Diario Sur

James Rhodes. :: sur
James Rhodes. :: sur

Sonata de cuchillos para piano

James Rhodes ha sido el protagonista de una de las historias más fascinantes y sobrecogedoras que ha dado la música en los últimos años. La suya es una historia de redención y una muestra de supervivencia a través de la creatividad y, de una forma más poderosa, de la divulgación y de la necesidad de provocar el contagio de aquello que le ha hecho libre. Nacido en 1975 en el seno de una familia bien, Rhodes fue víctima de abusos sexuales y de violencia a manos de su profesor de boxeo en una escuela privada de Londres durante cerca de cinco años, pero los abusos no terminan cuando el acoso deja de estar presente. A partir de entonces, asolado por el miedo, por la rabia y por la vergüenza, su vida se convirtió en un doloroso y precoz infierno, en una peregrinación por internados, psiquiatras y medicamentos, en una dependencia a las drogas y el alcohol, en un infierno que encontró la salvación gracias a la música y a esa virtud sanadora de ciertos sucesos traumáticos que consiste simplemente en poder contarlo.

Su historia se ha convertido en un asombroso fenómeno literario en España gracias a la publicación 'Instrumental. Memorias de música, medicina y locura' (editado por Blackie Books), un libro que para poder salir a la luz tuvo que superar primero la demanda que le puso su exmujer por considerar que la brutalidad de su biografía podría causar daños al hijo que tienen en común. Después de un largo litigio, los jueces concluyeron que la libertad de poder contar la verdad es un derecho básico y le dieron la razón en segunda instancia. Cuando publicó su libro en España, James Rhodes ya era una figura bien conocida en Inglaterra gracias a varios programas musicales de éxito en la televisión. Una de sus mayores virtudes como divulgador reside en tratar de provocar el descenso intelectual de la mal denominada 'música clásica' a la altura del pop, poniéndola al alcance de cualquiera, así como de popularizar las emociones que provocan esas composiciones. Rhodes quiere romper la escafandra del elitismo de la academia, habla de Bach o de Beethoven como si fueran auténticas estrellas del rock y luce en su brazo un tatuaje de Rajmaninov porque «tocar su música es una forma excelente de ahuyentar los demonios».

La conversión de Rhodes en uno de los concertistas más emocionantes de la actualidad se produjo casi por azar. Dejó de estudiar piano para trabajar en la 'city' de Londres y un encuentro casual con el mánager de Grigory Sokolov, otro de sus grandes ídolos, le animó a volver al piano, esta vez de una forma autodidacta. Ahora Rhodes es un gran intérprete que aún no se ha atrevido a componer y en sus recitales actúa como 'médium' de aquellas composiciones que le han salvado la vida, y te explica las canciones como un amigo que pretende, como decía Schumann, mandar luz a las oscuridades del corazón. Después de tres décadas llenas de locura, depresiones, cinco intentos de suicidio y una profunda soledad, todos sus traumas encontraron refugio en la música, pero los abusos le convirtieron en un superviviente de por vida y ahora se ha entregado a la belleza para superar el trauma.

Concierto para el libro de James Rhodes

James Rhodes ha estado estos días en España para actuar en el marco del Festival Ja! de Bilbao donde, el pasado viernes, se dejó entrevistar por la periodista Mercedes Cebrián acompañado por un piano que tocaba según las canciones iban apareciendo en la conversación, a la manera de un dj en directo. La presencia del protagonista de una historia tan escabrosa en un festival dedicado a la comedia puede resultar extraña, pero lo cierto es que el británico ha terminado practicando un ejercicio tan inteligente y recomendable como tomarse los dramas con sentido del humor. Este festival, uno de los eventos literarios más interesantes de todo el panorama nacional e incluso internacional, ha cumplido este año siete ediciones con el grandísimo John Cleese de los Monty Phyton como cabeza de cartel. Por estas tablas han pasado, además, autores como Michel Houellebecq, Nick Hornby, Robert Crumb o Tom Sharpe, entre muchos otros.