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Sebastián Álvaro: «El lugar más peligroso del mundo es la cama, es donde más gente muere»

Sebastián Álvaro, en la imagen durante su ascensión al monte Scott, estará el jueves en el CAC.
Sebastián Álvaro, en la imagen durante su ascensión al monte Scott, estará el jueves en el CAC. / SUR
  • El periodista y creador de ‘Al filo de lo imposible’ confiesa que cada vez se adapta peor a esta sociedad «aburrida», el riesgo le llama. El aventurero explicará este jueves cómo es ‘Una vida al filo’ en el Aula de SUR

Su madre lo llamaba «meterse en líos» y a buena parte del mundo le parecerá una locura, pero para él es simplemente una forma de vida. Al límite, eso sí. Sebastián Álvaro (Madrid, 1950), periodista y creador del mítico programa de TVE ‘Al filo de lo imposible’, ha liderado y filmado más de 200 aventuras en los lugares más remotos del planeta, desde la ascensión de las catorce cumbres que superan los ocho mil metros hasta las travesías a los extremos de la Tierra. Horas de esfuerzo, sacrificio y riesgo extremo –a veces con resultados fatales– que compensan por «unos pocos instantes de plenitud». Mañana jueves explicará cómo es ‘Una vida al filo’ en una nueva cita del Aula de Cultura de SUR en el CAC Málaga. Él lo tiene claro: «El lugar más peligroso del mundo es la cama, es donde más gente muere. Mientras pueda, prefiero caminar por la montaña».

–Hace del riesgo su forma de vida, ¿por qué ese vivir al filo?

–Debería contestar a esa pregunta mi madre (ríe). Al parecer en los últimos tiempos se ha descubierto un gen, el DRD4 7R, que demuestra que hay gente que es más propicia a eso que me decía mi madre de meterse en líos. Pero yo creo que me hice aventurero leyendo de niño tebeos del ‘Capitán Trueno’ y los libros de exploraciones modernas, sobre todo las de finales del siglo XIX y principios del XX, una de las etapas más admirables y apasionantes de la Humanidad, cuando los hombres se dedicaron a llegar a los extremos de la Tierra.

–Acostumbrado a tantos viajes por mundos exóticos y alejados de todo, ¿consigue adaptarse después a la rutina que impone la civilización?

–Me adapto cada vez peor, porque la sociedad actual cada día es más previsible y más aburrida. Es una sociedad que ha desterrado los valores tradicionales de la vida cotidiana. Probablemente, cualquier explorador del siglo XIX o del siglo XX no aguantaría tampoco vivir entre nosotros mucho tiempo. Cuando vengo y estoy unos meses en casa, enseguida quiero partir y salir de aventura a tierras desconocidas y exóticas, compartir con amigos y compañeros instantes emocionantes. Hay sacrificio, esfuerzo y no siempre salen bien las cosas, y todo para conseguir unos pocos instantes de plenitud. Podría parecer que no merece la pena, pero esos pocos instantes son los que dan sentido a una vida de aventura.

–¿Y nunca se ha planteado quedarse en uno de esos lugares exóticos?

–¡Si es que los últimos 30 años de mi vida he estado más tiempo allí que aquí! Cuando hacía ‘Al filo’ llegaba a estar diez meses fuera de España. He llevado una vida apasionada y emocionante, no siempre sencilla y alegre, también con tristezas y con amarguras, pero siempre me mereció la pena. No digo que mi vida sea recomendable, y no seré yo quien la recomiende a nadie, ni a la gente que más quiero, pero yo no la cambiaría. Lo que no quiere decir que volvería a hacer todo lo que hecho.

–¿Por qué no?

–Porque he tomado decisiones equivocadas y porque confías en gente en las que no tenías que haber confiado. Es un tipo de vida llena de incertidumbres y riesgos...

–Vivir al filo es una manera de ponerse a prueba uno mismo. ¿Se ha sorprendido de su resistencia o ha descubierto ciertas debilidades?

–Todas las ansias de conocer el mundo que nos rodea, en definitiva, tiene la finalidad de conocernos a nosotros mismos, y eso es una tarea que dura toda la vida y nunca se termina. Conoces mucho mejor a una persona en una expedición de un mes que trabajando con ella en Madrid diez años. Para lo bueno y lo malo, porque en situaciones límites surge lo mejor y lo peor del ser humano. A mí la aventura me ha aportado mucho, y me ha hecho mejor persona. Puedo decir que ha sido una vida plena, aunque no exenta de amargura, porque he perdido a 26 amigos cercanos en los últimos 30 años. Sobre todo, me ha enseñado lo frágil y lo vulnerable que es el ser humano a pesar de nuestra tecnología.

Miedos

–¿Le ha enseñado también a perder el miedo a la muerte?

–No tenemos un miedo, tenemos miedos a muchas cosas y el miedo a la muerte es intrínseco al ser humano. Pero a medida que cumples años, el proceso de envejecimiento te enseña a convivir con esa idea de que vamos a morir.

–Usted se la ha jugado muchas veces...

–Es que vivir con miedo y no atreverse a arriesgar por una pretendida seguridad no tiene ningún sentido. El riesgo cero no existe. Vamos a morir todos, hasta los que se quedan en casa. En definitiva, el lugar más peligroso del mundo es la cama, es el lugar donde más gente muere. Mientras pueda, prefiero caminar por la montaña.

–En la juventud nos creemos inmortales. ¿Con la edad hay más miedos?

–Lo que ocurre con la edad es que pierdes fuerzas pero ganas en conocimiento. A medida que haces más expediciones, sabes gestionar mejor el riesgo. En eso consiste la vida. Más de la mitad de mi vida ha sido tomar decisiones que tenían que ver con la posibilidad de vivir o morir, no solamente yo sino mis compañeros. En ese aspecto, cuando he tenido algún accidente dentro de mis grupos los he vivido como fracasos personales.

–¿Echa de menos el programa ‘Al filo de lo imposible’?

–Echo de menos la vida que tuve hasta que me despidieron de la tele, pero mi vida continúa exactamente igual. Hago radio junto a José Ramón de la Morena, escribo en ‘Marca’ y en estos últimos años he hecho 20 expediciones. Sigo muy activo. No hay que darles más vueltas al hecho de que ‘Al filo’ se lo quiso cargar definitivamente la gente que decidió desmantelar la televisión pública. Creo que ha sido una pérdida importante para los ciudadanos y para TVE, que cada vez está peor de audiencia. Pero mi vida sigue.

–¿Su próxima expedición?

–Creo que nos iremos en breve a la Antártida, sería mi quinta vez.