Diario Sur

Así es el mundo que conoció Cervantes

Así es el mundo que conoció Cervantes
/ Daniel Pérez
  • El fotógrafo José Manuel Navia sigue las huellas del escritor universal en la exposición 'Miguel de Cervantes o el deseo de vivir', que inaugura el Centro Cultural Provincial

Se ha acercado tanto a él, que Miguel de Cervantes le ha "abducido". Como un quijote contemporáneo, el fotógrafo José Manuel Navia ha recorrido durante dos años las localizaciones del universo cervantino; ciudades, ventas, caminos o mares donde Cervantes dejó su huella con su vida o con su obra. El resultado es 'Miguel de Cervantes o el deseo de vivir', una exposición que no pretende retratar el mundo que conoció el autor universal sino cómo es ese mundo hoy a través de la subjetiva y poética mirada de Navia. La muestra, organizada por Acción Cultural Española, el Instituto Cervantes y el Centro Generación del 27, estará hasta el 14 de octubre en el Centro Cultural Provincial María Victoria Atencia.

A través de 53 imágenes, Navia sigue los pasos del escritor, un hombre que vivió "como un ser absolutamente normal y como le vino". "La vida le fue llevando y la fue toreando como pudo", asegura. Todo, también la exposición, empieza en Alcalá de Henares, su ciudad natal, donde se educó entre "el rigor de un país obsesionado con la limpieza de sangre" (representado aquí con una instantánea de la Procesión del Cristo) y el divertimento infantil de los títeres (con imágenes de 'El retablo del maese Pedro' en la casa-museo del escritor). Un juego de contrastes entre dos mundos del siglo XVI trasladados al siglo XXI que dan una idea de lo que está por venir: no son fotografías históricas, son "radicalmente contemporáneas", pero con un discurso poético de trasfondo que se apoya en textos propios o tomados de autores como Albert Camus, Cernuda, Caballero Bonald y, por supuesto, Cervantes.

El periplo cervantino le llevará después al Madrid de su juventud, donde en la calle de Santa Isabel donde tuvo su domicilio se ve ahora a una chica tatuada en una cafetería, y después a Nápoles. En algunos casos, Navia acude con su cámara a lugares que probalemente pisó el escritor; en otros, captura el sitio exacto marcado por la historia. Y los contrapone. Sucede en el mar que fotografía en el Golfo de Corinto, donde luchó en la batalla de Lepanto, para a continuación mostrar la Isla de Ítaca -justo enfrente-, por donde probablemente pasó el día antes del enfrentamiento. "¡Y cómo no se iba a acordar de Homero!, él lo había estudiado". Por eso entre una y otra imagen, coloca a una sirena en títere que remite inmediatamente a Ulises y, por ende, al poeta griego.

Hay lugares, también rostros, individuos quijotescos que bien podrían haber salido de una novela del genial autor. Como el tipo que baila la danza de la muerte en Sicilia (a donde Cervantes fue a sanarse tras la batalla); Carmen, la hija del dueño de la venta de Inés, antes del Alcalde, en el Valle de Alcudia, por donde pasó; y Carmelo, un personaje de las calles sevillanas (donde Cervantes hizo su vida "más mundana". Entre medias, la exposición se detiene en su cautiverio en Argel, su nueva campaña en Túnez, su viaje a Portugal en busca de un trabajo como funcionario de la Corte y su matrimonio en La Mancha, en Esquivias, "en un vano intento de hidalguía rural".

Navia toma una imagen, desde la distancia, de la cripta del Convento de las Trinitarias en Madrid donde se dice que reposan los huesos de Cervantes. Pero su recorrido no termina aquí. Aún queda una parada más: Barcelona, el destino final del Quijote, a donde el hidalgo llega la Noche de San Juan para contemplar por primera y última vez el mar. Con los fuegos de esa madrugada de un 21 de junio de hoy, Navia despide su ruta cervantina.