Diario Sur

Málaga a vista de rotulador

Luis Ruiz Padrón posa frente a la casa del Molinillo con la que inaugurará mañana la sección ‘Málaga a trazos’.
Luis Ruiz Padrón posa frente a la casa del Molinillo con la que inaugurará mañana la sección ‘Málaga a trazos’. / Álvaro Cabrera
  • Ruiz Padrón ilustrará cada domingo la contraportada de SUR con dibujos al natural

  • El arquitecto y fundador local del movimiento Urban Sketchers mostrará la ciudad «con sus grandezas y sus miserias» desde una nueva perspectiva

Por deformación profesional y por inquietud personal, Luis Ruiz Padrón mira la ciudad de forma diferente. Se detiene en detalles de los edificios que a cualquiera le pasarían inadvertidos, se fija en las cornisas, en la estructura, en el entorno... Y en una de esas, caminando por el Molinillo, la vio: una casa por la que han pasado los años y en la que crece un ficus en un canalón de su fachada. Días después volvió con toda su artillería: cuaderno, rotulador y acuarelas. Y la pintó. La singular casa del árbol del Molinillo inaugura mañana ‘Málaga a trazos’, una nueva sección que cada domingo ilustrará la contraportada de SUR con dibujos al natural de la ciudad.

Arquitecto y fundador en Málaga del movimiento Urban Sketchers (un colectivo de personas de diversas profesiones que se reúne en distintos puntos de la ciudad para dibujar a mano alzada), Luis Ruiz Padrón descubrirá al lector lugares y situaciones, algunas cotidianas y otras singulares. «Es como tener un plano de la ciudad de Málaga en el que cada domingo vas poniendo una marca en un punto determinado», explica. Trazo a trazo, domingo a domingo, el malagueño mostrará «la ciudad real de hoy con sus grandezas y sus miserias». Porque el dibujo también puede ser una herramienta de protesta. «Y me gustaría poner el foco sobre situaciones que me resultan dolorosas o inquietantes», avanza.

A veces serán esos rincones en los que el viandante nunca se detiene, «joyas ocultas que merece la pena sacar a la luz». En otros casos recreará lugares reconocibles, pero siempre con una visión distinta a la clásica, capturando su atmósfera y resaltando lo menos fotografiado. «Será de todo menos una postal», puntualiza.

Luis Padrón dibuja con rotulador, sin opción a borrar. «El propio dibujo va absorbiendo el error», argumenta. Dice que así siente que pinta con más seguridad, sin los titubeos del lápiz. No siempre el resultado es el esperado, pero ninguno se desecha, los fallidos siguen ahí en su cuaderno «como testimonio de lo vivido». Porque, siempre con una libretilla a mano, cualquier momento es bueno para dibujar. Ya sea un partido de baloncesto, mientras espera a que sus hijos salgan del conservatorio de música o en la parada de autobús. Mientras otros miran el móvil, él saca su cuaderno. Ya tiene unos 40 completos. Parte de su contenido dio lugar al libro ‘Málaga. Cuaderno de viaje-Sketchbook’.

Es probable que un dibujo de estudio sea más perfecto, «pero le falta esa autenticidad de lo real captado en el momento». Sentado en un banco frente a la escena que retrata o en un portal al otro lado del edificio que traza, Ruiz Padrón se «impregna» de la vida que hay en ese lugar. «En la casita del Molinillo, por ejemplo, pude escuchar el sonido del portón de madera. Eso te hacer ver que está habitada, te evoca recuerdos de infancia... No te fijas solo en la geometría del lugar sino en la vida. Y eso es lo más interesante», indica. Le gusta mantener la paleta de colores sucia, «porque también lo son los colores de la ciudad, con tonos pardos y mezclas».

Ruiz Padrón pinta lo que ve, aunque lo haga bajo su mirada y su perspectiva. Si frente a la casa hay un coche aparcado, en su dibujo también está aunque oculte parte de la vivienda. Y en el proceso de dibujo, siempre hay cambios. «Es la diferencia con la fotografía:ahí capturas un instante. Es como dejar algo en barbecho para estudiarlo cuando llegas a casa. Pero cuando dibujas pasas un buen rato mirando algo y sumergido en una situación, y durante ese tiempo suceden muchas cosas», cuenta.

En 2009 importó a Málaga un movimiento forjado en EE UU, el de los dibujantes urbanos, y desde entonces su actividad con el rotulador se ha multiplicado. Para él es ya una necesidad. «El dibujo es una herramienta al servicio de una forma de mirar, una forma de impregnarme del entorno de una forma más intensa».