Diario Sur

El Museo de la Aduana se abre a la ciudad

La reforma del palacio de la Aduana ha durado siete años y en ella se han invertido casi 40 millones de euros
La reforma del palacio de la Aduana ha durado siete años y en ella se han invertido casi 40 millones de euros / Álvaro Cabrera
  • En unos días comenzarán las visitas de distintos colectivos al museo, cuya inauguración está prevista antes de diciembre

  • La Junta ha puesto en marcha los concursos necesarios para la apertura del museo, pero no concreta ni el personal ni la inversión

Uno de los cuentos más breves, enigmáticos y populares tiene apenas siete palabras. Lo firmó el guatemalteco Augusto Monterroso y dice así: «Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí». Y cuando la ciudad despertó al frenesí de inaugurar nuevos museos más o menos pertinentes, reflexionados y subcontratados, el Museo de Málaga ya estaba allí. Sólo que sus amplias colecciones estaban metidas en cajas a la espera de destino. Así han permanecido dos décadas y ahora quedan dos meses para que vean la luz al final de ese largo túnel.

La Junta de Andalucía mantiene la apertura del Museo de Málaga en el palacio de la Aduana para antes de diciembre. Y será muy complicado que a corto y medio plazo se inaugure en España una infraestructura cultural con semejante carta de presentación, casi 40 millones de euros de inversión; una sede de 18.402 metros cuadrados construidos y unos fondos que superan las 15.000 piezas arqueológicas y las 2.000 referencias en su sección de Bellas Artes.

En una conversación con SUR, la consejera de Cultura, Rosa Aguilar, reitera el compromiso de inaugurar el museo de la Aduana en los próximos dos meses y anuncia que en apenas unos días abrirán el palacio para que diversos colectivos conozcan de primera mano el proyecto. «A mediados de septiembre van a comenzar las visitas. Las vamos a iniciar con las distintas asociaciones que recogen a las personas que formaron parte de la plataforma La Aduana para Málaga y con los representantes de la Academia de San Telmo», aporta la consejera.

Aguilar esgrime que los siguientes recorridos serán con agentes del sector turístico y empresarial. «También contaremos con la Universidad y con los colegios profesionales que tienen relación directa con los museos, así como los pequeños y medianos empresarios que hay en el entorno del museo», acota.

Después dos décadas de espera y de una ambiciosa rehabilitación prolongada durante más de siete años, Aguilar remacha que el regreso del museo provincial a la vida cultural enfila su recta final. «Tenemos en marcha todos los contratos necesarios para la apertura. En este sentido, la museografía también está prácticamente terminada y estamos haciendo lo que es necesario para preparar bien el museo, con una limpieza a fondo para que esté en las mejores condiciones cuando se abra. Hablamos de 18.000 metros de museo... Así que hemos empezado con tiempo», prosigue la consejera de Cultura.

Definir la plantilla

Aguilar se resiste, no obstante, a dar detalles sobre otros aspectos relacionados con la puesta en marcha del equipamiento, como la inversión necesaria, el personal previsto o la propia fecha de la inauguración. «Ya dije que sería en otoño, que no sería en diciembre», reitera la consejera. En cuanto a la plantilla necesaria para afrontar el funcionamiento del Museo de Málaga (uno de los mayores de España en extensión y colección), Aguilar ofrece: «Estamos cerrando la RPT con el museo y con la secretaría general técnica de la Consejería».

La RPT es el documento donde una entidad define y detalla su relación de puestos de trabajo (RPT). En el caso del Museo de Málaga, el proceso consiste en que la Consejería de Cultura diga a la de Hacienda (encargada de gestionar los recursos humanos de la administración andaluza) qué personal requiere para poner en marcha el museo. Fuentes consultadas por SUR han explicado que se trata de un procedimiento administrativo laborioso y complejo, ya que puede plantear nuevos puestos y redefinir las condiciones de los ya existentes (en cuanto a retribución, dedicación...), tanto en lo relativo a los funcionarios como al personal laboral.

En este sentido, la consejera prefiere no adelantar si la Junta abrirá procesos de selección para contratar más personal para el museo: «Hasta que no esté acotado, teniendo en cuenta la realidad social que viven muchísimas personas, no voy a crear expectativas falsas. Ese es un tema que tiene un perfil claramente humano y no se pueden generar expectativas, teniendo en cuenta que en el museo también habrá personal funcionario».

También tira de «prudencia» la consejera a la hora de hablar de inversiones: «Tenemos cálculos de lo que va a significar el funcionamiento del museo. Estamos en un momento especialmente importante, pero todavía no concreto. Cuando todos los contratos estén adjudicados y tengamos cerrada la RPT, lo sabremos. Trabajamos con previsiones, pero no voy a dar una cantidad que luego no responda a la realidad. Estamos hablando de 18.000 metros cuadrados de museo, de un museo muy importante, y los gastos son importantes también. En ello estamos. Cuando abramos las puertas el presupuesto estará convenientemente garantizado».

Camina la consejera con pies de plomo en el tramo final del esperado regreso del museo de la Aduana. Por sus salas pasarán en unos días representantes de la desaparecida plataforma La Aduana para Málaga, así como miembros de la Academia de Bellas Artes de San Telmo, que tendrá allí su sede estable. «Cuando nuestra Academia entre en la Aduana, de alguna forma ‘vuelve a casa’, en tanto, volverá a estar rodeada de sus cosas, de sus cuadros, de sus libros, etc…», acaricia el presidente de la Academia, José Manuel Cabra de Luna.

