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Castro Prieto, Premio Nacional de Fotografía disecciona su obra en Málaga

Castro Prieto, durante la charla organizada ayer por la Sociedad Fotográfica de Málaga.
Castro Prieto, durante la charla organizada ayer por la Sociedad Fotográfica de Málaga. / Paula Hérvele
  • «No me gusta tirar fotos sin pedir permiso», confiesa el autor en cuyo trabajo se combinan el elemento documental y la fantasía

Todo comenzó en Cespedosa y allí regresa cada año. A ese municipio en la provincia de Salamanca con medio millar de habitantes y buena parte de sus recuerdos. También de sus sueños. Ambos se conjugan en un trabajo que le ha llevado por medio mundo, pero que siempre le devuelve a Cespedosa, a los paisajes de la infancia, al día de su niñez en el taller de su padre donde descubrió un orificio por el que se colaba la luz del exterior para proyectar invertidas las imágenes de la calle. Una cámara oscura. «Para mí aquello era mágico. Un cine de la vida real». Y entonces supo que su destino era ser fotógrafo.

Lo compartía ayer Juan Manuel Castro Prieto durante la charla que ofreció en la capital de la mano de la Sociedad Fotográfica de Málaga. Más de dos horas de anécdotas, consejos y confesiones del Premio Nacional de Fotografía en 2015, que repasó algunos de los proyectos esenciales en sus cuatro décadas de trayectoria, siempre a caballo entre la memoria y los sueños, como él mismo reiteró en varias ocasiones. «No me gusta tirar fotos sin pedir permiso», sostuvo en la tarde de ayer Castro Prieto, en alusión a una de sus obras capitales: ‘Perú, viaje al sol’ (1990-2000).

El autor recordó durante la conferencia cómo el azar le puso frente a la posibilidad de viajar a Perú para realizar las ampliaciones de las instantáneas de Martín Chambi, uno de sus grandes mitos. Se abría ante él ese lejano país con el que había soñado de niño –de nuevo Cespedosa– mientras leía los tebeos de Tintín, en particular, ‘Tintín y las siete bolas de cristal’ y ‘Tintín y el templo del sol’.

Durante la siguiente década, CastroPrieto realizó nueve viajes al país andino. El fotógrafo rememoró ayer cómo al principio trabajaba con una cámara de 35 milímetros, si bien luego se decantó por la más que robusta de 20x25. «Me quería sentir como Martín Chambi cuando viajaba en burro de un pueblo a otro para hacer las fotografías», sostuvo Castro Prieto.

«Me gusta volver a los sitios y llevarles las fotografías que les he hecho. Creo que es importante, les estás tomando su imagen y si los vuelves a ver, lo mínimo es llevarles la foto», defendió ayer Castro Prieto antes de remachar: «Creo que a los peruanos les ha gustado ‘Viaje al sol’, de alguna manera se han sentido identificados, han visto que es algo honesto y que lo que se ve es una parte de Perú».

El encargado de presentar a Castro Prieto fue el presidente de la Sociedad Fotográfica de Málaga, Manuel Viola, quien reivindicó que para la entidad malagueña «es un orgullo contar con amigos como él». En apenas cuatro años, la organización ya cuenta con más de 90 socios y una prueba de su poder de convocatoria se vio en la tarde de ayer, con el salón multiusos del Mercado de la Merced casi lleno para escuchar las palabras de Castro Prieto.

Porque el fotógrafo trufó su conferencia-taller con consejos prácticos sobre cámaras, técnicas, objetivos y reflexiones sobre la resolución, la definición y la acutancia. Y se detuvo en esta última, menos conocida: «Es la capacidad de una lente y un sensor, en este caso digital, para diferenciar grises o colores. Cuantos más pueda diferenciar, más sensación de realismo tendrá la fotografía... Bueno, esto es un rollo técnico». Alguno en la sala incluso tomó aplicadas notas estudiantiles.

Siguió Castro Prieto el periplo por su obra con una parada en ‘Extraños’ (1983-2003). Aquel libro fue para él «una catarsis», una manera de enfrentarse a su propios fantasmas. La fotografía inaugural era una declaración de intenciones que ayer desgranó él mismo: «Con este libro quiero mostrarme en canal, como la vaca desollada que aparece en la imagen, formando el mapa de España. Con eso quiero decir: ‘Ese es mi territorio’». Porque en ‘Extraños’ residen algunos de los asuntos que considera esenciales en su trabajo: «La infancia como generadora de personalidad, el amor y el sexo, la muerte y la religión».

El fotógrafo también compartió los audiovisuales ‘Kaín’ y ‘Pandora’, realizados por su hijo Mario a partir de «la parte más oscura» de su trabajo. Los últimos minutos fueron para su proyecto más reciente: ‘Cespedosa’, adonde siempre regresa Castro Prieto.