Diario Sur

El frenesí neoyorquino de Joaquín Sorolla

La exposición en torno a Joaquín Sorolla podrá visitarse hasta el 8 de enero de 2017.
La exposición en torno a Joaquín Sorolla podrá visitarse hasta el 8 de enero de 2017. / Álvaro Cabrera
  • El Thyssen de Málaga ultima la exposición que revela la febril y singular obra del pintor en la Gran Manzana

  • La pinacoteca ofrecerá a partir del próximo martes una exhibición que saca a la luz la faceta más experimental y personal del artista valenciano

Es conocido como el pintor de la luz, pero aquí hay varios nocturnos; como el retratista de paisajes campestres y orillas del mar y sin embargo aquí bulle el ruido de la ciudad; como el heredero de la tradición del XIX en la bisagra del nuevo siglo que aquí se muestra innovador en encuadres y perspectivas... «Es una exposición que va a sorprender», adelanta Lourdes Moreno, directora artística del Museo Carmen Thyssen y comisaria de ‘Sorolla. Apuntes de Nueva York’, la muestra que la pinacoteca malagueña ultima en estos momentos y que abrirá al público el próximo martes.

A través de nueve ‘gouaches’ (aguadas) y 18 dibujos procedentes del Museo Sorolla de Madrid, la nueva exhibición del Thyssen malagueño se asoma a una faceta «poco conocida» del artista valenciano. «Son obras que Sorolla realizó en apenas un mes, en 1911, durante su estancia en Nueva York para cerrar el encargo de los grandes paneles que decorarían la biblioteca de la Hispanic Society. En aquel momento estaba en la cúspide de su trayectoria vital y artística y en los instantes de descanso se entregaba a estas obras que muestran su lado más íntimo y personal. Es un Sorolla poco conocido por el público, pero con mucha vibración, con una gran energía que parece emanar de la propia ciudad, con la que se mira cara a cara», desgrana Moreno.

Un arrebato creativo que le llevaba a pintar con lo que tuviese a mano. Por ejemplo, los retratos reunidos en la exposición están elaborados en los reversos de los menús de los restaurantes. Retratos al vuelo de los comensales de otras mesas vecinas.

Una vocación casi fotográfica compartida por los dibujos y las aguadas, como explica Moreno. «En las escenas de la ciudad que recoge en los ‘gouaches’ aparecen perspectivas muy fotográficas, picados y encuadres muy singulares y poco frecuentes en su producción», esboza la comisaria. Se trata de las vistas que Sorolla tenía de la Gran Manzana desde su habitación del Hotel Savoy durante aquella segunda y última estancia en la ciudad de los rascacielos.

El pulso de la urbe

«Desde su habitación le toma el pulso a la ciudad, se mira en ella y se reconoce en su energía. En la ciudad que nunca duerme, Sorolla dedica su tiempo de descanso a retratar esa urbe que le fascina y le atrapa, por eso esta exposición ofrece una faceta muy singular del autor», avanza la directora artística de la pinacoteca sobre la exposición patrocinada por el bufete de abogados Gómez-Villares & Atencia Abogados

«En ese momento, Sorolla no está pensado ni en la temática usual de su obra ni en el estilo que le habían convertido en un artista reconocible y muy cotizado; aquí Sorolla está pensando en sí mismo, en su gusto personal y en su sensibilidad», cierra Moreno.

Ya lo confesó el propio autor: «Yo lo que quisiera es no emocionarme tanto (...) no puedo con tanto placer, no lo resisto como antes, es que la pintura, cuando se siente, es superior a todo». La pasión, el arte.