Diario Sur

Genalguacil se retrata en el arte contemporáneo

Los artistas seleccionados en esta edición de los Encuentros de Arte han posado para él
Los artistas seleccionados en esta edición de los Encuentros de Arte han posado para él / SUR
  • El pequeño municipio consolida el salto de calidad de sus Encuentros de Arte en la edición que ahora cruza su ecuador

  • La cita se abre al arte sonoro y al vídeo en proyectos que miran a la historia y al entorno natural de la localidad ubicada en el corazón del Valle del Genal

Un gallo anuncia casi en punto el mediodía cuando el termómetro del coche marca los 34 grados a la sombra y fuera da la bienvenida un rumor de chicharras que han dejado atrás su crisálida de celulosa pálida. Algunas de esas vainas están metidas en una bolsa de plástico transparente precintada con dos tiras de cinta de carrocero. Las han recogido junto al río Luz Prado y Elsa Paricio, cuya voz, como la piel mudada por las chicharras, parece siempre a punto de quebrarse. «En todas partes veo el mar», piensa en voz alta. Sólo que el mar espera a una hora de camino en coche. O quizá no. Quizá el mar esté en la mirada de Elsa, en las copas verdes de los árboles como la espuma en la orilla, en la brisa que apenas asoma de tarde en tarde, en el trozo de chumbera comida por un insecto que parece un coral blanquecino y que ellas también han recogido en busca de materiales para su proyecto, que está en sus cabezas y ahora tiene que salir, como las chicharras al mudar la piel.

Elsa Paricio y Luz Prado preparan el proyecto más inasible, por ahora, de los Encuentros de Arte de Genalguacil que este fin de semana cruzan el ecuador de su decimotercera edición. Y a la luz de los diez proyectos en curso, la bienal consolida el salto de calidad visto en 2014. El pequeño municipio malagueño mira a las tendencias más actuales de la creación contemporánea y ofrece sugerentes novedades este año, como la inclusión de proyectos de arte sonoro. Elsa y Luz firman uno de ellos. «Es una propuesta basada en la escucha. La primera fase de escuchar es andar, realizar grabaciones de campo para ver qué lugares resuenan y a partir de ahí, intentamos ser intérpretes de esos sonidos», sigue Elsa Paricio, que dará forma física a través de piedras, hojas y papeles a los sonidos que Luz hará brotar de su violín.

Los columpios líquidos de Pablo Capitán.

Los columpios líquidos de Pablo Capitán. / SUR

Fito Conesa también pensó en instrumentos de cuerda. Después en un piano. Y al final se decantó por el acordeón para su ‘Nocturno de Genalguacil’, la pieza que sonará en la madrugada de los últimos días del encuentro. Fito Conesa trabaja en un aula de la primera planta del colegio, rodeado de tablas, estadísticas y anotaciones puestas en la pared componiendo un panel que recuerda al que gastan los policías de las películas que investigan un caso complejo.

«A partir de los últimos cien años del pueblo tomo cien compases. Luego cojo fechas, datos, y los traduzco a lenguaje musical», explica Conesa, mientras barrunta que su composición terminará en decrescendo, porque sus últimos acordes tomarán como referencia el padrón municipal, que ha ido menguando en la última década hasta dejar la población autóctona (oficial) por debajo de los 500 habitantes.

Junto a estas estadísticas, otros rótulos: ‘Incendio 21/5/98’, ‘Última muerte 16/7/2016’. Y al lado, entre corchetes, un verbo [insistir] para recordar a Conesa el momento álgido que allí espera. Como espera, insiste y atiende el artista Fernando Bayona, coordinador y psicólogo-intendente-cicerone–pacificador-fotógrafo-confesor en los Encuentros de Arte desde 2014. Bayona, ubicuo estos días en Genalguacil, artífice del cambio de rumbo en la cita estival junto al alcalde del municipio, Miguel Ángel Herrera, cuya cabeza ya está pintada en el retrato colectivo de Anthony Stark.

Stark pinta a pecho descubierto en otra sala del colegio. «He decidido retratar a los artistas que participan en el encuentro como forma de dar a los creadores en protagonismo que creo que merecemos y que estamos perdiendo en el tinglado del arte. En el pasado sólo la nobleza podía permitirse el lujo de ser retratada, por eso lo planteo como un retrato de Familia Real», esboza Stark.

Esbozos que van tomando forma en el aula contigua. Jesús Zurita toma el lapicero y comenta: «Siempre he sido muy narrativo, ya sea en pinturas, dibujos o murales y ahora quería imponer la estructura del cómic para contar una historia». ¿Qué historia? La de una herida hacia la que se dirige el paisaje. Zurita mira la cara de póquer de su interlocutor. Sonríe y ofrece: «Mira». Sobre el papel, una figura fantasmagórica degüella a otra y, de la esquina opuesta, emerge una masa en dirección a la escena de crimen. Y sí. Ahí está la naturaleza, pidiendo sangre.

