Diario Sur

Rosetta se despide al chocar con el cometa 67-P y mandar su última fotografía

  • La sonda europea envía la imagen a apenas 50 metros sobre la superficie del cuerpo celeste que cazó en 2014 y que será su cementerio

La apoteosis final de Rosetta se ciñó al plan casi a la perfección. La sonda europea reposa, desde ayer a eso de las 12:40 hora española, en la superficie del cometa 67-P 'Chury'. Desactivada para siempre, supuestamente sin capacidad de despertar de nuevo, a apenas 40 metros de la fosa que habían previsto que le sirviese de sepulcro. Los científicos de la Agencia Espacial Europea (ESA) intentaron encestar una canasta teledirigida a más de 700 millones de kilómetros y casi lo consiguen.

En cualquier caso, ayer concluyó definitivamente una de las misiones más importantes de la historia astronáutica europea. La primera vez que una nave construida por humanos da caza a un cometa para recorrer con este su viaje alrededor del Sol. Doce años de aventura espacial llena de hitos, descubrimientos científicos y alguna que otra decepción.

Solo acercarse hasta 'Chury' ya era un reto enorme: hubo que acertarle a un diminuto pedrusco de hielo que se mueve alrededor del Sol a más de 100.000 kilómetros por hora. Algo así como disparar una bala y clavarla en otra que ya estaba en vuelo. Quedarse al lado del cometa tampoco fue sencillo: su forma irregular obligó a que los técnicos desde la Tierra tuviesen que corregir su órbita varias veces a la semana.

La hija de Rosetta, la sonda Philae, destinada a estudiar su supercie en detalle, solo pudo cumplir su misión a medias porque rebotó durante su aterrizaje. Hace apenas una semanas la encontraron, escondida entre unas piedras, gracias a una imagen tomada con la misma cámara con la que Rosetta ha retratado sus momentos finales. Su última fotografía, a unos 50 metros de altura, queda para la historia de la exploración espacial.