«La Real Academia de Bellas Artes de San Telmo tuvo mucho que ver, desde el principio, con el museo. Luchó por su creación y cedió sus obras para el mismo cuando éste se aperturó. Por ello, puede decirse que el origen de la colección pictórica es académico», reivindica Cabra de Luna, antes de acotar: «La colección arqueológica es de singular importancia pero la pictórica es especialmente significativa y abarca todo el XIX, el XX y lo que va de XXI. Es muy importante señalar que la pintura local, desde la segunda mitad del siglo XX hasta hoy, está bien representada y, a mi juicio, ahí se tendrá que seguir incidiendo».

Un edificio imponente

«El Museo de Málaga –prosigue Cabra de Luna–, por el extraordinario edificio en el que se ubica, por la rehabilitación y adaptación que del mismo se ha hecho y, sobre todo, por su colección pictórica y arqueológica, está llamado a ser el ‘buque insignia’ de la oferta museística de Málaga y su provincia. La Aduana es un edificio de imponente presencia y de una gran calidad arquitectónica, el edificio más importante de la ciudad en el ámbito civil».

Y la batalla para ganar esa imponente casa se libró en las aceras bajo el lema ‘La Aduana para Málaga’. Fue el santo y seña del movimiento ciudadano que logró el compromiso político de convertir un edificio histórico, empleado como sede de la Subdelegación del Gobierno y Comisaría, en hogar del museo. Las piezas arqueológicos habían salido de la Alcazaba en 1996 y, año después, los cuadros del Bellas Artes desalojaban el Palacio de Buenavista para dejar sitio al Museo Picasso.

«Lo más importante que hicimos fue que el Museo de Málaga siguiera existiendo, que no pasara al olvido. Además rompimos el maniqueísmo que se estaba instalando, Museo de Málaga frente a Museo Picasso, conseguimos que se defendieran los dos», rememora Mariluz Reguero, portavoz de la Comisión La Aduana para Málaga que catalizó aquel impulso.

«Era un clamor en toda España la actividad reivindicativa de la ciudadanía malagueña defendiendo su museo. Recuerdo cómo era comentario en los jurados de artes plásticas, en los conferenciantes que venían ansiosos por saber cómo iba la lucha», acota Reguero, que ahora forma parte de la Fundación Aduana Museo de Málaga que recogió parte de aquel impulso cívico.

De aquella comisión ciudadana surgió también la Asociación de Amigos del Museo de Málaga. «Al día de hoy la asociación cuenta con cerca de 900 socios que están expectantes por poder disfrutar de los fondos del museo en todo su esplendor, pues en estos años sólo han podido verlos descontextualizados en los almacenes y en algunas exposiciones temporales», defiende el presidente de la asociación, Rafael Martínez Madrid, quien remacha: «Ya es hora de que los ciudadanos puedan acceder al que es el principal museo de la provincia, porque recogerá los elementos de cultura material y obras de arte más cercanas a los ciudadanos, pues corresponden a su propio pasado».

Guiño al turismo

En las primeras visitas concertadas, la Junta también quiere hacer un guiño al sector turístico, que lo recibe con entusiasmo. «Este museo será sin duda un beneficio para el turismo cultural. Si vemos los números de la repercusión que han tenido los otros museos en Málaga nos preguntamos por qué no se ha abierto antes. Nos cuesta entender que se haya tardado tanto, aunque llegados a este punto tiene nuestro más amplio apoyo. Se trata de una oferta complementaria que aporta a Málaga lo que venimos demandado desde hace mucho tiempo: productos de calidad», argumenta el presidente de la Asociación de Empresarios Hoteleros de la Costa del Sol (Aehcos), Luis Callejón.

Ahora, el Museo de Málaga surge como guinda urbana en la remozada calle Alcazabilla, abrochando el paseo desde el Puerto hacia la Alcazaba, el Teatro Romano, el Museo Picasso y el entorno de la Catedral. Pero no siempre fue así. «Cuando llegamos aquí pasaban muchos coches, la calle estaba mal iluminada y por la noche no había un alma... Ahora es una de las más concurridas de la ciudad», recuerda el cocinero Willie Orellana, artífice del restaurante Uvedoble, ubicado en la calle Cister, a sólo unos metros del palacio de la Aduana.

«Con la apertura del museo esperamos un aumento de la clientela, sobre todo foránea. El cliente que busca cultura suele buscar una gastronomía más exigente y elaborada. Cada vez tenemos más clientes de este tipo, que prácticamente llenan el local a primera hora de la mañana y de la tarde. Suelen ser educados, agradables y que se dejan aconsejar. A menudo acuden antes o después de visitar el Museo Picasso y confiamos en que esa situación se repita ahora con el museo de la Aduana», desea Orellana, que hace poco más de un año amplió las instalaciones de Uvedoble mudándose sin salir de la misma calle.

En noviembre, Uvedoble cumplirá siete años. Y cuando aquel sueño cuajó, el Museo de Málaga ya estaba allí.