Diario Sur

Los recorridos nocturnos por la Alcazaba dejarán de ser extraordinarios con el proyecto del Ayuntamiento de instaurar este tipo de visitas al monumento.
Los recorridos nocturnos por la Alcazaba dejarán de ser extraordinarios con el proyecto del Ayuntamiento de instaurar este tipo de visitas al monumento. / Carlos Moret

A la Alcazaba se le enciende la bombilla

  • El monumento más visitado de la capital bate su 'record' al superar el medio millón de visitantes anuales. El éxito plantea la necesidad de aumentar el "obsoleto" precio de las entradas para reinvertir en su conservación e iluminación. Y afrontar, la fin, el reto de su apertura nocturna

Málaga, cuna de Picasso. La ciudad de los museos. Eso es lo que leen muchos de los turistas antes de llegar a la capital de la Costa del Sol. Y eso es lo que esperan. Pero cuando los visitantes pisan al casco antiguo o los cruceristas miran por la borda al acercarse al muelle del puerto, lo primero que ven es una imponente muralla trepando por una colina y unas torres con genética árabe que llaman la atención. «La Alcazaba se vende sola», reconoce la arqueóloga y conservadora del monumento, Fanny de Carranza, que tiene a su lado la estadística con las 509.457 personas que el pasado año pasaron por la fortaleza-palacio. Cifra récord que, con el tirón de la capital como destino cultural, este año van camino de superar. Lo dice con la seguridad que dan los números provisionales de 2016 -por encima de las 400.000 visitas y con los mejores meses del año todavía por delante-, aunque la responsable de la fortificación palaciega no es de las que se deja llevar por la autocomplacencia. Todo lo contrario, la arqueóloga tiene muy claro cuales son las almenas que el monumento musulmán tiene todavía que conquistar: más recursos para su conservación, mejorar la señalización intramuros para el visitante y afrontar el reto de la iluminación nocturna que permita las visitas nocturnas. Unos proyectos que pasan por la necesaria actualización del precio de las entradas. «La tarifa está obsoleta», defiende De Carranza.

No le falta razón. Sólo hay que quedarse un par de minutos a las puertas de la Alcazaba para comprobarlo. De los quince visitantes que han entrado en los últimos minutos, el 100% son turistas nacionales y extranjeros -el vestuario y el acento no engaña- y con unanimidad han levantado las cejas o han hecho una mueca cuando les han dicho que el acceso costaba 2,20 euros. Once de ellos han optado por la opción combinada con el Castillo de Gibralfaro por 3,55 euros. Los malagueños, jubilados y escolares disponen además de un precio reducidísimo de 0,60 euros. Ambas tarifas son las más bajas en el mapa de museos y monumentos malagueños. Así, acceder a la vecina Catedral cuesta cinco euros, mientras que en el Picasso sube el entrada general a siete. «Por mi experiencia, nuestros paisanos no vienen mucho y, si lo hacen, suele ser para traer a alguien de fuera», explica Fanny de Carranza que contrapone esta realidad diurna de las estadísticas al éxito local de las puntuales visitas nocturnas. «Cada Noche en Blanco, los recorridos teatralizados de la asociación Zegrí y el programa piloto que se llevó a cabo en las noches de verano de 2014 han sido un éxito gracias a los propios malagueños», señala la conservadora de la Alcazaba, que tiene su despacho en una de las torres del palacio. Un mirador privilegiado desde el que confirma que la apertura nocturna del conjunto nazarí es una «demanda ciudadana».

Garantizar la seguridad

Para ello, al Ayuntamiento se le ha encendido la bombilla y tiene previsto abrir el monumento a la luz de la Luna la próxima primavera-verano, según señala la Concejala de Cultural, Gemma del Corral, que añade que, para afrontar la prolongación del horario, el monumento tiene que adaptarse para «garantizar la seguridad de los visitantes». Así, su departamento y la propia dirección de la Alcazaba han desarrollando con urbanismo un proyecto para mejorar la señalética y la iluminación interior que facilite las visitas con nocturnidad. «El objetivo es posibilitar el tránsito sin que la luz artificial afecte la imagen original y el misterio que debe rodear al monumento», señala la arqueóloga Fanny de Carranza, que destaca la buena acogida que han tenido las visitas nocturnas con realidad virtual que comenzaron hace una semana y que la empresa malagueña VRestudio ofrece de forma gratuita al público que visite la Alcazaba hasta finales de diciembre.

