Diario Sur

El hombre que quiere morir en Marte

  • El millonario Elon Musk cree que colonizar otros planetas es la única forma de garantizar que la humanidad sobreviva a largo plazo

Para Elon Musk, la humanidad se juega su supervivencia en dos frentes. En la lucha contra el cambio climático y en anticiparse a un cataclismo planetario que el propio transcurrir del tiempo haga inevitable. El impacto de un gran meteorito, la erupción de un supervolcán, una guerra nuclear, una pandemia fulminante o cualquier otra catástrofe. Si la especie humana quiere perdurar de verdad, razona, más le vale repartir los huevos en varias cestas y, además, cuidar estas lo mejor posible. Aunque suene extraño, este emprendedor ha montado un imperio empresarial multimillonario en su búsqueda de soluciones a estos retos. Esta semana anunció su plan más anticipado, ambicioso, arriesgado y, también, menos factible: crear la tecnología para primero colonizar Marte y, después, el resto de cuerpos potencialmente habitables del Sistema Solar. La ha bautizado como Sistema de Transporte Interplanetario (ITS) y ya está trabajando en hacerla realidad.

Si otro hubiese propuesto el mismo plan, pocos lo habrían tomado en serio. Pero Elon Musk no es cualquiera. Es el dueño y consejero delegado de SpaceX, la única empresa privada capaz de lanzar cohetes, ponerlos en órbita o aprovisionar a la Estación Espacial Internacional. Y de Tesla, la compañía que fabrica los coches eléctricos más deseados del mundo. Y el impulsor de la que será la fábrica de baterías más grande del planeta. Y accionista mayoritario (y presidente) en el principal promotor de la energía solar en Estados Unidos. En apenas una década, se ha ganado una reputación que le permite explicar su plan de colonizar Marte y que todo el mundo tenga que prestarle atención. Su especialidad, ha demostrado, es hacer realidad planes que parecían casi imposibles.

La reputación de Musk no surge solo de su capacidad de transformar ideas improbables en realidades tangibles -como hacer que la primera etapa de su cohete espacial aterrice suavemente en una barcaza en mitad del océano para poder reutilizarla y ahorrar decenas de millones de euros en cada lanzamiento-. También tiene fama de, como dicen los estadounidenses, «poner su dinero en el mismo lugar que su boca». En otras palabras, está dispuesto a gastar fortunas en hacer realidad lo que imagina. «Ya he dicho muchas veces que a mi me gustaría morir en Marte, aunque preferiría que no fuese estrellándome contra su superficie», afirmó Musk hace tres años, en una charla en SXSW, un gran encuentro internacional de cultura, ciencia y nuevas tecnologías.

Tesla es su respuesta al reto del cambio climático. Su intento de lograr que la humanidad viaje sin quemar combustibles fósiles. Para conseguirlo, aseguró en su momento, primero tenía que transformar la mala imagen de los vehículos eléctricos. Mientras el resto de marcas intentaron abrir este mercado con modelos urbanos, pequeños, con poca autonomía, escasa potencia y prestaciones limitadas, Musk optó por empezar por la gama más alta. Casi 500 kilómetros sin recargar, aceleraciones de infarto y características -como un sistema de piloto automático- que no tiene nadie más. Y acertó. La lista de espera para comprar sus coches es de más de un año. Se han convertido en un fenómeno de tal magnitud que un Tesla recién salido del concesionario aumenta su valor, porque hay conductores dispuestos a pagar de más para ahorrarse la espera.

Cambio climático

Junto a su faceta empresarial, Musk aprovecha su fama para impulsar la que, según él, es la mejor manera de luchar con fuerza contra el cambio climático: poner un impuesto a los combustibles fósiles similar a los que ya tienen el alcohol o el tabaco. «El principal problema es que, a día de hoy, las normas incentivan a la gente a usar hidrocarburos. Es de locos», aseguró en un encuentro con estudiantes durante la cumbre de París que concluyó con el primer acuerdo mundial contra el calentamiento global.

Para que una colonia en Marte pueda ser autosostenible, explicó Musk durante su presentación del ITS, hará falta enviar hasta allí alrededor de un millón de personas. De dónde sacarían el oxígeno, el agua o la comida necesarias para vivir son preguntas que han quedado, de momento, sin responder, aunque él pretende estar entre ellos. Con financiación suficiente, aseguró, los primeros lanzamientos podrían empezar a mediados de la próxima década.

Musk, que tiene 45 años, tiene que darse prisa si pretende cumplir su deseo de morir en un planeta distinto del que le vio nacer. De momento, ya ha empezado con las primeras pruebas reales de un nuevo motor de cohete, denominado Raptor, que usa un combustible que es posible fabricar con elementos que se encuentran en la atmósfera y el suelo del planeta rojo. Tal vez no logre llegar a Marte, pero parece que sus planes van en serio.