Diario Sur

Diario de un pintor en Nueva York

Dibujos realizados en el reverso de cartas de menús del restaurante del hotel Savoy.
Dibujos realizados en el reverso de cartas de menús del restaurante del hotel Savoy. / Ñito Salas
  • El Museo Carmen Thyssen descubre a un «Sorolla distinto», espontáneo y moderno

  • El artista captura con una visión casi fotográfica la vida de la Gran Manzana en una serie de ‘gouaches’ que pintó para enseñarle la ciudad a sus hijos

Cuentan que un periodista del ‘New York Times’ le pidió las obras para ilustrar la entrevista que le acababa de hacer, pero él se negó. Pensaba que eran piezas «sencillas» que carecían de valor, y además ya tenían un destinatario: Sorolla quería llevárselas a sus hijos para enseñarles cuánto había cambiado la ciudad que ellos conocieron apenas dos años antes. Por eso, y por su impulso irrefrenable por pintar, el valenciano se asomaba al alféizar de su ventana en el hotel Savoy de Nueva York para capturar en trazos rápidos el ritmo frenético de la Gran Manzana. Pero lo que entonces fue un puro entretenimiento adquiere hoy una relevancia significativa: en ‘Sorolla. Apuntes de Nueva York’ se descubre a un pintor «distinto» y casi inédito. Su faceta más desconocida ocupará hasta el 8 de enero la Sala Noble del Museo Carmen Thyssen de Málaga.

«Esta exposición sorprende porque es única», avanzó la bisnieta del artista, Blanca Pons Sorolla. Cuando no pinta por encargo, cuando lo hace por placer y a miles de kilómetros de casa, aparece otro Sorolla. Un artista «espontáneo» y rápido, capaz de componer en ‘gouaches’ (aguadas) una imagen con pocas pinceladas utilizando como lienzo cartones para doblar las camisas de etiqueta. Y un artista «moderno», con una gama cromática poco habitual en el ‘pintor de la luz’ –incluso con paisajes nocturnos– y con una perspectiva que no aparece en sus obras de referencia. Para sus trazos a vista de pájaro, Sorolla recurre a encuadres casuales y planos picados, una clara influencia de su interés por la fotografía, «que en ese momento estaba encontrando su hueco en el mercado del arte», explica la comisaria y directora artística de la pinacoteca, Lourdes Moreno.

«Es una producción excepcional: ni antes ni después volvió a hacer nada parecido», apostilló Consuelo Luca de Tena, directora del Museo Sorolla de Madrid, de donde proceden estos nueve ‘gouaches’ y 18 dibujos neoyorquinos. Una colección muy pocas veces mostrada al público –que llega a Málaga con el patrocinio del bufete Gómez-Villares & Atencia Abogados– y que la baronesa Carmen Thyssen «adora». «Siempre aprendemos cosas de las grandes exhibiciones que hacemos aquí», declaró la presidenta de la Fundación Palacio Villalón, que inauguró la muestra junto al alcalde Francisco de la Torre.

Son obras que el artista realiza en un momento muy concreto de su vida: durante su segunda y última estancia en Nueva York en 1911 (del 22 abril al 24 de mayo), dos años después del éxito que tuvo su exposición en la Gran Manzana y en plenas conversaciones con el hispanista Archer Milton Huntington para hacer su proyecto cumbre, ‘Visión de España’, los monumentales lienzos que decorarían la biblioteca de la Hispanic Society. Algunos bocetos de lo que por entonces le rondaba la cabeza también se exponen en el Thyssen, así como fotografías personales.

En sus ratos libres en la habitación del Savoy, se deja seducir por el ambiente de la ciudad y captura con su pincel diluido en agua el movimiento de coches a la entrada de Central Park, una noche en el entorno del hotel Plaza, la actividad de la calle 59... Y cuando baja al restaurante del hotel, aprovecha la carta de los menús para retratar en el reverso con trazos intensos y ágiles a los comensales de la sala. Hombres enchaquetados y mujeres con grandes sombreros que sirven de radiografía del momento y el lugar. Pinturas que, en definitiva, muestran a un artista «que pinta para sí, en total libertad». «Aquí Sorolla está volando», resumió su bisnieta.