Diario Sur

Desfile de Ana Locking.  :: BELEN DíAZ / afp
Desfile de Ana Locking. :: BELEN DíAZ / afp

Locking saca la flamenca que lleva dentro

  • Oliva muestra su faceta más roquera y Ulises Mérida da en el blanco con una colección sacada de un cuadro de Sorolla

El desfile doble de Dolores Cortés y Ulises Mérida levantó el telón de la segunda jornada de la Mercedes-Benz Fashion Week Madrid. La firma de baño tomó como inspiración las vanguardias artísticas del Arte Cinético y el Op-Art, con grandes planos de color que se combinan con retículas caladas y estructuras que proporcionan sensación de movimiento. La combinación y repetición de figuras geométricas simples como rectángulos, cuadrados, triángulos o círculos se baña en tonalidades que crean gradaciones de luces y sombras. Laminados plata de distinta intensidad y tejidos acolchados con efectos 3D generan un ambiente de aire galáctico que pasó a un segundo plano con la fantástica propuesta de Ulises Mérida. Las modelos del modista manchego parecían sacadas de un cuadro de Sorolla o de la película 'Muerte en Venecia', imagen que aderezó con sus imprescindibles cinturones-lazada sobre siluetas fluidas que acentuaban la imagen de delicadeza que siempre imprime Mérida en todos sus diseños. Pero lo mejor estaba por llegar. Terminó con un original carrusel en el que mostró quince versiones de su exitosa camisa betina. Una guinda perfecta para un suculento pastel.

Un buen comienzo de jornada que se torció con el habitual cortijo de Francis Montesinos. El diseñador creó un estampado que refleja al cielo de Valencia durante la Mascletá y otro en homenaje a todos los artistas que han hecho de las Fallas un monumento, y los mezcló con grafitis para reivindicar a la fiesta con más pólvora de España como Patrimonio de la Humanidad. Podría haber estado bien si no fuese porque plasmó su alegato sobre las mismas piezas de siempre, con combinaciones imposibles inspiradas en estilos y épocas tan diversas que no tienen sentido alguno, volviendo a dejar de lado el 'menos es más'.

Un batiburrillo al que Juanjo Oliva consiguió poner cordura. Sorprendió con su propuesta más roquera y menos comercial, aunque igual de accesible que siempre, con precios que oscilan entre los 300 y los 500 euros. Su segunda colección de fiesta para El Corte Inglés tiene su base en el vestido romántico, con colas enormes -las que salgan a la venta no serán tan largas- y bordados con flores naturales. El punto poético de las piezas contrasta con prendas masculinas como sombreros y zapatos. Una línea llena de contrastes, como el camuflaje cuajado de plumas para eliminar el sentido bélico a su estética, delicadas flores liberty acompañadas de escorpiones, en referencia a su signo zodiacal, o flores formadas por bichos. Para rematar la gran jugada, mostró tres vestidos de novia: uno con plumas, otro confeccionado con encaje elástico y un tercero lencero adornado con pinchos. Aunque le bastaba con su interesante propuesta para meterse al público en el bolsillo, su gran amiga Nieves Álvarez regresó a la pasarela para celebrar el magnífico 'lifting' de la firma, que tendrá su propia tienda en Madrid a partir de enero.

Cambio de Laguna

La franja vespertina no pudo empezar mejor. Ana Locking estuvo soberbia con la muestra de su proceso creativo. La idea es romper para volver a construir las piezas rajadas y deshilachadas a modo de patchwork, dejando a la vista las imperfecciones. Destacaron una falda y una bomber confeccionadas con lentejuelas vistas a través de organza transparente y un vestido de noche repleto de perlas. Sin embargo, lo que más llamó la atención fueron los volantes que usó envolviendo el cuerpo, simbolizando los entresijos del cerebro, que juegan con las prendas de camuflaje, tanto en mujer como en hombre, en una colección muy invernal para estar destinada a la primavera-verano, tanto por sus tejidos como por sus colores.

Cambio de tercio con la llegada del mediático Hannibal Laguna, que dejó en un segundo plano sus barrocos vestidos de boda para salir de su zona de confort y depurarse con piezas sin pedrería ni volúmenes exagerados, en las que la espalda cobra especial protagonismo, con transparencias y botonaduras. La razón de este drástico cambio -a bien- no es otra que su nueva colección de joyería, que necesitaba lienzos más sencillos para destacar.

Un romanticismo que Duyos continuó. Juan ofreció una lección de botánica con envolturas, pliegues y plisados sutiles y ligeros gracias al guipur, Jacquard y el plumetti en blanco camelia, rosa peonía, azul hortensia, amarillo narciso y verde agua. Formas caprichosas y armonías espontaneas en un jardín de ensueño desde el que embarcamos en el crucero de la sofisticación de Ion Fiz para despedir la jornada sabatina. Algodón egipcio, canvas, twill, piqué, tejido vaquero, seda metalizada, perlé y tul se bañan en blanco, arena, azul cielo, índigo, negro, plata y oro para deslizarse con elegancia por la cubierta del barco. El plus del eibarrés es que parte de las prendas que subió a la pasarela estarán a la venta en su tienda a partir de mañana.