra perspectiva, con encuentros distendidos en El Pimpi con los directores y solistas que acompañan a la OFM, charlas previas a las óperas y conciertos de cámara que ofrecen profesores de la orquesta. «Y después de escuchar las explicaciones del director en un entorno cercano y relajado, vivo los conciertos casi como si estuviera con la batuta en la mano», asegura Ana Torralba, su presidenta, representada por su vicepresidenta Charo Guerrero en la foto.

Es consciente de que la media de edad de sus socios es elevada, pero tiene «mucha fe en la juventud»: «Yo misma empecé a asistir a los conciertos cuando dejé mi etapa laboral, mis hijos fueron mayores y empecé a disfrutar de mi tiempo».

Para sentar las bases de ese futuro público, la Fundación Musical de Málaga trabaja desde hace 10 años por inculcar el amor a la música en niños impulsando escolanías, escuelas de jazz, proyectos educativos como Promúsica y premiando la carrera de los jóvenes talentos con becas. Este miércoles festejan su aniversario en el Teatro Cervantes. Integrada por cinco patronos (Ayuntamiento, Galería Benedito, Ielco, Mayoral y Vera), la fundación siente que su labor forma parte del deber ciudadano «de devolver a la sociedad parte de lo recibido». «Es inmoral que quien tenga posibilidades económicas, mentales o físicas para hacerlo no lo haga», dice Manuel Sánchez Benedito, su presidente.

No se trata solo de organizar actividades, el tejido asociativo también tiene y debe hacer de acicate de las instituciones públicas, reivindicando proyectos desde las bases. Lo hace la Asociación Amiga de la Ópera (AAOMA), creada por amantes de la lírica para debatir, disfrutar y promover «este arte total», y para algo más: «Estar permanentemente recordando en todas nuestras actividades que es fundamental tener un teatro de ópera en la ciudad, un Auditorio», mantiene Francisco López, su presidente.

Porque la unión de la sociedad civil da resultados. «Hasta el caso de 'La Aduana para Málaga' he sido siempre incrédulo, pero eso desmintió todo lo que se pueda decir de que la sociedad civil no funciona», sentencia Eugenio Chicano, presidente de la Fundación Aduana-Museo de Málaga, heredera del espíritu de la plataforma ciudadana que peleó en la calle por un espacio expositivo que pronto se hará realidad. De aquella lucha nació también la Asociación de Amigos del Museo de Málaga, que tras una «travesía en el desierto» de 18 años podrá funcionar como una «asociación normal» con sede en ese lugar por el que tanto batalló. «Se nos abre ahora un campo que va a darle un giro completo a nuestra misión», explica el presidente Rafael Martínez.

Durante dos décadas la asociación y en los últimos seis años la fundación, ambos han trabajado por que los fondos del Bellas Artes y el Arqueológico no cayeran en el olvido. Ahora podrán hacerlo desde dentro. A las puertas de ese momento, la Fundación Aduana ha presentado un programa de actividades; mientras la Asociación Museo de Málaga ya trabaja en intensificar la relación con la UMA y en buscar patrocinios.

Pero hace falta más. «Hay una cultura muy discreta de la corresponsabilidad en las cosas que nos son comunes. No es una comunidad vital aquella que pasa de los temas de interés común», afirma Carlos de Mesa, presidente de la Asociación Romero Esteo y responsable de estrategias y programas de la Agrupación Ciudadana XXV Aniversario de la OFM. Esta plataforma creada para felicitar a la orquesta ha implicado este año a cientos de personas vinculadas a la música -coros, agrupaciones, artistas callejeros...- y también a la empresa en un amplio programas de actividades. Pero, de entrada, se recibió en la ciudad «como una cosa rara»: «Nos han llegado a preguntar qué pretendemos, queriendo ver algún otro asunto: solo queremos movilizar a la ciudad alrededor de la orquesta», explica. Porque asociarse ayuda a promover la cultura, pero también a hacerse oír con más fuerza.