Diario Sur

La resurrección de Joaquín de Molina

Obra sin título de 1985. :: álvaro cabrera
Obra sin título de 1985. :: álvaro cabrera
  • El Rectorado reivindica a este «agitador cultural» con una antológica en el 30 aniversario de su muerte

  • Silenciado durante años por el contenido explícito de sus obras, el artista hizo suyas las vanguardias de los años 80 sin olvidar a los clásicos

«Nunca es tarde», decía la vicerrectora de Cultura de la UMA, Tecla Lumbreras. «Más vale tarde que nunca», añadía Agustín Hernández de Molina, hermano del artista. En el ambiente se respiraba satisfacción y también cierto alivio por sentir que ahora sí se ha saldado una deuda pendiente desde hace muchos años. Ayer, por fin, celebraban la «resurrección» de Joaquín de Molina (1952-1986), se felicitaba el artista y amigo Pablo Sycet. El Rectorado de la UMA reivindica a este artista posmoderno, «agitador cultural» de la Málaga de la Transición, con la primera antológica que se le dedica 30 años después de su fallecimiento.

Representante de una generación artística que hacía gala de una libertad recién conquistada, la de los creadores de los 80, Joaquín de Molina cabalgó de los clásicos a las vanguardias «más corrosivas», acercando a Málaga, la ciudad en la que se crió y formó, la corrientes artísticas más radicales del momento en Europa. Su muerte prematura a los 34 años, marcada en aquella época por el estigma del sida, frenó en seco una producción ecléctica «silenciada más tiempo del debido», lamentaba Sycet.

'Joaquín de Molina. Lo humano del paraíso' recorre esa trayectoria vital que le llevó a Madrid, Londres, Berlín y Emmen (Holanda) detrás de las vanguardias; y su plasmación en su arte. Con alrededor de 80 obras realizadas entre 1971 hasta 1986, la muestra refleja la inquietud de un artista que se adscribe primero a grupos neofigurativos -con una clara influencia de nombres malagueños como Brinkmann y Peinado- para después descubrir en Londres la pintura pop y a David Hockney y dejarse seducir más adelante en Berlín por el neoexpresionismo de los nuevos salvajes alemanes.

Pero en su obra también se encuentran reminiscencias barrocas y renacentistas, y hasta guiños a Picasso. «Recorre la historia del arte de forma completa», resumió Juan Carlos Martínez Manzano, comisario de la muestra junto a Pedro Pizarro. Para este último, De Molina es un claro exponente de lo que llama «la edad del entusiasmo», aquella generación que llevó la modernidad a una Málaga «ávida de cultura».

Una generación «borrada»

La exposición reúne fondos de coleccionistas privados, así como obras cedidas por la Fundación Picasso-Casa Natal y por el Colegio de Arquitectos. El Museo Reina Sofía y el de Bellas Artes de Málaga también cuentan con pinturas de Joaquín de Molina en sus catálogos. Pero entonces, ¿por qué se ha tardado tanto en 'resucitar' su obra? «La de los 80 ha sido una generación borrada, rompió muchos tabús y de pronto se consideró que eso no era políticamente correcto», apuntaba Lumbreras.

Joaquín de Molina era un activista de la libertad sexual, miembro del Frente Homosexual de Acción Revolucionaria que se movía en la clandestinidad en los 70, y no lo oculta en una obra muy explícita en la que predominan los desnudos masculinos en actitudes sexuales y los símbolos fálicos. «Vincula las corrientes del expresionismo salvaje a su historia personal y a su anhelo de vivir la sexualidad en libertad. Y quizás eso ha ido retrasando 'sine die' esta exposición», reflexionó Sycet. Hasta cuatro veces han intentado sin suerte colgar estas piezas en alguna sala de Málaga.

Pero la creación de Joaquín de Molina va mucho más allá. Dominaba multitud de técnicas, desde el 'action painting' en grandes lienzos a los dibujos a base de trazos marcados. Sobre papel destacan sus obras de 'estilo oscuro', como la califican los comisarios. Aquí introduce elementos de vanguardia de clara influencia alemana, distorsionando las proporciones entre las figuras humanas y los edificios. Las escalas se igualan en unas piezas; en otras, el individuo sobrepasa claramente al elemento arquitectónico. Sucede también en un simbólico lienzo donde dos hombres miran desafiantes al frente con el edificio de La Equitativa de fondo, una de las pocas ocasiones que incluye referencias malagueñas. Esa interpelación al espectador a través de los ojos del retratado tampoco es habitual en su producción, donde tiene más presencia el perfil.

Mezclaba tendencias sin complejos, añadiendo por ejemplo un toque barroco (con un telón que enmarca la escena) en un cuadro de aires pop. Y era, ante todo, un artista de su época que incorporaba en sus pinturas a las tribus urbanas (como los punks), a los estilismos de la modernidad de los 80, a los grupos de rock... Ahora esas obras no se quedarán congeladas en el tiempo.