Pero el interruptor de hágase la luz no es el único proyecto del monumento musulmán. De las audioguías se ha hablado en numerosas ocasiones, a lo que Fanny de Carranza suma un proyecto para crear un museo tiflológico que facilitara la vista a invidentes o la instalación de códigos QR por el recorrido para que el público acceda in situ y desde su teléfono móvil a la información de los arcos, miradores, jardines y estancias que visiten en cada momento. Y, por supuesto, reforzar la relación y la visitan conjunta con el 'hermano' Castillo de Gibralfaro.

Pero para poner todo esto en marcha, la concejala de Cultura, Gemma del Corral, asegura que los precios de las entradas se tienen que actualizar «para que podamos reinvertir esos ingresos en mejorar la visita y la experiencia de la Alcazaba». Por ello, la edil va a negociar con la oposición un aumento de la tarifa, que está establecida por una tasa municipal que, a su juicio, se sitúa fuera de mercado, ya que no se ha incrementado desde la desaparición de la peseta, en 2002. Una época en la que, además, no existía ni el Museo Picasso ni el equipamiento artístico y expositivo que ha convertido a Málaga en un destino cultural. «Tener un precio tan bajo se percibe a veces como una devaluación del propio monumento», añade Fanny de Carranza que está convencida de que la actualización de las entradas facilitaría no solo la mejora y la conservación del emblemático palacio fortificado, sino también «ganar en visitantes» con los nuevos servicios y horarios.

Defensa de Temboruy

El aspecto actual de la Alcazaba le debe mucho a la figura del que fue su responsable en la primera mitad del siglo XX, el conservador Juan Temboury, que eliminó muchas de las construcciones domésticas que estaban adheridas a las murallas y reconstruyó calles, almenas y torres del monumento andalusí. En ocasiones, con sillares, columnas y materiales procedentes del entonces recién descubierto Teatro Romano. Una rehabilitación que algunas voces han puesto en entredicho. No obstante, la perspectiva del tiempo ayuda a situar también el pasado. «Entonces la Alcazaba era una ruina y tanto Temboury como los arquitectos que dirigieron la rehabilitación hicieron un enorme esfuerzo por poner en valor este monumento que responde al tipo de reconstrucción historicista que se practicaba en la época», explica De Carranza, que pone otros ejemplos famosos, como la iglesia palentina de San Martín de Fromista.

«Hubo una excesiva intervención, pero aquella era la única forma que la Alcazaba se conservara y llegara a nuestros días», explica la arqueóloga, mientras se acerca a la muralla para mostrar la singular personalidad del monumento malagueño que mezcla reconocibles ladrillos musulmanes con espectaculares sillares traídos de la vecina excavación del graderío romano. «Le tengo un gran respeto a la figura de Temboury, porque además nos dejó una gran documentación en la que se han basado todas las investigaciones que se han realizado del recinto», señala la experta y también autora del libro 'Alcazaba de Málaga' (Esirtu), el último estudio sobre la fortificación nazarí.

La próxima apertura a los pies de la Alcazaba, en la Aduana, del Museo de Málaga y su sección de Arqueología -antiguamente se encontraba alojada en las estancias palaciegas de la propia fortificación musulmana- será además un buen complemento para tener una visión más completa de lo que supuso este monumento en la época árabe. Una relevancia histórica que la conservadora de este espacio une a su valor más singular, su emblemática situación. «En la Alcazaba no solo tienes elementos arquitectónicos y arqueológicos únicos de la Edad Media, sino que además conoces el desarrollo, la geografía y la expansión urbana con las mejores vistas de Málaga», señala la directora.

Solo hay que levantar la vista para comprobarlo. Dos turistas jóvenes con mochila de una compañía de cruceros se quieren llevar un selfie desde uno de los miradores. No falta nadie en el encuadre. Ellos, en primer término, y la ciudad del paraíso, un sol reluciente y el barco que los ha traído, al fondo. En un rato partirán a otra ciudad, pero ellos se llevan su foto. Y la visita al monumento más popular y fotografiado de Málaga.