Diario Sur

David Salle: «No hay atajos en el arte»

David Salle posa junto a ‘Sky King’ (1998).
David Salle posa junto a ‘Sky King’ (1998). / Fernando González
  • El CAC Málaga repasa el último cuatro de siglo de producción de un autor esencial en el resurgir de la pintura en el arte contemporáneo

La timidez le ha llevado a sentarse en un banco a las puertas del CAC Málaga mientras espera a que empiece la presentación de la muestra que repasa sus últimos 24 años de carrera. Hace unos minutos, la sesión de fotos se ha limitado a posar sentado en una silla delante de uno de sus cuadros. Casi no quería ni eso, pero el director del CAC Málaga, Fernando Francés, le ha convencido con el argumento de que así, con el encuadre propuesto, parecería que formaba parte del lienzo. Quizá sea, en el fondo, la gran ambición de David Salle (Oklahoma, Estados Unidos, 1952): quedarse a vivir en sus cuadros.

–Su proyecto en el CAC Málaga se titula ‘Basado en hechos reales’ pero sus pinturas tienen poco que ver con el realismo. ¿Se trata de un guiño irónico?

–El título no tiene tanta importancia. Tienes que llamar la exposición de alguna manera. Llamar la exposición ‘Pinturas’ o ‘20 pinturas’ resulta muy difuso y buscábamos algo un poco más provocativo. Es algo más frívolo en realidad y tampoco hay que tenerlo muy en cuenta. No hay que tomarlo de una manera muy literal, es mejor abrir la mente.

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–¿Es esa mirada abierta lo que pide para su obra?

–Exacto (Piensa unos segundos) No pido a los espectadores que hagan nada en particular o diferente a lo que hacen cuando caminan por la calle y reciben las sensaciones de todas las imágenes que ven cualquier día de su vida.

–Ya que habla del espectador, en el pasado ha comentado que lo único que le interesa en su obra es el resultado final, la imagen, y no establecer una posible comunicación con el público. ¿Qué papel juega el espectador en su obra?

–No lo sé. Para mí se trata de dos cuestiones separadas, pero al mismo tiempo unidas. Lo que importa es el resultado final. Cuando hago una mancha, un rectángulo o cualquier otra forma son ya imágenes. No hay distinciones entre imágenes y formas. Las formas son lo que hace que el arte sea arte.

–Justo la Historia del Arte juega un papel esencial en sus referencias iconográficas. En sus pinturas se encuentran alusiones evidentes a Velázquez, Caravaggio, Bernini o Giacometti, entre otros muchos. ¿Qué papel cree que le reserva la Historia del Arte a su trabajo?

–(Ríe) No lo sé.... En una buena pregunta, pero no creo que me corresponda a mí responderla. El tiempo dirá...

–En el tiempo se mantienen el erotismo y la violencia como algunos de los ejes de su obra. ¿Es para usted el arte un acto de amor o de muerte?

–Es cierto que algunos fragmentos pueden parecer violentos, pero creo que en el fondo no se trata de eso. Es algo más parecido al teatro o la ópera, una representación. Unas veces pintar es un acto de amor y otras veces, un acto de destrucción, pero en cualquier caso se trata siempre de un acto de proposición, de generosidad. Sí, crear es un acto de generosidad.

Un lenguaje propio

–La crítica considera que su trabajo a partir de finales de los años 70 fue clave para devolver el protagonismo a la pintura en el arte contemporáneo. ¿Qué cree que mantiene viva a la pintura desde las cuevas prehistóricas hasta hoy?

–La pregunta de por qué pintamos no tiene respuesta y tampoco creo que tenga mucha importancia ese porqué. Lo hacemos porque lo hacemos, como hacemos otras muchas cosas que no sabemos por qué las hacemos. Por otro lado, aún no sabemos qué fecha de caducidad tendrán el vídeo, la performance u otros medios de expresión artística. Para mí, la pintura tiene su propio lenguaje y el hecho de que surjan tecnologías o aplicaciones informáticas no creo que influya en ese cauce de expresión de la pintura. No creo que la tecnología aporte nada a la pintura, ni positivo ni negativo. La pintura siempre ha existido y no creo que la tecnología vaya a sustituir a la pintura.

–Lo que no ha sustituido en su obra es el ensamblaje de imágenes y técnicas. ¿Es la fragmentación el lenguaje que mejor define este siglo?

–Más que eso, creo que la fragmentación es mi manera personal de afrontar un cuadro, es mi vocabulario, de mi sintaxis. No estoy seguro de que tenga algo que ver con la sociedad actual o con el papel que el arte o mi propia obra pueden tener en esa sociedad. No aspiro a retratar mi momento histórico ni la sociedad actual, eso no me interesa. Se trata de algo más intimo... No soy tan ambicioso ni tan pretencioso como para pensar que una obra mía puede captar este momento histórico. No creo que el papel de mi obra sea el de retratar la sociedad actual. Hay otras obras más volcadas hacia el exterior, la mía no. La mía es algo más íntimo.

–Al hilo de ese intimismo, uno de los textos del catálogo que acompaña a la exposición del CAC Málaga, escrito por Francisco Calvo Serraller, habla de la importancia de la infancia, del sueño y de la locura en su obra. ¿Está de acuerdo con el diagnóstico?

–(Sonríe) Sí, es posible. Para mí es algo muy íntimo. No pienso en el espectador cuando pinto, sino en lograr mi propio código, mi propio lenguaje.

Su propio camino

–Uno de los lenguajes más reconocibles del arte lleva la firma de Pablo Ruiz Picasso. En su obra ‘This is the fun’ (2014-2015) se aprecian fragmentos de piezas del artista malagueño. Ya que estamos en su ciudad natal, ¿cómo es su relación con Picasso?

–Es interesante, porque la relación se ha ido haciendo más fuerte a medida que pasaban los años. Cuando estudiaba en la Escuela de Bellas Artes no se detuvieron demasiado en Picasso, supongo que sería fruto de la ignorancia, más que de ningún prejuicio. Supongo que cuando eres joven, cuando tienes 15 o 18 años, sólo te interesa lo nuevo, lo actual y además en muchas escuelas sólo se centran en las corrientes actuales. Después, cuando ya has transitado tu vida, miras más allá, tienes una mirada más amplia y caes en la cuenta de la importancia de esos autores. Quizá las Escuelas de Arte no son un lugar muy recomendable para un artista... (ríe).

–¿Ese fue su caso?

–No estoy seguro. Supongo que se trata de la manera en que cada cual afronta su vida. Es una etapa, normalmente la vives cuando eres joven y, bueno, está bien. Es un paso en la vida y no nos podemos saltar pasos, ni en el arte ni en la vida. No hay atajos en el arte. En la Historia existen muy pocos casos excepcionales de genios tempranos cuando son niños. Hay algunos casos en la música o en la literatura; pero muy, muy pocos en el arte. Por eso es necesario aprender y acudir a una escuela de arte puede ser un buen comienzo. Hay que andar el camino. Hacerse artista lleva su tiempo, es un viaje, un camino.

–¿Y ha encontrado ya el suyo?

–¡Vaya! No lo sé, pero estoy disfrutando mucho del proceso.