Diario Sur

El Quijote que surgió del frío

Kaji Kavsadze y Mamuka Kikaleishvili dan vida a Don Quijote y Sancho Panza, respectivamente.
Kaji Kavsadze y Mamuka Kikaleishvili dan vida a Don Quijote y Sancho Panza, respectivamente. / SUR
  • Tres décadas después de su rodaje, la única coproducción hispano-rusa sobre el inmortal personaje de Cervantes que superó el telón de acero continúa inédita en España

  • El productor afincado en Benalmádena se propone estrenar ahora la serie, a la que llegó por mediación del campeón del mundo de ajedrez Anatoli Kárpov

No hay bobinas de cine en las repisas ni carteles en las paredes. Pero el despacho en Benalmádena de Miguel Sánchez-Infante le delata. Los títulos empresariales se mezclan con otros menos prosaicos que anuncian a un caballero cervantino. Los dos hablan de este singular productor, emprendedor y promotor inmobiliario que llegó al cine por amistad. La primera vez lo hizo animado por Silvia Tortosa con un título que muchos recordarán de la época final del destape: ‘La señora’. Y la segunda –y última hasta el momento– por su amigo y campeón del mundo de ajedrez Anatoli Kárpov, que le habló de la serie rusa que estaba rodando la televisión pública soviética, Gosteleradio, sobre la figura inmortal del Quijote. «Buscaban un coproductor español y de pronto me vi viajando a Georgia para firmar los contratos», explica el toledano Sánchez-Infante al recordar su participación en ‘La vida de Don Quijote y Sancho Panza’ (1989), un título que nadie recordará haber visto. Y es que pese a los 2.000 millones de pesetas de inversión –12 millones de euros al cambio actual–, esta superproducción continúa inédita. O casi.

«La película llevaba cuatro años de rodaje en Tblisi (Georgia) y, a última hora, TVE decidió apearse del proyecto», explica el productor que vio como el cambio de criterio de la cadena pública llevaría aquel proyecto hasta su despacho. Y todo por una jugada del destino. El realizador georgiano Rezaz Chjeidze volaba a Madrid para solucionar los problemas de la coproducción y en el asiento de al lado viajaba Kárpov. Un viaje de varias horas que permitió que ambos desconocidos dejaran de serlo. Y cuando el cineasta le contó al ajedrecista el callejón sin salida en el que se encontraba la serie de televisión, el campeón le dio la pieza para salir de aquel jaque mate: «Esto te lo soluciona mi amigo Miguel». «Yal día siguiente allí estaba Miguel desayunando con el director y llegando a un acuerdo para el rodaje en España», confiesa con una sonrisa Sánchez-Infante, que compartía con Kárpov amistad y debilidad por el ajedrez. «Me gusta pero no soy buen jugador», admite Sánchez-Infante, que invirtió 50 millones de la época en aquella filmación. «No gané nada, pero tampoco perdí mucho», confiesa el productor que no se imaginaba la aventura que iba a ser aquella filmación en plena guerra fría.

Para redondear la historia, el cineasta Rezaz Chjeidze había formado parte del soviet supremo ruso, un detalle que no pasó desapercibido para las autoridades españolas. «Vinieron a verme a mi despecho los del CESID de la época para preguntarme por él y por otros miembros del equipo, por si el camión en el que habían traído el caballo y el burro para la película contenía algo más... y al final acabaron proponiéndome que me llevara una cámara en mis viajes a Moscú y espiara para ellos», señala con una sonrisa Miguel Sánchez-Infante que jamás pensó que este Quijote ruso le acabaría proporcionando una invitación para un papel de James Bond. Una propuesta que, cortésmente y con ironía, rechazó: «Les dije que ya trabajaba para la CIA y la KGB y que no podía aceptar más encargos».

Y es que el productor fue un pionero en España en romper aquel telón de acero que en los ochenta estaba en plena vigencia. Precisamente, el origen soviético fue una de las razones por las que TVE dio un paso atrás en la producción. La otra razón fue el planteamiento «vanguardista» del cineasta Rezaz Chjeidze, «aunque vista hoy día la serie no parece tan atrevida», especifica Sánchez-Infante, que encontró la complicidad de la entonces joven cadena autonómica vasca ETB, que participó en el rodaje en España en 1987.

La televisión de Euskadi vio en aquel Quijote ruso una oportunidad de dar el salto a producciones internacionales, pero el origen georgiano abría además otra conexión. «Según la teoría del profesor Quintana, el País Vasco y Georgia eran pueblos hermanos y sus idiomas comparten más de 2.000 palabras... yo me quedé sorprendido cuando encontré una academia de euskera en Tblisi», rememora el productor que, pese a manejar un proyecto audiovisual profundamente manchego, logró vender los derechos de antena a la ETB.

No obstante, en el resto de España jamás ha sido emitida. «Y eso que fue un gran éxito en la televisión rusa y participó en el Festival de Montecarlo», señala el productor toledano, que recuerda que otro de los atractivos de la cinta es la presencia de Paloma Botín en el papel de la bella Dorotea. «Por una vez, una Botín va a ser actriz», recuerda Sánchez-Infante que le dijo su padre, el banquero Emilio Botín, que consintió que su hija formara parte del reparto al tratarse de una adaptación de un clásico como el Quijote.

Todas esas historias encerradas en este desconocido rodaje darían para un entretenido y revelador documental. Un proyecto que acaricia el propio productor español, aunque antes quiere hacer realidad otro sueño quijotesco que lleva esperando casi tres décadas: «Emitir la serie en las televisiones nacionales ahora que se cumple el cuarto centenario de la muerte de Cervantes». Un deseo que parece que va a hacer realidad. Varias cadenas y alguna plataforma digital ya se han interesado por proyectar este Quijote que no surgió en algún lugar de la Mancha, sino que llegó del frío.