El entorno natural de Genalguacil ocupa un papel protagonista en buena parte de los proyectos reunidos en la decimotercera edición de los Encuentros de Arte. Fernando M. Romero toma especies vegetales autóctonas y las convierte en un teatro de sombras chinescas: «Me interesa jugar con el concepto de lo exótico de los viajeros románticos».

Y un «neorromántico» se considera Juan del Junco, emboscado en plena naturaleza. Hoy se ha echado al monte a las seis y media de la mañana y lo ha logrado: ha visto a la oropéndola que lleva escuchando desde hace días. «Mientras la busco voy encontrando otras vías. Para mí este proyecto es como una metáfora del arte y de la propia idea del artista. Se trata de un acto de fe, de salir en busca de algo que no ves, pero que sabes que está ahí», comparte el artista jerezano.

Juan del Junco, oculto tras sus prismáticos en el retrato coral de Anthony Stark, que sugirió a sus compañeros posar desnudos para el cuadro y ninguno se animó. «Bueno, Isidro ha dicho que él sí posa desnudo, tendido delante del grupo», desliza Stark con una media sonrisa... Isidro es Isidro López-Aparicio, referente indispensable en la creación visual andaluza contemporánea, investigador y lúcida cabeza pensante sobre las relaciones entre arte, sociedad y política.

Sombras vanas de Fernando F. Romero.

Sombras vanas de Fernando F. Romero. / SUR

Sonríe López-Aparicio cuando escucha los planes de Stark para su cuadro y habla de otro ‘streaptease’, este emocional, que tiene que ver con la memoria de Genalguacil: «He querido plantear un proyecto que permitiera que la intimidad del pueblo, lo que no se ve, se vea». Con esa premisa, visita las casas de los vecinos, se sienta con ellos, charla con ellos y descubre las historias que guardan algunos de sus objetos cotidianos. El proceso de documenta en vídeo y algunos, además, entregan esos enseres para una futura intervención artística.

«Llegar a un sitio y querer que cualquier persona te abra su casa, su vida cotidiana, sin ninguna labor de intermediación, me parece una osadía del mundo del arte cuando pretende ser social», suelta López-Aparicio, que acaba de clausurar una muestra en el Artium de Vitoria titulada, justo, ‘La memoria de los objetos’. Ahora López-Aparicio quiere «elaborar un retrato realista de Genalguacil». Otro retrato, como el de Stark. «Conseguimos que la memoria individual se convierta en memoria colectiva», sigue López-Aparicio, que fuera presidente del Instituto por la Paz de la Universidad de Granada donde es profesor.

Habla López-Aparicio de la memoria de Genalguacil cuando casi resuena el eco de su futuro. En la Calle Real, entre el edificio de usos múltiples y el consultorio médico, medio centenar de niños se afanan en el taller de pulseras. Es una de las múltiples actividades que nutren el programa de los Encuentros de Arte, cuya decimotercera edición concluirá el próximo día 14 después de dos intensas semanas de creación y convivencia.

Marian Pérez (10 años) ha elegido el azul para su pulsera porque es su color favorito y mientras hilvana los hilos cuenta que ella vive en Barcelona, pero que su abuelo y su bisabuelo eran de Genalguacil y la familia ha conservado aquí una casa. Fran Holgado (12 años) y Marta Navarro (11 años) vienen desde Estepona, él ha escogido el rojo y el negro y ella, el rosa.

Isidro López-Aparicio desarrolla 'Memorias del Genalguacil'.

Isidro López-Aparicio desarrolla 'Memorias del Genalguacil'. / SUR

Juegos infantiles se trae entre manos Miguel Ángel Moreno Carretero. Diez balones de fútbol modelados en cerámica. Unos parecen intactos; otros, reventados, desinflados o rotos. Cada uno quedará en un lugar de Genalguacil que escogerán los vecinos del pueblo. En especial, los niños. «El proceso de localizarlos va a ser participativo. Quiero implicar a los habitantes del municipio en el proyecto, que juega con el imaginario popular y con los primeros desencantos, como cuando perdías un balón de niño porque había acabado en un tejado», ofrece Moreno Carretero con las manos en la masa de arcilla.

También a mano, una a una, coloca Lola Guerrera las hojas secas que compondrán su instalación sobre la Vía Láctea. «Trabajo desde hace dos años en un proyecto sobre lo vulnerable a partir de esculturas efímeras con elementos naturales que vemos nacer y morir y que tratan de representar un espacio inabarcable», esgrime Guerrera entre los pequeños plomos y los hilos de pescar que dan forma a su delicada galaxia.

Más recia de aspecto, pero igual de sutil la pieza de Pablo Capitán. Una estructura de hierro sobre la que verterá resina transparente. El líquido, al secarse, «creará un aspecto de espejo y, al mismo tiempo, de transparencia», avanza el autor desde uno de los miradores de la cooperativa, convertida en estudio compartido con Luz Prado y Elsa Paricio, cuyo hilo de voz sigue a punto de romperse mientras contempla la inmensidad verde del valle y concluye: «Este no es un lugar al que se va; es un lugar al que se llega» .

Y no puede tener más razón.