Diario Sur

Kimsooja posa junto a su instalación compuesta por 708 farolillos con forma de flor de loto. :: álvaro cabrera
Kimsooja posa junto a su instalación compuesta por 708 farolillos con forma de flor de loto. :: álvaro cabrera

«Buena parte del arte contemporáneo ha perdido el elemento espiritual»

  • La autora coreana presenta en el CAC Málaga una instalación que invita a la meditación y al encuentro entre diferentes culturas

Kimsooja habla con un hilo de voz, delicado pero firme, como su propio trabajo. Una obra que ha presentado en la Bienal de Venecia y el Guggenheim de Bilbao -por citar un par de escalas de su amplio periplo- y que ahora recala en el CAC Málaga. Allí, la instalación 'Lotus: Zone of Zero' (2016) y el vídeo 'To Breathe - The Flags' (2012) invitan a la meditación y al encuentro entre distintas sensibilidades, religiones e ideologías.

La instalación que presenta en el CAC Málaga está acompañada de cánticos gregorianos, tibetanos e islámicos. ¿Aspira a convertir el museo en una especie de templo?

Puede ser. A menudo me dicen que mi trabajo es como un santuario. Por ejemplo, el proyecto que presenté en el Palacio de Cristal de Madrid ('Respirar - Una mujer espejo', 2015). La gente lo sintió como un santuario, como un templo para la contemplación. Puede que ese sea uno de los aspectos de mi trabajo, la cuestión espiritual, mi búsqueda de la empatía con el resto de la humanidad, incluso los 'botari', por ejemplo, cuando los realizo, son un santuario para mí.

Hábleme de sus 'botari', las colchas de vivos colores, muy populares en su país como regalo de bodas, que ha convertido en un símbolo de las migraciones.

Los 'botari' son un símbolo de la gente que está en peligro, que sufren una crisis y que deben coger unas pocas pertenencias y marcharse. Es un símbolo del dolor, tanto en el presente, como en el pasado y en el futuro, me temo. Un sólo 'botari' colocado en un espacio contiene ese dolor, pero también esa esperanza, en el pasado, en el presente y en el futuro. Los 'botari' han sido realmente mi estado central. Incluso es mi cuerpo, es 'yo', es 'nosotros', para mí combina todas las dimensiones de la vida y de la muerte, de mi manera de entender la práctica artística en todas sus dimensiones.

¿Son los 'botari', su obra en general, una forma de enfrentarse a la violencia del mundo?

Sí. Soy particularmente sensible a la violencia humana en cualquiera de sus modos destructivos. Se trata de algo absolutamente dominante en el mundo actual.

¿Entiende el arte como un lugar donde buscar refugio?

Puede serlo, pero también sirve para plantear cuestiones que rompan esa paz. Entonces el arte rompe esa paz para alcanzar un nuevo bienestar. Es alguna forma, mi sociedad ideal consiste en convivir en paz, juntos.

Trabajo en equipo

Habla de vivir todos juntos, pero una de sus obras esenciales, el vídeo 'A needle woman' (1999-2001), la muestra quieta, de espaldas, en medio de la multitud de varias ciudades del mundo. ¿Cree que el arte acaba siendo un trabajo solitario?

No, no lo creo. Creo es ante todo una forma de colaboración, al menos en mi caso. Tengo muchas experiencias de trabajo con otras personas. Recientemente, por ejemplo, he trabajo con científicos especializados en nanotecnología y con arquitectos y ha sido una colaboración muy interesante. Ha sido muy excitante ver cómo afrontábamos un mismo proyecto desde dimensiones muy diferentes. En realidad, creo que nunca he realizado una obra yo sola, en sentido estricto. Es más, creo que nada se hace del todo en solitario, ni siquiera una obra arte. Es imposible, porque siempre hay elementos que están interconectados: relaciones personales, informaciones, colaboraciones... Todo está conectado. Es cierto que en algunos de los vídeos que he realizado aparezco sola, pero siempre necesito especialistas para encontrar las mejores soluciones para llegar a aquello que quiero lograr, incluso cuando he realizado la configuración de este espacio (la sala central del CAC Málaga) he necesitado la colaboración de especialistas, de arquitectos, por ejemplo, para encontrar la mejor manera de realizar la obra. El arte puede encerrarse en sí mismo, pero la vida no es así. Incluso si decides no hablar con nadie, hablas con la naturaleza, con la mesa, con el agua del vaso (dice señalando el lugar de la entrevista). El diálogo siempre está sucediendo. Me encantan los momentos de soledad, pero también valoro estar con los otros, la comunicación, el proceso de aprendizaje con los otros. Creo que se trata de un proceso muy natural.

¿Fue tan natural cambiar su nombre, reducirlo a una sola palabra?

Todo surgió en mitad de la noche, estaba durmiendo y me desperté con esa idea: 'Un nombre con una sola palabra es algo universal y al mismo tiempo anarquista' (fue el título de la primera entrada en su página web). Abrir la página web fue una acción para introducirme a mí misma en el mundo, fue un momento importante para mí porque de alguna manera borraba mi género, mi estado civil, mi religión o mi origen geográfico. Fue una acción muy significativa para mí.

¿Cree que Occidente debería prodigarse más en esa búsqueda interior que parece más propia de los países orientales?

Todo el mundo parece perseguir el dinero, lo material, el poder... Todo es muy materialista, pero no creo que exista una gran diferencia entre Oriente y Occidente. He encontrando grandes momentos de paz en países europeos, porque aún conservan viejos valores culturales. Creo que la vida se vive de una forma más serena en Europa que en Asia. Por supuesto, Nueva York, por ejemplo, es muy diferente, todo el mundo está compitiendo y luchando por el dinero, aunque incluso allí hay otros valores muy estimulantes... Creo que el ser humano, que cada cultura, necesita ese elemento espiritual.

El poder del dinero

¿Echa de menos ese elemento espiritual en el arte contemporáneo?

(Piensa) Creo que sí, que buena parte, sí. Todo se dirige hacia el objeto, hacia lo material hacia algo que puedes poseer, que puedes comprar y que puede ser valioso. Creo que todo esto distorsiona la verdadera dirección del arte, por su puesto esta una parte de un proceso mucho más complejo que se dirige en muchas direcciones o al menos eso espero. Pero por ejemplo, fue interesante ver cómo al principio de la crisis económica, las galerías de Nueva York se llenaron de piezas históricas menos centradas en el aspecto material del valor de las obras en el mercado. Fueron realmente muy buenas exposiciones. Creo que fue un buen momento, en Nueva York, cuando llegó la crisis.

¿En serio?

Sí. Creo que mucha gente reflexionó sobre el valor del dinero y de las prácticas artísticas.

En la presentación de su proyecto en el CAC Málaga, el director de centro, Fernando Francés, ha defendido el poder del arte para cambiar el mundo. ¿Está de acuerdo?

Tengo fe en que pueda ser así. No lo sé, en sentido estricto. Las personas tienen que procurase un sustento material, una casa y otras cosas necesarias, pero creo que los artistas debemos ofrecerles inspiración, esperanza y bienestar para que todas esas personas puedan mantenerse en pie, para que puedan resistir, para que puedan ser felices y estar en paz.