Diario Sur

Hergé en el país de los museos

Las viñetas del mítico reportero, a tamaño gigante. :: efe
Las viñetas del mítico reportero, a tamaño gigante. :: efe
  • El Grand Palais de París consagra el cómic como noveno arte con una monográfica dedicada al padre de Tintín

En 1969 le preguntaron a Hergé cómo veía el cómic en el año 2000. «Espero que sea considerado un medio de expresión como la literatura o el cine», contestó. Desde esta semana el padre de Tintín oficia la consagración del noveno arte en el Grand Palais de París. El hito llega con una exposición 70 años después de la aparición del primer número del tebeo 'Tintin' el 26 de septiembre de 1946. Es la primera muestra monográfica dedicada por un museo público francés a una disciplina considerada menor e infantil cuando el creador belga la practicaba. Plebiscitada con 250 millones de álbumes vendidos en un centenar largo de lenguas, su obra sucede en la programación de la prestigiosa pinacoteca a la firmada por maestros consumados como Velázquez, Picasso, Braque o Hopper.

Hergé es la transcripción fonética en francés de las iniciales invertidas de Georges Remi (1907-1983). Esa 'erre' y esa 'ge' forman el nombre artístico más cotizado en el mundo del cómic. Una doble página con esa firma ostenta el récord mundial del precio pagado por unas viñetas originales con los 2,65 millones de euros alcanzados en una subasta hace un par de años. No menos de 600 libros se han publicado sobre Tintín sin olvidar las adaptaciones cinematográficas de Jean-Pierre Talbot en los años 1960 ni la de Steven Spielberg en 2012, que promete continuidad. Pero faltaba el espaldarazo de una gran institución cultural que el Grand Palais otorga ahora con la complicidad de la Fundación Hergé de Lovaina.

«Queremos mostrar el proceso creativo de la obra de Hergé, desde el bosquejo hasta el coloreado pasando por la modelización de objetos e inmuebles como el cohete y el castillo, sus resortes estilísticos, su génesis, su intertextualidad y sus correspondencias con el arte, el cine y la historia», explica Jérôme Neutres, el comisario de la muestra, fascinado por la formidable universalidad del sujeto de su estudio. «¿Cuántos artistas en la historia del arte han logrado producir obras que interesan tanto a los niños de 7 años como a los adultos de 77, a los belgas de 1929 que a los americanos de 2016?», plantea.

Inclinaciones fetichistas

De culto para incondicionales, la muestra aporta poca cosa a tintinófilos, tintinólogos y otros tintindólatras, salvo el placer de sumergirse en el trillado universo del intrépido reportero de papel, incluida la posibilidad de hacerse un 'selfie' en medio de un mural con todo el paisanaje: Haddock, Tornasol, Hernández y Fernández, Milú y demás familia. Las inclinaciones fetichistas quedan satisfechas con maquetas emblemáticas, estatuillas inspiradoras, planchas originales en blanco y negro y hasta la reproducción del taller del dibujante si no se ha tenido oportunidad de visitar la fundación belga de donde todo ello procede.

Más novedoso resulta curiosear en los pinitos pictóricos del viñetista acomplejado o descubrir su maestría como ilustrador y grafista publicitario. Una selección de grandes carteles y anuncios, reclamos como entonces se llamaban, prueba el talento como publicista del fundador en 1934 de su propia agencia con un trabajo en el que, por su sencillez expresiva y pureza de trazo, los especialistas perciben los principios fundacionales de su célebre 'línea clara'.

Más tardía, su incursión en la pintura data de principios de los años 1960, cuando realizó cerca de cuarenta cuadros abstractos de los que se exhiben siete, ejercicios de estilo inspirados en artistas a los que admiraba como Miró, Klee o Van Lint. Retratado por Andy Warhol en 1972, su interés por el arte contemporáneo se plasma en muestras vanguardistas de su colección particular firmadas por Lucio Fontana, Jean Dubuffet, Roy Lichtenstein o Sol LeWitt.

Consciente de sus límites, Hergé renunció rápidamente a rivalizar con sus maestros en la abstracción. «La pintura no fue más que un paréntesis, fugaz y secreto, que le devuelve al cómic, su verdadero modo de expresión, el único en el que sobresale», apunta Cécile Maisonneuve, asesora científica de la exposición. «A la pintura tendría que consagrarle la vida. Tengo solo una, ya bastante avanzada. He de elegir. La pintura o Tintín. Pero no los dos», se autoconvenció el pintor frustrado en la década de 1970.